lorenacordero.com

Fine Art Galleries: Your Majesty The Queen

Your Majesty the Queen is a series that came up to life after two years of grief due the loss of my mother to cancer. I was very close to her specially during the time of the illness up to the point of becoming her mother. When she left I felt devastated. Darkness and deep pain wouldn´t let me see the light and joy of life for a long period. 

Somehow during those two years I buried my camera with her. Everything seemed to me already said, shown, portrayed. I felt as if numbness was growing in me as a big monster that was shadowing my light. 

Time went by and the need of survival and coming back to life arose little by little. At an exhibition I went in Paris about Cleopatra, I felt the connection with the essence and the beauty of a portrait. I thought how each painter had imagined her and then created their own version of this magnificent empress. And then I felt the connection with her story and power. I could feel again; I could feel more than extreme sadness. Something very important and deep was moving within me. 

I started to dig into different leaders’ lives through history, I could identify with so many aspects and fights these warriors had to make. I decided I had to portray them. Why leaders? Why Your Majesty the Queen? Well, just because a governor has to be standing no matter what. Too many decisions depend on him/her. There is an implication of presence in a ruler’s life. That is what I needed, to be present again. I had to go through them and bring my models along. It was a profound, personal and intense work. So every photograph I made, choosing about twenty-five female leaders was a tribute to my mother, and a healing to myself. I created more than a hundred images that led me to a self-confrontation and acceptance of what I was going through. 

It is obvious to me that emotions are essential in a portrait. Mine, the model’s and the public’s. It is what I would call, the mirror effect: I see me in you, you see yourself back in me and the public sees him or herself in the image. Pain is a tremendous master. 

I've written a good bye letter in the name of each of these queens that you can read at the end of each series. 

 

Su Majestad la Reina es una serie que cobró vida después de dos años de dolor debido a la pérdida de mi madre por cáncer. Estuve muy cerca de ella especialmente durante el tiempo de la enfermedad hasta el punto de convertirme en su madre. Cuando ella se fue, me sentí devastada. La oscuridad y el dolor profundo no me dejaban ver la luz y la alegría de la vida durante un largo tiempo. 

De alguna manera durante esos dos años enterré mi cámara con ella. Todo me parecía ya dicho, mostrado, retratado. Sentía como si el entumecimiento estuviera creciendo en mí como un gran monstruo que estaba ocultando mi luz. 

Pasó el tiempo y la necesidad de sobrevivir y volver a la vida surgió poco a poco. En una exposición que visité en París sobre Cleopatra, sentí la conexión con la esencia y la belleza de un retrato. Pensé en cómo cada pintor la había imaginado y luego creó su propia versión de esta magnífica emperatriz. Y luego sentí la conexión con su historia y poder. Podía sentir de nuevo, podía sentir algo más que tristeza extrema. Algo muy importante y profundo se estaba moviendo dentro de mí. 

Empecé a investigar sobre las vidas de diferentes líderes a través de la historia, pude identificarme con tantos aspectos y batallas que estas guerreras tuvieron que hacer. Decidí que tenía que retratarlas. Por qué líderes? ¿Por qué Su Majestad la Reina? Bueno, solo porque un gobernador tiene que estar parado sin importar qué. Demasiadas decisiones dependen de él / ella. Hay una implicación de presencia en la vida de un gobernante. Eso es lo que necesitaba, estar presente de nuevo. Tenía que atravesarlas y traer a mis modelos conmigo. Fue un trabajo profundo, personal e intenso. Escogí veinticinco mujeres líderes a quien fotografiar. Así que cada fotografía que hice, fue un tributo a mi madre, y una sanación para mí. Creé más de cien imágenes que me llevaron a una auto confrontación y aceptación de lo que me estaba pasando. 

 Es obvio para mí que las emociones son esenciales en un retrato. Las mías, las del modelo y las del público. Es lo que yo llamaría, el efecto espejo: me veo en ti, te ves en mí y el público se ve a sí mismo en la imagen. 

El dolor es un gran maestro. 

He escrito una carta de despedida en nombre de cada una de estas reinas. Las pueden leer al final de cada serie de su respectivo personaje. 

  • (Claudia Vaca Rengifo)
  • (Claudia Vaca Rengifo)
  • (Claudia Vaca Rengifo)
  • (Claudia Vaca Rengifo)
  • (Claudia Vaca Rengifo)
  •                                                                  12 de abril de 1555 Me llamo Juana. Nací el 6 de noviembre de 1479 en Toledo. Desde pequeña, las personas a mi alrededor trataron de moldearme. La educación que recibí fue como infanta e improbable heredera al trono, fundamentada en la  obediencia más que en la gobernanza. Estudié comportamiento religioso, urbanidad y modales, propios de la corte. Además, aprendí danza, música, e idiomas como el francés y el latín. Fui la vergüenza de mi madre ya que nunca creí en la religión y los ritos cristianos. ¡Cómo era posible que la hija de los reyes católicos no creyera en la religión! Mi madre trató de mantener esto en secreto.Como era costumbre, desde niña habían decidido quien sería mi marido, en mi caso fue el archiduque de Austria, Felipe.A mis 17 años, en agosto de 1496, partí para conocer a mi prometido. Fuimos en 19 flotas hacía  Flandes. Mi madre y mis hermanos fueron a despedirme. La tripulación estaba conformada por 3500 hombres, además, se habían unido 60 navíos más que llevaban lana exportada de Castilla, mis padres querían impresionar. Era muy importante que el emperador Maximiliano esté de nuestro lado y no de Francia. Fue la misión de paz más grande, un montaje impresionante.  En el camino uno de los barcos que llevaba 700 hombres, mis vestimentas y objetos personales se atascó en arena y piedras. Tuvimos que  abandonarlo.Felipe no fue a recibirme. Aparentemente el emperador Maximiliano aún tenía dudas de unirse a los reyes católicos, sin embargo finalmente conocí a mi prometido. Nos vimos y nos enamoramos profundamente. La boda sería en octubre. El 24 de noviembre de 1498, nació Leonor, nuestra primera  hija. No sabía porque sentía que Felipe había perdido interés en mí. Sentía que debía estar siempre cerca y vigilante. Me sentía sola e insegura.En 1500 nació mi hijo Carlos, en los lavabos del palacio, en medio de una fiesta a la cual sentí la necesidad de ir ya que mi marido estaría ahí. Fue muy duro. Tengo la imagen tan vívida, sangre por todo lado, un dolor abominable, y la música de la fiesta, las voces gritonas que se divertían, mientras yo sentía que moría.Poco tiempo después sucedió algo inesperado. Murieron mis dos hermanos mayores, Juan e Isabel, su hijo  también. Me acababa de convertir en la heredera de Castilla y Aragón.Pasaron varios años, en 1504, mi madre falleció. En el testamente había expresado su deseo de que yo sea reina mientras que mi amado Felipe sería rey consorte, es decir que ninguna  decisión sería tomada por él. También dijo que  si no estaba yo, sería mi padre quien tomaría cualquier decisión. Mi madre temía los alcances de Felipe y que haya quierido acaparar Castilla junto con los Habsburgo. Al encontrarnos en Bruselas en donde nació María, nuestra quinta hija, mi padre se convirtió en el rey de Castilla.Felipe jamás daría su brazo a torcer, un año más tarde en la Concordia de Salamanca acordamos que gobernaríamos los tres, mi padre Fernando, Felipe y yo. Al llegar al territorio peninsular Felipe y yo fuimos proclamados reyes propietarios.Dicen que estoy loca. La gente habla. Mi marido, quien fue conocido como Felipe el hermoso, tenía amantes. Me partió el corazón. Realmente lo amaba. Me enfrenté a ellas en público y la gente hablaba. Dicen que estoy loca, se añadió una cláusula que rezaba que al tener trastornos mentales el gobierno recaería en Felipe, y en su ausencia en mi padre. Era tan conveniente para ambos!En mayo de 1506, se cumplían ocho meses que llevaba viajando con el féretro de mi amado Felipe, ocho meses de un profundo dolor por su repentina partida. Debí viajar las noches, en el frío helado de invierno, llevando su cuerpo de Burgos a Granada, en donde quiso ser enterrado. Su corazón, como lo pidió, lo envié a Bruselas, y yo no me había separado de su cuerpo durante estos meses desgarradores. Me acompañaron muchas personas esos meses, y ahora dicen que estoy loca. Nació mi sexta hija, Catalina quien fue mi compañera durante muchos de los  duros años en mi vida. Nuevamente tenía ese horrible sentimiento de estar entre la vida y la muerte.Quise gobernar Castilla. Traté de hacerlo y me topé con obstáculo tras obstáculo que fueron despedazándome cada vez más. Logré gobernar hasta 1507 instaurando el Consejo Real de la época de mi madre. No quise reclamar la presencia de mi padre para gobernar hasta que regresó de la toma de posesión del Reino de Nápoles dos años más tarde y asumió nuevamente el poder. Un año y medio más tarde me hizo encerrar en Tordesillas, alegando locura, temiendo que se cree un partido nobiliario para apoyarme. Pocos años después murió mi padre en 1516 y me convertí también en reina nominal de Aragón, allí no fui reconocida. Fue entonces cuando mi hijo Carlos gobernó en mi lugar. Ese hijo a quien le di la vida mientras yo me desangraba en los lavabos del palacio. Él se apropió de mis títulos y me mantuvo encerrada, alegando locura, todo por temor a que le quite el poder. Entre los dos confabularon los rumores de mi locura para que no pueda gobernar, destruyeron todo tipo de documentos que les podían delatar. Oficialmente, ambos co-reinamos en Castilla y Aragón. En realidad, nunca fui declarada incapaz por las Cortes de Castilla ni se me retiró el título de reina. En los documentos oficiales debía figurar en primer lugar mi nombre, pero al estar encerrada nunca pude asumir mi poder real. Se ordenó que me obliguen a escuchar misa y confesarme empleando tortura si fuese necesario. Mi hija Catalina en cambio me acompañó durante 16 años, hasta que tuvo que marcharse a contraer matrimonio. Su partida me destruyó, tuve largos años de vida encerrada y maltratada. No dejé de usar negro. Tiempo después perdí la movilidad en las piernas. Ahora, pasado el tiempo me pregunto si valió la pena entregarlo todo, amar infinitamente a un hombre que no me respetó, confiar en mi padre y en mi hijo que tampoco me respetaron. De cierta manera con desacuerdos en creencias y pensamientos solo mi madre creyó en mi.Tengo 79 años, es 1555 y llevo 46 años de reclusión forzosa. Estoy muy enferma. No creo que pase de esta noche. Me he negado a confesarme. Dicen que estoy loca. Llevo el corazón roto desde hace demasiado tiempo.Juana
  • (Daniela Palacios)
  • (Daniela Palacios)
  • (Daniela Palacios)
  • (Daniela Palacios)
  •                                                                   8 de febrero de 1587Me han llamado María, María Estuardo. Nací el 8 de diciembre de 1542 en el palacio de Linlithgow (Reino de Escocia).Soy la única hija legítima sobreviviente de mi padre Jacobo V, a quien jamás conocí. Falleció a mis seis días de vida, convirtiéndome en la sucesora del trono escocés; mi madre María de Guisa, fue su segunda esposa.Poco tiempo después mi tío, Enrique VIII de Inglaterra aprovechó la regencia del Conde de Arrán y propuso el matrimonio entre su hijo Eduardo, y yo, esperanzado en una unión entre Escocia e Inglaterra. A mis casi siete meses de vida, el 1 de julio de 1543 se firmó el Tratado de Greenwich. Este decía que al yo cumplir diez años de edad me casaría con Eduardo y me mudaría a Inglaterra. Mi tío tendría control sobre mi educación. Mi madre se opuso y fue entonces cuando el Cardenal Beaton quien luchaba por el poder lideraba una campaña pro francesa y pro católica, lo cual enfureció a mi tío Enrique. El no quería ningún tipo de alianza entre Francia y Escocia. Era una total discordia. Beaton propuso llevarnos a mi madre y a mi al Castillo de Stirling para protegernos. El Conde de Lennox nos escoltó con 3500 hombres armados. Era menos de un mes de la firma del Tratado, llegamos a Stirling el 27 de julio de 1543, tenía siete meses cuando el 9 de septiembre fui coronanda con toda solemnidad en la capilla del castillo. Enrique VIII estaba tan enojado que sus acciones lograron que Beaton y Arran se unan y que luchen por el catolisismo. El Tratado de Greenwich fue anulado por el Parlamento de Escocia gracias a mi madre y a Beaton en diciembre, lo cual provocó un levantamiento militar liderado por mi tío para imponer mi matrimonio con su hijo Eduardo.  Mi vida siempre corrió peligro. Querían secuestrarme, mi madre logró esconderme en las cámaras secretas de Sterling. Beaton fue asesinado en mayo de 1546 y unos meses más tarde murió mi tío Enrique. Mis guardianes temían por sus vidas y me llevaron unas semanas  al priorato de Inchmahome en donde estaría mas segura. Ellos fueron a pedir ayuda a los franceses. Fue así como Enrique II de Francia propuso la unión entre Francia y Escocia con mi matrimonio con su hijo Francisco II quien tenía tres años en ese entonces. A mi madre, y al estado, les pareció la mejor solución para dar paz a este conflicto entre pueblos. De esa manera se decidía el curso de mi vida.Fui entonces enviada a Francia desde mis cinco años, tanto por protección como para recibir la mejor educación acorde a lo que supuestamente sería mi futuro. Crecí junto a mis familiares Los Guisa, donde mi abuela materna tuvo una importante influencia. Jamás volví a ver a mi madre. En 1558, me casé con el delfín Francisco II, quien ascendió al trono francés en 1559. A mis 18 años fui reina consorte de Francia sustituyendo a mi suegra, Catalina de Médici quien nunca me quiso, hasta la muerte repentina de Francisco en diciembre de 1560. Regresé a Escocia viuda, ya que a Catalina le pareció que dos reinas viudas era demasiado y me ordenó que regrese a Escocia a hacerme cargo de los graves asuntos políticos que pasaban ahí. De hecho el Parlamento escocés había ratificado la modificación de la religión del estado, de católica a protestante. Yo no había dado mi consentimiento real ya que estaba golpeada aún por la noticia de que mi madre había muerto. Para mi, Escocia era un país extraño que casi no conocía. Escocia estaba demasiado centrada en los conflictos religiosos entre católicos y protestantes. Yo representaba el catolicismo, por otra parte, el movimiento presbiteriano era liderado por Jhon Knox quien se expresaba muy mal de mi. Ni católicos ni protestantes estaban contentos, los católicos esperaban que yo fuese más radical.La posibilidad de heredar el trono de Inglaterra fue mi perdición. Era yo la segunda en la línea de sucesión al trono, tras mi prima Isabel I. La Iglesia católica decía que Isabel era bastarda, por lo que legítimamente la corona me pertenecía. Fue entonces que Isabel tuvo que agarrarse del protestantismo, porque la reconocían como heredera. Incluso envié a William Maitland de Lethington como embajador para presentarme ante mi prima la reina Isabel como futura heredera del trono. Era lo justo. Ella lo negó. No quería tener herederos por temor a que le quiten el trono. Mi prima y yo nunca nos conocimos, sin embargo vivimos un conflicto terrible toda la vida.Confié demasiado, tomé malas decisiones, nombré en mi consejo privado a 16 hombres y ratifiqué en sus cargos de Estado a algunos que ya los ocupaban, de los cuales la mayoría eran protestantes, quedando únicamente cuatro de mis consejeros católicos, siendo esta mi propia trampa.Necesitaba enontrar un marido que me convenga politicamente. Isabel, en su intento de controlarme propuso que me case con  Robert Dudley, uno de sus favoritos y protestante, a quien ella podría manipular facilmente. Envió a un embajador para proponer el compromiso diciendo que si dicho compromiso se llevaba a cabo «procedería a la inquisición de su derecho y título para ser nuestra futura prima y heredera». Ni Dudley ni yo estábamos interesados. Conocí a mi primo hermano, nacido en Inglaterra, Enrique Estuardo, Lord Darnley en febrero en 1561, fue un encuentro breve, sin embargo, cuatro años más tarde me enamoré profundamente de él. Ambos éramos nietos de Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII. El 17 de febrero de 1565, contrajimos matrimonio, yo tenía 23 años. Nuestra unión era una amenaza para mi prima Isabel, ya que al ser ambos descendientes de Margarita podríamos reclamar el trono, y en el caso de concebir a un hijo, con más fuerza aún. Una vez más confié, me obnubilé, no me percaté a tiempo que mi esposo era un hombre completamente ambicioso, queriendo ser el único rey de Escocia, nunca aceptaría ser rey consorte, es así que empezó a conspirar en mi contra, llegando incluso a darme una paliza para que abortara en mi primer embarazo. Lo que el exigía era la ‘corona matrimonial’. Un título que le habría hecho soberano con plenos derechos sobre el trono si me sobrevivía.  A parte de su trato violento también me difamó, diciendo que tenía amores ilícitos con David Rizzio, mi secretario, y además mi confidente y gran amigo. Una noche, estábamos cenando con algunas amigas y David estaba ahí, eran las ocho, lo recuerdo claramente. De pronto entró mi marido con algunos hombres acusándome de haberle sido infiel. Me sostuvieron y todos vimos como los hombres de mi esposo apuñalaban a David sin piedad. Recuerdo sus ojos de pavor mientras moría. Yo estaba embarazda, mi confusión de no entender que pasaba se fue convirtiendo en ira y dolor con el tiempo. Poco después nació Jacobo, nuestro hijo y posible heredoro al trono.Ese acto terminó con nuestro matrimonio. Enrique era visto como un gobernante incapaz, hasta que poco a poco tuve que quitarle toda reponsabilidad real y conyugal.  Nos reuníamos en el castillo de Craigmillar cerca de Edimburgo, con los principales nobles en la corte para discutir el caso de Enrique, a pesar de que se consideró el divorcio, entre los lores presentes acordaron en que sería mejor eliminarlo. Era 1567 y le ordené que se vaya de regreso a Edimburgo. Estaba enfermo y se estaba recuperando en una casa en la abadía de Kirk o’ Field. Yo lo visitaba diariamente hasta que en la mañana del 10 de febrero explotó la casa y falleció.Se acusó a los Lores escoseces del asesinato, incluyendo a James Hepburn, Conde de Bothwell quien de hecho terminó siendo uno de los principales sospechosos y en consecuencia a mi, ya que teníamos una relación cercana.  La intención de James era contraer matrimonio conmigo para llegar a la corona. Mi reputación estaba arruinada. Incluso mi prima Isabel me escribió contándome los rumores que decían que yo había planificado la muerte de Enrique. Fue entonces cuando James, el Conde de Bothwell me secuestró, llevándome al castillo de Dumbar en donde me violó y después me obligó a casar con él.El rito, al ser protestante no tenía un real valor para mis creencias católicas, sin embargo, estaba perdida.  Esto pasó apenas dos meses después de la muerte de Enrique. La rebelión era tan fuerte, y los Lores me traicionarion y me aprisionaron en un castillo en una isla. Alrededor del 20 de julio tuve un aborto espontáneo de gemelos. EL 24 de julio me vi obligada a abdicar mi corona sobre Jacobo quien tenía un año. Logré escapar y unir 6.000 hombres, sin embargo fui derrotada dos veces y hui a Inglaterra buscando la ayuda de mi prima. Mas tarde me dí cuenta que me había metido en mi propia prisión, confié en ella y me encerró en varios castillos. Las acusaciones hacia mi frente al asesinato de Enrique se basaban en unas cartas falsas a Bothwell, que no llevaban mi firma en donde supuestamente yo era parte del plan. Isabel nunca me absolvió ni me culpó. Todo quedó convenientemente bajo su control.Tenía apenas 26 años, pero nunca volví a ver la luz. Han pasado muchos años y no negaré que deseaba con ansias mi libertad. Después de tanto tiempo, a mis 45 he sido finalmente juzgada. Me condenaron a muerte por conspirar el asesinato de mi propia prima, la reina Isabel I.  Irónicamente es ella quien dicta la sentencia. Seré decapitada en el castillo de Fotheringhay. Me reúno por última vez con las mujeres que me han acompañado. Es 1587, me visto de rojo, como la mártir que soy, entrego un pañuelo blanco a una de ellas para que me cubra los ojos cuando llegue el momento.Ya en la guillotina me repito una y otra vez: “In manus tuas, Domine, commendo spiritumMaría
  • (Nadia Acevedo)
  • (Nadia Acevedo)
  • (Nadia Acevedo)
  • (Nadia Acevedo)
  •                                                                16 de octubre de 1793Mi nombre es María Antonia Josepha Johanna von Habsburg-Lothringen, aunque fui conocida como María Antonieta de Austria. Mis padres fueron Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y María Teresa I de Austria. Nací en Viena el 2 de noviembre de 1755, cuando niña, gobernantes de la corte me educaron estrictamente hasta mis doce años, edad en la que supe que me convertiría en la Reina de Francia. Recibí entonces una educación que fue acorde a la corte francesa. Para abril de 1770 había renunciado oficialmente a los derechos sobre el trono austríaco, y en mayo, a mis catorce años me casé con el Delfín, futuro Luis XVI quien tenía casi mi misma edad. Evidentemente lo que mi madre quiso hacer fue sellar una alianza franco-austríaca.Mi llegada a la corte francesa fue sumamente complicada, en realidad nunca fui aceptada. Recibí diversos  apodos, como «L’autre-chienne» (una paranomasia en francés de las palabras «autrichienne», que significa «austriaca» y «autre chienne» que significa «otra perra»).En mayo de 1774 Luis y yo nos convertimos en los reyes de Francia. ¡Luis era tan tímido y apagado!Es verdad que a mi corta edad me aburría fácilmente, entonces aproveché para imponer mi propia moda. Mandé a confeccionar cientos de vestidos, cada uno más impactante que el otro, también, zapatos, accesorios, pelucas, joyas todo en exceso. Armé mi pequeña corte con la princesa de Lamballe, el barón de Besenval, el duque de Coigny, y la condesa de Polignac, quienes por interés se convirtieron en mis amigos cercanos. Con ellos organizábamos enormes fiestas y festines.Ya posicionada en el trono, Francia siguió sin quererme. Existieron  muchas campañas del pueblo en mi contra, me acusaron de tener amantes y de despilfarrar el dinero, incluso me pusieron un nuevo apodo: “Madame Déficit.” Traté de cambiar, de bajar los gastos, incluso hice todo lo posible por apoyar el partido anti-austríaco, así eso significara ponerme en contra de mi propia familia, pero todos los esfuerzos fueron vanos.Mi matrimonio con Luis tomó mucho tiempo en consumarse. Apenas en diciembre de 1778 nació mi primera hija, María Teresa, seguida por el delfín Luis José el 22 de octubre de 1781 . Los nacimientos de mis hijos me hicieron que vea las cosas de una manera distinta. Hice construir el Hameau de Versailles, es una pequeña aldea, ahí  descubrí la vida campestre. Me sentía más tranquila sin tantas fiestas, en compañía de mis hijos. Para ese tiempo, el 27 de marzo de 1785 nació Luis Carlos quien se convertiría en Luis XVII. Corrieron los rumores de que Luis José no era hijo del rey. Ese  mismo año estalló el caso de un collar de diamantes que supuestamente yo encargué. Para ese entonces carecía de toda credibilidad ante el pueblo francés.El  9 de junio de 1787 nació mi pequeña Sofía Beatriz.  Me llenó de tristeza su muerte prematura por tuberculosis con solo un año de vida.París estaba cargado de ira en mi contra,  la gente se quejaba de hambre y fueron montando en cólera con mucha fuerza.Escribo lo siguiente, a mi hermano pidiendo ayuda: “Yo sé que, sobre todo en las cuestiones políticas, no he tenido ningún ascendiente sobre las ideas o pensamientos del rey. ¿Sería prudente para mí el tener con su ministro algunas entrevistas para tratar de ciertos asuntos sobre los cuales él está casi seguro de que el rey no me atendería? Sin hacer ostentación alguna ni mentir, yo dejo creer al pueblo que tengo más crédito del que en realidad tengo, porque si no se me cree, tendré todavía menos crédito.”En 1789 comienzó lo que fue nuestro infierno en vida; huidas, persecuciones, escondites, traiciones, prisión y muertes. Todos mis amigos estaban en peligro, por culpa mía. En 1792, la princesa de Lamballe, víctima simbólica, es salvajemente asesinada y su cabeza se exhibió en la punta de una pica. La pasearon por delante de las ventanas tras las que me encuentraba, no resistí  y me desmayé.Después de acusaciones y procesos mi querido Luis XVI es ejecutado el 21 de enero de 1793. Nos encontrábamos  encerradas con mi cuñada, la princesa Isabel. Con la idea de reformar el pensamiento de mi hijo Luis. A la  corta edad de ocho años, luego de vanos intentos por retenerlo, el 13 de julio lo separaron de mí y fue confiado al zapatero Antoine Simon.  Delante del tribunal, mi hijo acusó falsamente a su tía (Madame Isabel) y a mí de haberle incitado a la masturbación y de haberle obligado a participar con nosotras en juegos sexuales. Indignada, apelé a las mujeres del público a que nos defiendan y les dije: «La naturaleza rechaza semejante acusación hecha a una madre. Apelo a todas las madres presentes en la sala». Evitamos el motín, pero lo sentimos muy cerca.La noche del 1 de agosto, a la una de la mañana, fui trasladada desde el Temple hacia una celda aislada en la prisión de la Conciergerie,  asignada como “Prisionero #280”. El dolor es inmenso, ya nada puede hacerme más  daño.María Antonieta
  • De vuelta en el calabozo, a la reina de Francia sólo le quedaban unas horas antes de ser ejecutada, horas que María Antonieta empleó para dejar un último mensaje de amor y de perdón a sus seres queridos. Una carta bella, grave y conmovedora, dirigida a su cuñada Madame Isabel. la princesa real nunca la recibió, pues fue interceptada y entregada a Robespierre y estuvo desaparecida hasta el año 1816, en el que salió a luz con motivo de la restauración borbónica en Francia (Luis XVIII):Es a usted, hermana mía, que yo escribo por última vez. Acabo de ser condenada, no exactamente a una muerte honrosa, si no a la de los criminales, pero tengo el consuelo de que voy a reunirme con vuestro hermano. Inocente como él, yo espero mostrar la misma firmeza que él en sus últimos momentos. Estoy tranquila porque la conciencia no tiene nada que reprocharnos. Tengo un profundo dolor por abandonar a mis pobres hijos, usted sabe que yo no vivo más que para ellos, y usted, mi buena y tierna hermana, usted que por su amistad ha sacrificado todo por estar con nosotros. ¡En qué posición la dejó! Me enteré por los alegatos mismos del proceso que mi hija ha sido separada de usted, ¡Dios Mío! A la pobre niña no me atrevo a escribirle, ella no recibiría mi carta, ni siquiera sé si esta le llegará a usted. Reciba por medio de ésta, para ellos dos mi bendición. Espero que un día, ya que ellos sean grandes, se podrán reunir con usted, y recibir por entero las atenciones de ellos, que ellos piensen en mí y que no deje yo de inspirarles, que los principios y el cumplimiento exacto de sus deberes sean la base fundamental de su vida, que su amistad y su confianza mutua, les sean venturosos, que mi hija sienta que por su edad que tiene, debe ayudar siempre a su hermano por medio de los consejos que la experiencia le habrá dado a ella más que a él y que la amistad entrambos lo puedan inspirar, que mi hijo a su vez, le brinde a su hermana todas las atenciones, los servicios que la amistad pueda inspirar, que ellos sientan que, en cualquier posición en la que se puedan encontrar, les será verdaderamente de buenaventura, que por su unión ellos tomen ejemplo de la nuestra y también de nuestras desgracias, nuestra amistad nos ha dado consuelo, y en la alegría nos ha traído doblemente felicidad cuando uno puede encontrar un amigo y ¿Dónde se pueden encontrar los mejores y lo más queridos que dentro de su propia familia? Que mi hijo no olvide jamás las últimas palabras de su padre, que yo le repito expresamente: “Que no busque jamás vengar nuestra muerte”. Tengo que mencionarle a usted algo muy doloroso para mi corazón, sé muy bien que este niño le ha causado a usted mucha pena, perdónelo, querida hermana, piense en la edad que él tiene y también lo fácil que es obligar a un niño a decir cosas que no conoce y que ni siquiera comprende, vendrá un día, espero, en que él no tendrá más que corresponderos con todas las recompensas posibles por vuestras bondades y ternuras  para ellos. Me queda confiarle a usted mis últimos pensamientos, yo quisiera haber escrito desde el principio del proceso, pero no se me permitía escribir, la marcha ha sido tan rápida que ya no me dio tiempo. Muero dentro de la Religión Católica, Apostólica y Romana, en la religión de mis padres, en la cual fui educada y que siempre he practicado, no teniendo ningún consuelo espiritual, ni siquiera he buscado si hay aquí sacerdotes de esta religión, a los otros sacerdotes (constitucionales) si hay, no les diré mucho. Pido sinceramente perdón a Dios por todas las faltas que yo haya cometido en mi vida. Espero que en su bondad Él tendrá a bien recibir mis últimos votos, ya que los hago después de mucho tiempo para que Él reciba mi alma en Su misericordia y Su bondad. Pido perdón a todos aquellos que conozco, a usted, hermana mía, en particular, por todas las penas que, sin querer, le haya podido causar, perdono a todos mis enemigos el mal que me han hecho. Aquí, digo adiós a mis tías y a todos mis hermanos y hermanas, a mis amigos, la idea de estar separada para siempre y sus penas son uno de los más grandes dolores que les doy al morir, que ellos sepan, al menos, que justo hasta mi último momento yo pensaré en ellos. Adiós, dulce y tierna hermana, espero que esta carta llegue a sus manos! Piense siempre en mí, la abrazo con todo mi corazón al igual que a mis pobres y amados hijos, ¡Dios Mío! Que doloroso es dejarlos para siempre. ¡Adiós, Adiós! Me voy para ocuparme de mis deberes espirituales, pues como no soy dueña de mis acciones, me acompañará un sacerdote (constitucional) pero yo protesto aquí que no le diré una sola palabra y que lo trataré como a un absoluto extraño.”
  • (Margarita Erazo)
  • (Margarita Erazo)
  • (Margarita Erazo)
  • (Margarita Erazo)
  • 25 de noviembre de 1504Soy Isabel, llamada “la Católica” por un título que nos fue otorgado a mi marido y a mí por el papa Alejandro en 1469. Nací el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres, mis padres fueron Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Mi medio hermano, Enrique, en quien recaería el trono, nació de la primera esposa de mi padre, María de Aragón. El segundo en la línea fue mi hermano Alfonso. Realmente existían muy pocas probabilidades de que yo ascienda al trono.Al fallecer mi padre, en 1454, pasé mi infancia en Arévalo junto a Alfonso, presenciando los ataques de locura de mi madre. Allí también recibí una educación basada en la historia y la cultura. Desde temprana edad busqué consuelo en libros religiosos y en mi amiga Beatriz de Silva.Enrique nombró a mi sobrina Juana, princesa de Asturias y posiblemente heredera al trono. ¿Acaso no le importó que no fuese su hija?  Se sabía que era impotente, y también se creía que era hija de su mayordomo Beltrán de la Cueva, razón por la cual la llamábamos Juana, la Beltraneja.Alfonso, mi querido hermano murió misteriosamente, a sus doce años, sospecho que fue envenenado.A mis dieciséis años, decidí declararme heredera al trono de Castilla como sucesora de mi hermano muerto y anteponerme a Juana retando abiertamente a mi hermano mayor, Enrique IV.Me preocupaba como crecían las fuerzas contrarias y por eso me vi obligada a llegar a un entendimiento con el Rey. Es así que el 14 de agosto llegamos entonces a los acuerdos de Guisando en los cuales acordamos que sería la única heredera al trono a cambio de no traicionar a Enrique, renunciando a ser reina antes de que el muriese. Además, sería él  quien decidiría con quien debía casarme. Presentí que me estaba tendiendo una trampa. Pretendió casarme con Alfonso V de Portugal, logrando así convertirme en reina de Portugal y manteniéndome lejos de Castilla, donde reinaría Juana por medio de otro matrimonio.No lo permití y por eso comencé a negociar con el reino de Aragón. El 19 de octubre de 1469 Fernando de Aragón y yo nos casamos en secreto gracias a una falsa bula papal conseguida en junio de 1464 por el anterior papa, Pío II, que nos permitió unirnos a pesar de ser primos. Al fin y al cabo, habíamos estado comprometidos desde mis tres años de vida. Así Enrique hubiese tratado de romper ese compromiso ofreciéndome como esposa a otros candidatos en varias ocasiones desde que tenía catorce años, no logró hacerme cambiar de opinión. Sabía qué me convenía más. Como era de esperarse Enrique estuvo furioso. Los acuerdos quedaron anulados y Juana fue declarada heredera al trono, sin embargo, sucedió lo inesperado. Enrique murió en 1474 y nunca hizo un testamento. Apelé al pacto firmado hace años y me declaré Reina de Castilla el 13 de diciembre del mismo año.Nos enfrentamos cinco años en Guerra de Sucesión Castellana contra los partidarios de Juana y Portugal. Fernando y yo salimos ganadores.  Terminamos firmando la concordia de Segovia, determinando el vínculo y sus funciones a nuestros reinos. También, firmamos la paz de Alcaçovas, en septiembre de 1479 con Portugal. Me veo en ese momento. Hemos terminado la guerra. Soy la reina de Castilla, y Fernando se convierte en rey de Aragón, Sicilia, Cataluña, Valencia, Baleares y Cerdeña, ya que Juan II de Aragón ha muerto.Con Fernando tuvimos siete hijos de los cuales dos no nacieron, los llamamos Isabel, Juan, Juana, María y Catalina, fueron educados  bajo mis normas; tenían obligaciones al ser hijos de  reyes, y debían sacrificarse en demasía por ese motivo. Por mi parte diseñé los matrimonios de mis hijos como una perfecta cadena en la que cada eslabón, es decir cada hijo, fue parte de una estudiada política exterior que siempre intentó frenar a Francia. Vivimos un tiempo de cambios, debía ser firme en mis decisiones, de ninguna manera podía ceder. Para esto tuve que reorganizar el régimen de gobierno reformando el sistema de seguridad ciudadana y llevar a cabo una reforma económica para reducir la deuda que mi hermano y predecesor  al trono, Enrique IV, había heredado al reino.Tras ganar la Guerra de Granada nosotros al ser los Reyes Católicos expulsamos a los judíos de sus reinos y, años más tarde, también a los musulmanes.Durante mi reinado nacieron instituciones como la Santa Inquisición en 1478 y la Santa Hermandad. Acabar con la herejía y vigilar estrechamente a los conversos, judíos y musulmanes, ha sido nuestra manera de preservar la religión, coincidiendo además con la expulsión de aquellos que en ninguno de los dos casos renunció a su creencia.Un  marinero que prometía nuevas tierras, llamado Cristóbal Colón, llegó a nuestra vida , solicitando  apoyo para hacer un largo viaje. A pesar de muchas críticas y contrarias reacciones políticas emitidas por la  Corte, decidí brindarle apoyo a su excursión. Hay algo en el que me dio confianza y me hizo creer en su plan, por descabellado que pareciera. Hay una tristeza que me aborda, mis días de vida se acortan. La muerte de mi madre, la de mi único hijo varón, el aborto de mi nieto, la muerte de mi primogénita y de mi nieto Miguel; la presunta locura de mi hija Juana (quien me desafió abiertamente en Medina del Campo), los desaires de Felipe el Hermoso; la marcha de mi hija María a Portugal y la incertidumbre de mi hija Catalina tras la muerte de su esposo inglés, me han llevado a una profunda depresión. Todas estas circunstancias me han llevado a la decisión de  vestirme de luto el resto de mi vida. En mi testamento he estipulado que mi hija Juana sea mi heredera al trono, hasta que mi nieto Carlos cumpla veinte años. Espero de corazón que mis sucesores preserven el cristianismo y se esfuercen en conquistar y lograr la conversión en otras tierras.Es noviembre de 1504. He recibido ya la extremaunción. Estoy lista para partir.Isabel
  • (Aranza Sánchez)
  • (Aranza Sánchez)
  • (Aranza Sánchez)
  • (Aranza Sánchez)
  •                                                                      18 de marzo de 59Me llamo Julia Agrippina. Fui más conocida como Agripina la Menor. Nací en Oppidum Ubiorum (la actual Colonia, Alemania) en el año 15 d.C. Mis padres fueron Germánico y Agripina la Mayor, los mismos que fallecieron cuando yo aún era muy joven. Soy bisnieta de Marco Antonio y Octavia la Menor. En mi madre pude ver una entereza frente a la búsqueda de poder. Sin embargo, creo que ella no supo jugar sus cartas sabiamente.Cuando tenía 13 años, año 28, me casé con el cónsul romano Cneo Dominicio Enobarbo, mayor a mí con  15 años, no duramos mucho tiempo juntos, aunque no nos habíamos divorciado, él se había marchado. Mi hermano Calígula se convirtió en emperador en el año 37 d.c. esta noticia  hizo que mi marido vuelva a aparecer. En esta segunda oportunidad, nueve años más tarde nació nuestro hijo Lucio Dominicio Enobarbo, quien sería conocido como Nerón. A mis 25 años en el año 40 d.c. enviudé.Al ser Calígula el emperador, junto a mis dos hermanas podíamos gozar de ciertos privilegios y placeres que solo la familia imperial tenía. Incluso, aún casada con Enobardo, tuve varios amantes, incluyendo a mi hermano al igual que mis hermanas Julia Drusila y Julia Livila. También nos prostituimos con miembros de la corte. A la muerte de mi hermana Drusila  Calígula enloqueció, era su preferida. Todo esto provocó que mi hermano deje de concederme privilegios.Entre Tigelino, mi amante, Lépido, Getúlico, mi hermana pequeña Livila, y otras personas de nuestro círculo cercano, planeamos derrocar a Calígula quien descubrió nuestro plan. El emperador mandó a matar a Lépido y a Getúlico, por otra parte, a Tigelino, a mi hermana y a mí  nos enjuiciaron y exiliaron. Me separaron de mi hijo, quien se quedó en Roma bajo el cuidado de su tía paterna. Calígula me humilló públicamente haciéndome transportar las cenizas de uno de mis amantes. Así partimos a la isla de Pandetaria.El asesinato de mi hermano Calígula fue mi salvación. Mi tío Claudio fue nombrado emperador, con el suficiente poder para traernos de  vuelta a Roma a mi hermana y a mí. Me reencontré con Nerón y contraje matrimonio con mi antiguo cuñado y cónsul Cayo Salustio Pasieno Crispo quien era sumamente rico. Pasieno falleció poco tiempo después de dejar un testamento en el cual yo constaba como única heredera. Jamás imaginó que al hacer dicho testamento su presencia ya no me era de mucha utilidad. Poco a poco, me iba acercando íntimamente a mi tío y emperador Claudio. Su esposa Mesalina era extremadamente lujuriosa e infiel así que Claudio decidió ejecutarla y casarse conmigo aun cuando esto era ilegal e incestuoso, no era nada que no se pudiese resolver mediante un acuerdo especial en el Senado.A mis  34 años  me casé por tercera vez con mi tío y me convertí en emperatriz.  Por fin, tenía el poder tan ansiado, podía participar en  las decisiones políticas, recepción de  embajadores y un sin número de actividades diplomáticas,  sin desatender mi vida amorosa. Fue  a través de mis amantes, Pallas, Séneca y Burro, como logré que Claudio adoptara a mi hijo Nerón para convertirse en heredero por sobre Británico, hijo biológico  de Claudio, además de que este lo eligiera como su futuro sucesor tras su fallecimiento, dejando apartado a Británico su legítimo sucesor.Aconsejé a mi hijo que contrajera matrimonio con su hermanastra Octavia, lo cual lo hizo. Al lograr mi cometido,  Claudio ya no me fue necesario. Empecé a mover mis hilos y contacté a Locurta, una mujer experta en venenos, entre ambas organizamos el asesinato de Claudio. Ordené que preparen un plato especial con setas venenosa y comestibles, lo que produjo la muerte del emperador. Fue en el año 54 d.c. cuando se abrió una nueva etapa, para  mí y mi hijo Nerón , quien sería nombrado Emperador del Imperio Romano.Sin embargo, hasta que cumplió 17 ejercí gran influencia en el gobierno; conferenciaba con los embajadores, asistía a las sesiones del Senado y ponía gran atención en perseguir y dar muerte a todos los que permanecían fieles a la causa de Británico. Séneca el filósofo comenzó a aconsejar a Nerón quien me iba quitando cada vez más autoridad. Tras el asesinato de Británico en un banquete, mi influencia disminuyó notablemente y fui invitada a abandonar el palacio imperial.Apelé a toda clase de medios para recobrar mi prestigio. Llegué al punto de presentarme un día ante mi hijo del modo más lascivo, y, se hubiera consumado el incesto si no lo hubiera evitado Séneca apelando a Actea, amante de Nerón, quien me rechazó.La llegada de Popea Sabina a la corte imperial como pareja de mi hijo, fue el paso definitivo para mi final. Popea no tardó en darse cuenta de mi influencia sobre el mandato de mi hijo, y como las ordenes las emitía yo. Algo se tramaba en mi contra.Fue entonces cuando mi hijo empezó a querer deshacerse de mí. Trató de envenenarme,  de derrocar la habitación en la que dormía, cuando yo dormía. Finalmente me invitó a cenar con él y reconciliarnos en un barco, tiempo después dilucidé  el hecho que  trató de hundir el barco conmigo adentro, al cual yo escapé a nado para sobrevivir.Fue entonces cuando mi hijo empezó a querer deshacerse de mí. Trató de envenenarme,  de derrocar la habitación en la que dormía, cuando yo dormía. Finalmente me invitó a cenar con él y reconciliarnos en un barco, tiempo después dilucidé  el hecho que  trató de hundir el barco conmigo adentro, al cual yo escapé a nado para sobrevivir.En el año 59 d.C. Nerón decidió enviar a unos centuriones en mi búsqueda, cada vez estaba más perseguida, recordé las palabras de mi primer esposo y padre de Nerón al decir: «De la unión de Agripina y yo solo puede salir un monstruo.» Al ver que estos centuriones habían sido enviados por mi hijo, no hui ni supliqué por mi vida,  los enfrenté y muy decidida ofrecí el vientre que había gestado al que en aquel momento era el Emperador de Roma.Seré ejecutada, he sido acusada de ser miembro de una conspiración ficticia. Es marzo del 59, mi cuerpo tiene 44 años, mi muerte hará que se cumpla la profecía, esa que me vaticinaron hace tiempo cuando pregunté  «Nerón será rey?» a la que contestaron: «Será rey, pero matará a su madre». Después de escuchar estas palabras, yo había contestado: «Occidat, dum imperet!» («Que me mate con tal de de que reine!»).Agrippina
  • (Viviana Cordero)
  • (Viviana Cordero)
  • (Viviana Cordero)
  • (Viviana Cordero)
  •                                                                     4 de enero de 1589Mis padres, Lorenzo II de Medicis y Magdalena de la Tour de Auvernia me llamaron Catalina María Romula di Lorenzo de Medicis. Nací en Florencia el 13 de abril de 1519. A los quince días de nacida, mi madre falleció, y mi padre le siguió una semana después. Me han contado que estaban muy felices de mi llegada al mundo. Mi abuela paterna cuidó de mí, unos meses, pero ella también falleció al poco tiempo. Mi tía Clarice Strozzi me cuidó hasta ingresarme en varios conventos donde recibí una excelente educación. Cuando tuve ocho y hasta los diez, se vivía un caos en la ciudad. Los Medicis, que con tanto esfuerzo habían conseguido poder, estaban siendo derrocados.  Tal odio era el odio hacia nosotros que querían sacarme del convento para violarme, asesinarme y exhibir mi cuerpo públicamente, pero, mi tío, el papa Clemente VII me llevó a Roma donde estuve más segura. A la edad de trece años fui ofrecida como esposa, a Enrique, duque de Orleans, hijo del rey de Francia, Francisco I. A finales de octubre de 1533 conocí a Enrique y nos casamos, es decir que teníamos 14 años, cuando contrajimos matrimonio. La noche de nuestra boda, el 28 de octubre, Enrique entró a nuestra habitación acompañado de su padre quien permaneció ahí durante el acto marital para asegurarse de que el matrimonio se había consumado. Al día siguiente, mi tío, el papa Clemente nos visitó en nuestra cama para darnos su bendición.Yo me enamoré de Enrique, aun cuando él siempre haya estado enamorado de Diane de Poitiers, dos décadas mayor a él. Durante toda la vida de mi esposo tuve que soportarla, parecía que era yo la que sobraba en esa relación.Al principio, las damas de la corte me trataban bien, les gustaba escucharme, desgraciadamente esto solo duró hasta la muerte de mi tío el 25 de septiembre de 1534, al mismo que presidió el papa, Paulo III. Él rompió la alianza con Francia y se rehusó a pagar mi dote y tanto la corte como el mismo rey Francisco I me comenzaron a tratar de manera diferente, sentía que empezaban a lamentar mi presencia.Enrique, mi esposo, no mostraba interés por mí. Sin ningún problema ni remordimiento tuvo muchas amantes (hasta que llegó Diane). En nuestra primera década de matrimonio no tuvimos hijos.Para 1536, el hermano mayor de Enrique quien estaba destinado al trono murió. Esto le hacía a Enrique el nuevo Delfín y a mí, la nueva Delfina. Fue en 1537, que una de sus amantes, Filippa Duci, dio a luz una hija que fue reconocida públicamente por mi esposo, lo cual demostró su fertilidad poniéndome a mí en una situación con demasiada presión, tenía que proveer un descendiente a Enrique o seguramente me enviaba de vuelta a Florencia. Se empezaba a hablar de divorcio.En mi desesperación acudí a remedios, plantas medicinales, colocándome estiércol de vaca y cuernos de ciervo en mi «fuente de la vida», hasta llegué a beber orina de mula. No sé cuál fue el remedio correcto o si todos lo fueron. En todo caso me volví tan fértil que desde 1544 a 1556 llegué a tener diez hijos. El 19 de enero de 1544 di a luz a mi primer hijo, lo bautizamos como Francisco, en honor a su abuelo. El 2 de abril de 1545 nació mi hija Isabel. También tuve mis hijos Luis, Victoria y Juana que murieron a muy corta edad. Mi otra hija Claudia nació en 1547, el mismo año que murió mi suegro, el rey Francisco I. Carlos, quien se convertiría en Carlos IX de Francia, nació en 1550, seguido por Enrique III en 1551. Poco tiempo después nacieron Margarita y Francisco.El 10 de junio, en 1549, a mis 30 años fui coronada Reina consorte de Francia en la Basílica de Saint-Denis, debo reconocer que, en ese sentido, Enrique respetó mi puesto así no me haya dejado participar en política.Diane de Poitiers estaba siempre presente y Enrique la escuchaba haciéndole caso omiso, hasta le entregó el castillo de Chenonceau que yo tanto deseaba. Existían rumores de que Enrique se sentaba en el regazo de Diane frente a invitados, mientras tocaba la guitarra o le acariciaba los pechos. Escuchar todo esto no era fácil. Sufría.Sabía que durante el reinado de Enrique se produjo el ascenso de los hermanos Guisa. Carlos Guisa se había convertido en cardenal, y Francisco Guisa, muy amigo de Enrique fue nombrado duque de Guisa. Su hermana María de Guisa había contraído matrimonio con Jacobo V de Escocia en 1538 y su hija María, quien se convirtió más tarde en María, reina de Escocia, también conocida como María Estuardo me fue entregada a sus cinco años para educarla en la corte ya que había sido prometida a mi hijo el Delfín, Francisco II.En un determinado momento yo había hecho llamar a Nostradamus. Él había escrito que el rey debía guardarse de ciertos peligros, y yo quería conocerlo para lo cual lo nombré médico y consejero real.En 1559 Enrique firmó la Paz de Cateau-Cambrésis con el Sacro Imperio Romano Católico e Inglaterra. Esto significaba el fin a la guerra italiana. El tratado fue sellado con el matrimonio de nuestra hija Isabel de apenas trece años y Felipe II de España. Este matrimonio se dio por poderes sin los novios presentes. Se organizaron, en París, fiestas y bailes durante cinco días. Enrique tomó parte de las justas, iba vestido de los colores de Diane, blanco y negro. Gabriel, conde Montgomery lo golpeó y acabó con él. Fue horrible, lo llevamos a Tournelles. Me quedé junto a mi amado. Diane no apareció, por miedo a mí, según me dijeron. Tenía razón, si se hubiese atrevido a aparecer no la hubiera dejado entrar y la hubiese confrontado de una manera muy fuerte. Enrique murió el 10 de julio de 1559, su pérdida me hizo llorar y sufrir en demasía. Realmente lo amé, fue ahí cuando decidí poner una lanza rota en mi emblema con las palabras «lacrymae hinc, hinc dolor» («de esto vienen mis lágrimas y mi dolor»), además de vestir de luto hasta mi muerte.Fue muy duro y decepcionante el mirar cómo varios de mis hijos que sucedieron al trono no tuvieron éxito alguno. Francisco, a sus quince años se juntó a su esposa, María de Escocia. No hay que olvidar que al día siguiente de la muerte de Enrique, los hermanos Guisa, por medio de un golpe de estado, tomaron poder abruptamente. No tuve más opción que trabajar en conjunto con los Guisa ya que Francisco era el rey. A su vez, Francisco me dio un cierto poder del cual aproveché para vengarme de Diane. La eché de la corte y obligué a  a devolver las joyas que Enrique le había dado, así como el Castillo de Chenonceau. También deshice sus reformas.El arte renacentista siempre fue una de mis pasiones me encantaban la pintura, la música, la literatura y la arquitectura. Mis jardines debían estar siempre coloridos y hermosos, y el precioso Chenonceau debía pertenecerme.La situación política se iba complicando, los Guisa estaban tomando demasiado poder y estaban creando un caos en contra de los protestantes. Al morir Francisco por una infección súbita en 1560 hice un pacto para mantener yo la regencia de mi segundo hijo Carlos IX, es así, que, en diciembre del mismo año, el Consejo Privado me nombró gobernadora de Francia.Carlos nunca tuvo interés en gobernar motivo por el cual siempre estuve cerca. Enfrentamos problemas muy serios, al principio prometí e hice concesiones a los rebeldes protestantes franceses, o hugonotes como se les iba conociendo. Constantemente vivíamos guerras civiles hasta que en un momento tuve que imponerme, desarrollé repetidas persecuciones en contra de los protestantes, la más fuerte: la Matanza de San Bartolomé en 1572, en la que fueron asesinados miles de hugonotes en París y por toda Francia. Fui culpada, sin embargo, en ese momento no tenía alternativa, lo debía hacer.El 26 de junio de 1574 logré que fuera condenado a muerte y ejecutado Montgomery, el noble escocés que había causado la muerte de mi esposo. Ese mismo año Carlos murió por pleuresía a los 23 años. Un día antes me nombró regente ya que mi siguiente hijo, Enrique, duque de Anjou, estaba en la Mancomunidad de Polonia-Lituania, de la que era rey hace un  año, sin embargo, tres meses después de su coronación en la catedral de Wawel, Enrique abandonó aquel trono para convertirse en rey de Francia.Le escribí una carta en la que le decía: «Estoy desolada por la escena y por el amor que me mostró hasta el final… Mi único consuelo es verte aquí pronto, como tu reino necesita, y con buena salud, porque si te perdiera, yo misma me enterraría viva contigo».Enrique tampoco tenía mayor interés en reinar y eso hizo que me mantuviera cerca. Para  febrero de 1575 Enrique se casó con Luisa de Lorena-Vaudémon, de esta unión no fue procreado hijo alguno , el rumor de que Enrique no podía concebir se extendió con el paso del tiempo, mi hijo menor, Francisco, duque de Alençon asumió un rol como heredero al trono, el mismo que fue el encargado de ocasionar  guerras civiles. Traté de convencerlo, pero terminó poniendo en riesgo la corona de Enrique. Francisco se alió con los principales protestantes y tuve que acceder a casi todas las demandas de los hugonotes. Unos años más tarde, en 1584, mi hijo Francisco murió de tuberculosis. Mis palabras solo fueron de dolor: «Soy tan miserable que estoy viviendo lo suficiente para ver morir muchas personas antes que yo, aunque me doy cuenta de que debe cumplirse la voluntad del Señor, que Él es dueño de todo, y que Él nos presta a los hijos solo el tiempo que él quiere»Logré hacer las paces con los líderes de los hugonotes, pero la guerra de religiones se volvió extrema, incluso ejecutaron a mi nuera María Estuardo en 1587 por dichas pugnas.No pude asistir a las últimas decisiones que tomó mi hijo cuando aún yo vivía, me encontraba enferma.A finales de diciembre me pidió disculpas por haber asesinado a Monsieur de Guisa, justificándose, diciendo que si no lo hacía el sería el asesinado. Pobre hijo mío, estaba cavando su propia tumba.Me invadió una tristeza profunda cuando fui a visitar a mi amigo, el cardenal de Borbón para contarle que pronto sería liberado y el me gritó «Sus palabras, señora, nos han llevado a todos a esta carnicería». A mis 69 años muero en Blois, frustrada, un 5 de enero de 1589.Catalina
  • (Rebeca Salas)
  • (Rebeca Salas)
  • (Rebeca Salas)
  • (Rebeca Salas)
  •                                                                        Diciembre de 705Empezaré esta carta con las siguientes palabras: “Mató a su hermana, descuartizó a sus hermanos mayores, envenenó a su madre y estranguló a su hija. Ella es odiada igualmente por los dioses y por los hombres”. Esto es lo que se piensa de mí. Nací el 17 de febrero de 625 en el seno de una familia aristocrática de Shanxi, en un tiempo en el cual las mujeres éramos consideradas nada. Vivíamos una sociedad patriarcal. Desde que el confucionismo legitimara el poder de los hombres sobre las mujeres, fuimos perdiendo las pocas libertades que teníamos, como escoger libremente un marido o participar en la vida pública. Desde siglos atrás, nosotras no podíamos ser educadas ni tener ningún papel relevante en la sociedad china. Mi padre, Wu Shihou, era canciller al servicio del emperador, mi madre descendía de la poderosa familia Yang. Me llamaron Wu Zh‡o, crecí rodeada de lujos y me dieron un acceso poco habitual para las jóvenes. Aproveché las oportunidades para aprender música, artes y me sumergí en la lectura de textos políticos e históricos.A mis catorce años fui escogida para formar parte del extenso harem imperial del emperador Taizong. Mi inteligencia y mi belleza lo cautivaron, convirtiéndome en su concubina más importante y en una especie de secretaria lo cual me llevó a descubrir el sabor del poder.Casi diez años más tarde, en 649 falleció el emperador Taizong, su hijo Gaozong lo sucedió. El se sentía muy atraído a mí y logré mantenerme en el harem, algo casi imposible que suceda ya que las concubinas que no habían dado hijos al emperador pasaban a hacer parte de un monasterio, el hecho de que yo sea concubina de dos emperadores era muy mal visto.Ascendí en la jerarquía del harem e influenciaba cada vez con más fuerza en cuestiones del gobierno lo cual ponía en guardia a la emperatriz Wang y la envenenaba de celos. En 654 di a luz a mi hija, cuyo padre era el emperador, sin embargo, ella murió prematuramente. Acusé a la emperatriz Wang y a otra concubina que también me odiaba, logrando que Wang sea relegada y tanto ella como la otra concubina sean torturadas hasta la muerte. El emperador era inexperto y enfermizo. En muchas ocasiones el pasaba enfermo, siendo yo quien tomaba las riendas del poder. Así fui escogiendo personas afines a mí para que fuesen parte de la administración. Aquellos que fueron críticos conmigo, fueron eliminados.En 683 murió el emperador Gaozong, prevalecían los rumores que decían que yo lo había envenenado, aun si fuera así, él era muy débil para gobernar.  Su mala salud lo hubiera llevado pronto.Zhongzong, uno de los hijos del emperador subió al trono junto a mí, lo destituí y al cabo de seis semanas  le di el trono a otro de mis hijos: el Emperador Tang Ruizong, que, como su hermano, gobernaría de manera nominal por un periodo breve. Ahora yo era la emperatriz viuda y regente. Comencé a cambiar cosas. En 690 decidí dar un paso más lejos; di un golpe de estado y me auto proclamé emperatriz de una nueva dinastía que yo misma bauticé como la dinastía Zhou. He sido la primera y única mujer en la historia de China que ocupe el trono del Dragón.Ya que las mujeres no podÌamos ser educadas ni tener ningún papel relevante en la sociedad china, muchos se negaron a aceptarme como emperatriz titular, fue entonces que me apoyé en el budismo, declarándolo religión oficial en 691, y así legitimar mi poder.Demostré ser una gran emperatriz, ayudé a expandir el territorio del imperio, mejoré la educación, las infraestructuras y el ejército. Reformé la prueba de reclutamiento para los oficiales, para que fuese una institución más inclusiva. Me gustó siempre ayudar a la gente común, jamás soporté la corrupción.Dí voz al pueblo. Instalé cajas de cobre por todo el reino para que los ciudadanos pudiesen denunciar anónimamente y con total libertad lo que les parecía malo, generé mucha empatía, me querían; de hecho, aceptaba críticas, reconocía y valoraba las sugerencias de mis leales ministros.Otro de los cambios que realicé fue mantener el harem imperial, pero en mi caso era de hombres. Esto era algo absolutamente escandaloso, pues a mí me parecía lo más natural. También implementé caracteres en el alfabeto chino. Las personas que estaban en mi contra no se cansaron de crear rumores, historias sobre asesinatos, orgías y mentiras que fueron dibujando “la historia negra de Wu”. A principios del año 705, a mis ochenta años, mis enemigos consiguieron quitarme el trono imperial que volvió a ser ocupado por mi hijo Zhongzong, obligándome a abdicar. Asesinaron a mis ministros de estado y restauraron la dinastía Tang. Esto ha terminado conmigo. Me siento orgullosa de lo que he hecho, es hora de marcharme. Solo espero que mis sucesores sepan gobernar China. Wu Zetian
  • (Maria Gabriela Aguirre)
  • (Maria Gabriela Aguirre)
  • (Maria Gabriela Aguirre)
  • (Maria Gabriela Aguirre)
  •                                                           24 de noviembre de 1780Cómo es posible que se pueda creer que una mujer no puede gobernar un país! He reinado durante 40 años y sé que lo he hecho bien. Cuando subí al trono me encontraba sin dinero, sin crédito, sin ejército, sin experiencia ni conocimiento de mi condición y, finalmente, sin nadie para aconsejarme, pues todos esperaban ver cómo las cosas iban a evolucionar.Cuando nací, la decepción parecía llegar conmigo, no solo para mi padre quien esperaba al heredero y que nunca lo pudo superar, sino todo el pueblo vienés.  Nací el 13 de mayo de 1717 en Viena, poco después de que muriera mi hermano mayor y heredero imperial, Leopoldo Juan. Mis padres fueron Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico e Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel.Mi abuelo, Leopoldo I había dictado un decreto en el que daba prioridad a los varones de la familia. En primera instancia la línea sucesoria se dirigía dando prioridad a los hijos o hijas de mi tío José. Ya que mi padre lo sucedió, cambió ciertas cosas con el fin de proteger la corona para sus hijos o hijas. Así fue como mi padre decretó La Pragmática Sanción que aseguraba que las posesiones hereditarias de la Casa de Habsburgo que incluían el archiducado de Austria, el reino de Hungría, el reino de Croacia, el reino de Bohemia, el ducado de Milán, el reino de Nápoles, el reino de Sicilia y los Países Bajos austriacos— pudieran ser heredadas por una descendiente del sexo femenino, además de su indivisibilidad. Lo tenía claro, para lograr desheredar a mis primas esto requería del apoyo de otros países. El tema de mi sucesión fue muy compleja y terminó causando un conflicto bélico que involucró a la mayoría de las potencias de Europa. La causa de tal guerra era mi inelegibilidad para suceder a mi padre en las diversas coronas que nos pertenecían, porque la ley sálica impedía la herencia real de una mujer.A pesar de que existan otras posibilidades, el amor de mi vida Francisco Esteban quien se crío conmigo, permaneció en la corte austríaca hasta 1729 cuando ascendió al trono de Lorena. Sabiéndonos comprometidos nuestro amor creció. Nuestro compromiso se oficializó el 31 de enero de 1736 y nos casamos el 12 de febrero del mismo año, cuando yo tenía 18 años. Francisco Esteban se convirtió en el gran duque de Toscana.Mi padre nunca me preparó para gobernar, más bien para ser reina consorte. Cuando él murió, el 20 de octubre de 1740, me di cuenta de que había dedicado su tiempo a que el decreto de la Pragmática Sanción se cumpliera y no en fortalecer el tesoro y el ejército. Austria estaba arruinada económicamente, peor aún después de las guerras ruso-turca y de sucesión política. Mi situación era sumamente difícil, no sabía lo suficiente sobre cuestiones de Estado y no conocía realmente a los ministros de mi padre como para confiar en ellos. Aun así decidí mantenerlos y dejé a mi marido frente a otros asuntos en los cuales yo lo consideraba más experimentado. El 21 de noviembre de 1740 convertí a Francisco Esteban en corregente de las tierras de Austria y Bohemia. Hungría se demoró un año en aceptarlo.Siempre tuve claro que yo era la soberana y la última palabra en decisiones sobre el Estado la tenía yo. No importa cuanto lo amase, en algunas ocasiones tuve que echarle de reuniones del consejo, cuando su opinión difería de la mía, y eso causaba tensión. No cedería. Ni mi marido, ni Federico II de Prusia provocando la Guerra de Sucesión Austriaca por 8 años, ni todos aquellos que en su momento me dieron la espalda podían rehusar mis decisiones. ¡Mi decisión fue f irme! No solo no me rendiría sino reconquistaría todas las zonas ocupadas.Reforcé el ejército, reformé el sistema tributario del Imperio, poniendo empeño en las partidas de defensa, y centralizando todo el poder político. Todas estas medidas sirvieron para modernizar y fortalecer el imperio, haciendo que crezca económicamente. Impuse mi autoridad y la de mi marido y poco a poco fui respetada y respaldada.La viruela era una enfermedad mortal y se llevó a algunos de mis hijos, y por ello fundamos junto a Gerard van Swiete un hospital en Viena. Las autopsias se volvieron obligatorias, solo así tendríamos un registro de todas las causas de mortalidad en Austria.Defendí los derechos civiles. Prohibí la quema de las brujas y la pena de muerte, sustituida por trabajos forzosos. También impuse la educación obligatoria, terminando con el analfabetismo y no dejé que la iglesia  interfiera en asuntos políticos.Amé a Francisco Esteban profundamente. En veinte años tuvimos 16 hijos, doce niñas y cuatro varones. De los cuales trece sobrevivieron a la infancia. Cada pérdida se llevó una parte importante de mi corazón. Hubo un tiempo en que mi vida era, embarazos, guerra y maternidad simultáneamente. En caso de que todo hubiese sido diferente, yo misma hubiera ido a la guerra. Cuando los últimos eran pequeños aún debía planificar y arreglar los matrimonios de los más grandes. Me apena mucho no haber dado más tiempo a María Antonia, la casamos con Luis XVI de Francia, ahora la llaman María Antonieta. Nos escribimos a menudo y sé que tiene problemas al gobernar. ¡Espero de corazón que lo resuelva!El 18 de agosto de 1765 Francisco Esteban murió súbitamente durante la boda de nuestro hijo Leopoldo llevándose con él mi “joie de vivre”. Habíamos sido tan felices juntos y nos amamos profundamente. Lo único que le reprocho es su amante María Guillermina von Neipperg a quien tuve que enfrentar en su funeral. Desde el día de su muerte me corté mi larga cabellera a la que tanto amaba, pedí que se destruyan todos mis vestidos de fiesta, y desde ese día he vestido de luto. También decidí ya no aparecer públicamente recluyéndome y soportando un dolor que lo cargo hasta ahora.Mi profunda depresión nos llevó a tomar la decisión de que mi hijo José se convierta en co regente y poco a poco fue asumiendo el rol de poder. La verdad es que cada vez me interesaba menos lo que pasaba a mi alrededor. Aún así me negué a abdicar lo cual traía tensión a mi relación con mi hijo.En 1767 contraje viruela, logré sobrevivir, pero ya con ciertos estragos. Contraje una tos que no para, problemas respiratorios acompañados de insomnio. Hoy, noviembre 24 de 1780. Estoy  cansada y enferma, he recaído nuevamente. Temo dormirme, no quiero verme sorprendida por la muerte. Quiero mirarla de frente.María Teresa
  • (Oderay Game)
  • (Oderay Game)
  • (Oderay Game)
  • (Oderay Game)
  •                                                                  23 de marzo de 1603Soy Isabel I de Inglaterra. También llamada Isabel Tudor, fui la última de la dinastía Tudor. Nací en el palacio de Placentia, el 7 de septiembre de 1533. Mis padres fueron Enrique VIII de Inglaterra y su segunda esposa, Ana Bolena. Casi a mis tres años de vida mi padre acusó a mi madre de adulterio y la hizo decapitar, (eso porque mi madre no trajo al mundo ningún hijo varón). No suficiente con eso, mi padre me declaró ilegítima, al igual que a mi media hermana María, 17 años mayor a mí, todo para que ninguna de las dos tuviésemos acceso al trono.Fui puesta al cuidado de Lady Margaret Bryan y después de Katherine Ashley, lejos de la corte de mi padre y de sus sucesivas esposas hasta mis 10 años. Después de eso la nueva reina, Catalina Parr convenció a mi padre para hacer las paces tanto conmigo, al igual que con mi hermana María. En consecuencia de esto, por medio del Acta de Sucesión de 1544, recobré mis derechos frente al trono. Mi hermano menor, Eduardo (hijo de Juana Seymour), sería el primero en la línea sucesoria, después mi hermana María (hija de Catalina de Aragón), y finalmente yo. Junto a María volvimos a Greenwitch.La muerte de mi padre, en 1547, dio paso para que mi hermano a sus 9 años, ascendiera al trono como Eduardo VI. Catalina Parr decidió casarse con Thomas Seymour, tío de Eduardo y Catalina decidió llevarme con ella, lugar donde recibí una excelente educación, aprendiendo muchos idiomas y mi formación como protestante. Thomas Seymour desarrolló un interés en mí, yo solo tenía 15 años; por las noches entraba en mi habitación me acariciaba y despertaba entre besos y risas, lo que provocó que yo me levantara antes para estar vestida cuando él llegara.Mi hermano murió a los 15 años. Poco antes de su fallecimiento en 1553, contradiciendo las órdenes que mi padre había dejado, Eduardo VI dejó como sucesora a Lady Jane Grey quien duró en el trono 9 días, debido a que la popularidad de María subió y el pueblo la recibió gloriosamente, siendo coronada el 19 de julio de 1553. Yo la acompañé. A pesar de haber llegado triunfante, María puso en riesgo la corona al decidir casarse con Felipe II de España, sabiendo que el pueblo no quería a Felipe, lo cual provocó en ella un miedo profundo a ser derrocada por una rebelión que me nombrara como la nueva reina. De hecho, la rebelión de Thomas Wyatt en 1554 intentó evitar la boda, María pensó que yo fui parte y me encerró en la torre de Londres.La comunicación con ella cada vez se tornaba más difícil. Ella católica y yo protestante. La religión nos separaba, igual que a pueblos enteros. María trató en varias ocasiones de retirarme mis derechos sucesorios, sus intentos fueron inútiles. En un falso rumor de que ella estaba embarazada y por temor a su muerte durante el parto, me trajeron de vuelta a la corte. Cuando la reina se dio cuenta de que no estaba embarazada trató de convertirme al catolicismo. En un momento dado hasta fingí que lo lograba, aunque en mi interior siempre fui fiel a mi religión. Mi hermana adquirió el sobre nombre de María la Sanguinaria. Durante su reinado de cinco años, más de 280 religiosos murieron quemados en la hoguera en las llamadas persecuciones marianas.El 6 de noviembre de 1558, María me reconoció como su heredera y el 17 del mismo mes, la reina falleció, dejándome como la nueva reina de Inglaterra. Recibí la noticia bajo un roble, a lo cual respondí: “Esta es obra del Señor y es maravilloso ante nuestros ojos”. El 15 de enero de 1559, a mis 25 años fui coronada y ungida por Owen Oglethorpe, obispo católico de Carlisle, en la abadía de Westminster. Fui recibida calurosamente con oraciones y espectáculos. Inglaterra todavía estaba en un estado de nerviosismo por la amenaza percibida de los católicos en el interior del país y en el extranjero, así como por la elección de con quién me casaría.Después de la muerte de María revertí el catolicismo impuesto por ella; mi reinado se basaría en el anglicanismo que lo declaré religión oficial. Comencé casi de inmediato la persecución de los católicos y los calvinistas, lo que provocó mi excomunión por obra del Papa Pío V. Tenía varios pretendientes, algunos conspiraban en mi contra, Inglaterra estaba frágil en ese tiempo, la inestabilidad económica causada en parte por la guerra que teníamos con Francia era algo que debíamos enfrentar cautelosamente.Hubo la posibilidad de un enlace emocional con mi cuñado, Felipe II de España, lo cual hubiera fortalecido a ambos países. Tenía demasiada presión del Parlamento para que me case y supuestamente pueda gobernar con un hombre a mi lado y con descendencia.Fue entonces cuando declaré que mi firme propósito sería de permanecer soltera, yo estaba casada con mi pueblo, por tal motivo fui llamada la Reina Virgen.Lo cierto es que había demasiado interés en acceder al trono más que a mí. Thomas Seymour encabezó un complot para casarse conmigo y acceder al trono, pero fue descubierto y decapitado junto con sus cómplices más cercanos. Cuando Thomas murió puse muy en claro mi decisión. “Hoy ha muerto un hombre de mucho ánimo y muy poco juicio”. También, desmentí los rumores que circulaban haciendo sentir lo altamente perjudiciales que eran para mi honor.Entre mis pretendientes tenía mis “favoritos” como Robert Dudley, primer conde de Leicester, sir Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex. Dudley era apuesto, amante del arte, duelista y valiente. Me divertía con él. Me daban celos cuando lo veía con otras mujeres, y además descubrí que estaba casado. Enviudó, pero mantuve mi decisión de soltería. Traté de que contrajera matrimonio con mi prima María Estuardo, en ese entonces reina de   Escocia, lo cual posiblemente hubiese cambiado su destino, sin embargo, ella lo rechazó, entonces le hice conde de Leicester. Siempre fue especial para mí, después de su muerte guardé en un cofre su última carta. Walter Raleigh, a quien otorgué el título de Sir, a menudo me escribía poesías, cuando se percató que dejé de mostrar interés se casó con mi amiga , llamada también Isabel. Lo castigué haciéndolo pasar la noche de bodas encerrado en la Torre de LondresTiempo después conocí a Robert Devereux, conde de Essex, 20 años menor que yo. Era muy atractivo, le encantaba bailar, gran cazador, era hijastro de Robert Dudley. No logré mantenerlo cerca como yo quería, siempre fue arrogante y orgulloso. Cuando le quité algunos favoritismos como ser el caballerizo mayor arrancó en iras diciendo públicamente: “Su Majestad es ahora una vieja tan cochambrosa y retorcida de espíritu como de cuerpo”. Fue una puñalada que no pude soportar y, en consecuencia, provoqué la ruina del que sería el último de mis amores. Descubrí que encabezó un golpe de Estado para ponerse a la cabeza del Consejo Real.Fue a tiempo denunciado el complot y Essex fue declarado traidor, el tribunal que lo juzgaba lo condenó a la pena establecida para tal caso: horca seguida de castración, destripamiento y descuartizamiento. Moderé la pena, contentándome con que lo decapitaran.Durante mi reinado, supe rodearme de buenos consejeros y colaboradores. Así fuese yo quien tomaba las decisiones, siempre me apoyaba en mis ministros. Pacté la paz con Francia; se inició el desarrollo industrial y económico inglés; prosperó el comercio nacional; restablecí la confianza en la moneda del país; se inauguró la Bolsa Real de Londres y la Cámara de Comercio. Todo ello otorgó prosperidad sobre todo a la nobleza y a la alta burguesía.Uno de mis grandes problemas fue mi prima católica, María Estuardo. La habían destronado de Escocia y buscó refugio en Inglaterra, no la recibí, es más la hice encarcelar en la Torre de Londres. Ella representaba una gran amenaza para mí, ya que los católicos la consideraban la verdadera reina de Inglaterra. La tuve recluida durante dieciocho años en diferentes castillos y prisiones. A cabo de un tiempo, descubrí un complot para asesinarme y suplantarme por María Estuardo, entonces, en 1587 la hice decapitar. Esto enfureció a Felipe II quien trató de invadirnos. Lo derrotamos e Inglaterra se convirtió en potencia marítima. Yo había ayudado mucho a los piratas quienes fueron nuestros aliados.He gobernado 45 años mi reino ha sobresalido. Muy orgullosa, me gustaba presentarme con vestidos y joyas exuberantes. Esta costumbre aumentó con los años. Los cortesanos debían rendirme pleitesía, debían saludarme inclinados, con reverencias. Cuando me mostraba en público era precedida por un gran séquito de caballeros que llevaban mis condecoraciones y órdenes mobiliarias, tras ellos iban los portadores de las insignias de mi poder: el cetro, la espada desenvainada y el gran sello real, al final yo cerraba el cortejo luciendo un bellísimo atuendo sobre el que portaba una magnífica capa, recubierta con perlas y piedras preciosas. La gente al verme exclamaba al unísono: iDios salve a la reina! Todo debía centrarse en mí. No me gustaba oír mencionar a mis padres ni hablar de sucesores. Para mí, sólo existió mi presente, que estaba constituido por mi poder, mi gobierno y mi nación. Mi reinado fue un florecimiento de la literatura inglesa, Edmund Spenser, Christopher Marlowe, Ben Johnson y William Shakespeare se destacaron gracias al resplandecimiento de mi gobierno.Pasé mis últimos años tristemente sola y enmascarándome, ocultando una vejez que detesto. Tengo 70 años, es 1603, estoy muriendo, le digo a Cecil mi asesor, en el oído, Jacobo, hijo de María Estuardo será mi sucesor.Elizabeth
  • (Morgana Acevedo)
  • (Morgana Acevedo)
  • (Morgana Acevedo)
  • (Morgana Acevedo)
  •                                                          10 de agosto de  30 (A.C.)Mi nombre es Cleopatra Filopator Nea Thea. Fui más conocida simplemente como Cleopatra que proviene del griego antiguo y significa “gloria de su padre”.Nací en Alejandría, Egipto, a principios del año 69 (a.C.) de la unión del faraón reinante Ptolomeo XII y  Cleopatra VI Trifena (también conocida como Cleopatra V).Fui educada por mi tutor Filóstrato, de quien aprendí las artes de la oratoria y filosofía griega. Tuve conocimientos sobre distintas ciencias como la astronomía y la medicina. En mi juventud estudié en el Museion, que incluía la Biblioteca de Alejandría, la cual era maravillosa, un paraíso de la cultura. Desgraciadamente se quemó en la Guerra Alejandrina. Fui políglota, aprendí a hablar varios idiomas  y fui la primera gobernante ptolemaica en aprender el idioma egipcio lo cual me abrió las puertas al pueblo. También hablo etíope, troglodita, árabe arameo, sirio, parto y latín. Para mí, siempre fue importante el conocimiento de todos estos idiomas, debido a que mi meta era restaurar los territorios del norte de África y Asia occidental que una vez pertenecieron a nuestro reino ptolemaico. Soy la última reina del Antiguo Egipto perteneciente a la dinastía Ptolemaica, fundada por Ptolomeo I, uno de los generales de Alejandro Magno. Heredé el trono a la edad de 17 años, esta responsabilidad la tuve que compartir con mi hermano Ptolomeo XIII, quien tenía 12 años y con quien tuve que contraer matrimonio ya que así lo había designado nuestro padre. Nuestro reinado compartido no duró mucho, entre los años 51 y 49 (a.C.). Constantemente nos confrontábamos, cuando Ptolomeo cumplió 15 me expulsó del trono. Poco después llegó Julio César con las guerras civiles de Roma, perseguía a su enemigo Pompeyo. Lo seduje para que me apoyara en contra de mi hermano, y así lo hizo. Poco después, mi hermano murió en la Guerra Alejandrina, al igual que Pompeyo. Mi hermana Arsinoé podía reinar al igual que yo, sin embargo César la llevó a Roma a desfilar como esclava, como símbolo de triunfo sobre Egipto. La vi caminar encadenada, en humillación total junto a otros líderes como Vercingetorix y Juba II. Inmediatamente asumí el trono. Tuve que casarme con mi hermano menor Ptolomeo XIV quien era un niño aún y Julio César se convirtió en mi amante. Tuvimos un hijo a quien llamamos Cesarión. Entre los años 46 al 44 (a.C)Fui a Roma hasta que Julio César fue asesinado. Traté de que Cesarión fuese asignado como heredero, lo cual resultó imposible, Octavio, sobrino de Julio César, que más tarde sería llamado Augusto, subió al poder. Por otra parte, yo necesitaba recuperar mi trono en Egipto, ordené la muerte de mi hermano Ptolomeo XIV.  Debía actuar con mucha cautela e inteligencia sabiendo que la forma para mantener el trono era aliándome a Roma.En la tercera guerra civil de Roma, en el 43-42 (a.C.) me alié con el segundo Triunvirato que sucedía a Julio César, formado por Octavio, Marco Antonio y Lépido. Seduje a Marco Antonio quien fue mi gran amor y con quien tuvimos tres hijos: Tolomeo y los mellizos Alejandro Helios (Sol) y Cleopatra Selene (Luna).Nuestro destino sería fatal. Impusimos nuestra fuerza en Oriente creando un nuevo reino helenístico capaz de conquistar Armenia en el año 34 (a.C.). Marco Antonio estuvo casado con Octavia, hermana de Octavio. Cuando Marco Antonio se divorció de ella el triunvirato con su cuñado Augusto Octavio también se rompió, fue entonces cuando estalló la Guerra Ptolemaica (32-30 a. C.), la cual hizo a Augusto llevar a Egipto en contra de Antonio, sabiendo que no había manera de ganar esta guerra. El enfrentamiento definitivo tuvo lugar en la batalla naval de Actium (31 a.C), en la cual la flota de Antonio fue derrotada fácilmente al abandonarle los egipcios. Augusto había logrado tanto poder sobre ellos que se pusieron en nuestra contra. Perdíamos demasiado, grandes territorios pasaban a ser parte de los romanos. Marco Antonio consiguió huir y refugiarse conmigo en Alejandría, inmerso en una depresión, el hombre alegre y fuerte que había sido se convirtió en una persona amarga y hasta insegura. Octavio, quien quería seguir ampliando su territorio necesitaba preparar tropas, y eso requería de fondos. Los tesoros, las reservas se encontraban en Egipto. Mientras tanto Marco Antonio se hizo construir una mansión a la cual se le puso el nombre de Timoneion y yo me hice construir mi mausoleo en el cual guardaba los tesoros más preciados, junto a ellos combustible que haría reducir  todo a cenizas, con mi cadáver adentro en caso de que el enemigo ataque.Octavio no hacía más que manipularnos de la manera más vil e ingeniosa. Generó tensión entre nosotros como pareja, en repetidas ocasiones me ofreció el trono, siempre y cuando yo lo apoyara. Ignoraba a Marco Antonio.Cuando las tropas de Octavio Augusto tomaron Alejandría, nuestra ciudad, hicieron creer a Marco Antonio que yo había muerto y se suicidó. Cuando recibí la noticia, logré reunirnos por última vez y murió en mis brazos. Realmente lo había amado. Para mí era muy claro lo que Octavio Augusto quería hacer conmigo: mostrarme como prisionera y esclava en el desfile de los festejos de triunfo, una humillación terrible.Mi decisión está tomada, tengo 39 años, es el año 30; recuerdo a mi hermana desfilando como esclava en Roma hace quince años, mi destino no será el mismo. Moriré con honor, como la reina que soy. Estoy encerrada ya en mi mausoleo donde he escrito una carta a Octavio pidiéndole que mantenga mi cuerpo junto al de Marco Antonio después de mi muerte. He vestido con mis galas reales después de cumplir mi ritual de belleza, me he dado un último baño en leche de burra mezclada con miel, después, de colocarme mi crema de pulpa de albaricoque en los ojos me he pintado los párpados de color verde y me he puesto mis pestañas postizas. Los labios me los he acentuado de carmín y en azul las venas de mi frente y mis manos.Mis dos sirvientas me acompañan mientras esperamos el sueño eterno. El veneno del áspid, por el cual me dejé picar, pronto hará efecto. Cleopatra
  • (Gabriela Uribe)
  • (Gabriela Uribe)
  • (Gabriela Uribe)
  • (Gabriela Uribe)
  •                                                                            Abril 1 de 1204Yo tenía 15 años cuando el 9 de abril de 1537 murió mi padre Guillermo X, duque de Aquitania en una peregrinación a Santiago de Compostela. Mi madre, Leonor de Châtellerault había muerto algunos años atrás. Llevo el nombre de mi madre y el apellido de mi padre, Leonor de Aquitania.De la noche a la mañana heredé el inmenso ducado de Aquitania que se extiende desde el Loira hasta los Pirineos y es mayor que los dominios directos del rey de Francia.  Era muy complicado para mí gobernar un ducado tan grande sola, por esta razón, cuando vino el mismísimo rey Luis VI a pedirme que me case con su hijo, acepté.Luis VII y yo contrajimos matrimonio en Burdeus el 4 de julio de 1137. Yo tenía 16 y él 17. Pocos días después murió su padre y ascendimos al trono de Francia. Luis era demasiado austero y serio, yo en cambio era libre como el viento, alegre, despreocupada y muy independiente. Introduje a la corte francesa los trovadores y los vestidos de colores y escotados. Con el tiempo, estas diferencias causaron mucha fricción entre nosotros.Ocho años más tarde nació nuestra primera hija, María, en 1145. A pesar de que mi marido no estaba de acuerdo, partimos los dos a la segunda cruzada en 1147. Yo, como duquesa de Aquitania y feudataria de Francia, me sentía en mi pleno derecho de ir, como cualquier otro señor feudal.Debido a mi manera de ser, comenzaron a correr rumores de que mi tío Raimundo de Poitiers tenía amoríos conmigo. Nos queríamos mucho y éramos bastante afines, aparte de que era muy guapo. Luis estaba celoso y eso sumado a los rumores logró generar un gran distanciamiento en los dos. Cada uno tomó su camino de regreso y nos encontramos en Roma en donde el Papa trató de reconciliarnos. En 1151 nació nuestra hija Adelaida, sin embargo nuestra relación estaba completamente dañada. Luis me reclamaba por no haberle dado un varón y heredero a la corona. Finalmente, en marzo de 1152 conseguimos la anulación de nuestro matrimonio basada en un parentesco lejano, a pesar de eso, yo pedí conservar mis dominios.Al estar sola y siendo dueña de tantas tierras, sin la protección de Francia, sabía que tendría algunos pretendientes para contraer matrimonio conmigo, por interés. Eso me asustaba, porque incluso se me podría presentar alguien que haya querido casarse conmigo a la fuerza. Decidí tomar acción yo misma y proponer un matrimonio bajo mis propios términos.Pensé en Enrique Plantagenet de Anjou quien nos había hecho una visita en la corte real francesa hace poco tiempo. Tenía diez años menos que yo, a mi parecer fue la mejor opción.Llegué en secreto a Poitiers y envié un mensaje a Enrique que se encontraba en Lisieux preparando una invasión a Inglaterra. Apenas recibió la nota vino a verme. Nos casamos el 18 de marzo de 1152, apenas dos meses después de mi separación con Luis VII. Al poco tiempo nació nuestro primer hijo, Guillermo. Luis VII estaba furioso, no solo porque me había vuelto a casar tan rápido sino porque además le acababa de dar un hijo a Enrique. Murió pronto pero enseguida tuvimos otro, Enrique en 1155, Matilde en 1156, Ricardo en 1157, Godofredo en 1158, Leonor en 1161, Juana en 1165 y Juan en 1166. Enrique se convirtió en rey de Inglaterra en 1154. Era el hombre más poderoso de ese tiempo. Controlaba Inglaterra, Escocia, el país de Galles, una parte de Irlanda, y más de la mitad de Francia, desde Normandía a Gascoña, pasando por Maine, la Touraine, Anjou e incluso Bretaña que pasó a sus manos en 1158. Nuestro reinado influyó mucho en el desarrollo cultural y social de Europa, ambos propusimos cambios que consideramos necesarios, consiguiendo resultados positivos.   Me interesó mucho centrarme en impulsar la literatura artúrica y su colección de mitos. Todo estaba basado en nosotros, en nuestras vidas. La ciudad de Camelot, el rey Arturo, la Reina Ginebra, el Mago Merlín y los Caballeros de la Mesa Redonda, sentía que los conocía a todos.Constantemente me juzgaban por ser un espíritu libre, tenía, según lo que decían una decena de amantes. Enrique en cambio, tenía derecho a sus amantes sin ser mal visto. Podía soportar los romances de Enrique, hasta que se enamoró de Rosamunda y eso en verdad dolió. Llegó a hacerlo público. Nos estábamos distanciando enormemente.A mis 47 años, tanto Enrique como yo queríamos planificar las cuestiones sucesorias entre nuestros hijos. Esto dio un giro a mi vida, el repartir las tierras y destinarlas a los hijos no era tarea fácil. Mi hijo Enrique resentía a su padre por entregarle la corona de una manera compartida, o sin todos los derechos que mi hijo esperaba. Yo me puse del lado de él. Poco tiempo después el tema de los repartos de tierras se volvió muy complejo y de pronto mis tres hijos se volcaron contra su padre.  Yo fomenté y apoyé la revuelta en contra de Enrique porque él tomaba decisiones sobre las tierras sin consultarme, incluso las de Aquitania. Lo más duro y confrontativo fue que mis hijos y yo nos aliamos a mi primer esposo, Luis VII. Temía ser descubierta y que me encierren, entonces decidí huir vestida de hombre y a caballo hacia Paris para reunirme con mis hijos. No lo logré, en el camino me detuvieron y me llevaron al castillo de Chinon donde me aprisionaron por haber sido la pieza principal de la traición de nuestros hijos. Es así que me mantuvo encerrada durante 16 años hasta su muerte en 1189. Enrique ganó las batallas frente a nuestros hijos, les devolvió las tierras, pero la relación nunca se recuperó.Enrique y Godofredo, mis hijos, habían muerto y yo no pude estar cerca. La muerte  de mi marido me devolvió mi libertad, y yo no podía estar más contenta. Con la subida al trono de mi hijo Ricardo, que sería llamado Ricardo, Corazón de León, pude ser útil como lo ansiaba. Actué como regente durante las frecuentes ausencias de mi hijo. Siempre sentí una preferencia hacia Ricardo por eso lo escogí para entregarle la regencia del Ducado de Aquitania cuando él tenía apenas 15 años.Ricardo y Juan, mi hijo menor, tenían peleas constantes y Ricardo no quería nombrarlo su heredero. El 6 de abril de 1199 Ricardo murió en mis brazos debido a una flecha disparada por un niño que había perdido a su padre y a su hermano en una batalla con Ricardo. Lo mató por venganza. Antes de morir Ricardo lo perdonó y nombró a Juan como heredero. Me dejó destrozada.Estos últimos años me he mantenido cerca de Juan para apoyarlo y guiarlo en su reinado. Lo va a perder todo, lo presiento.Estoy cansada y me he retirado a la abadía de Fontevrault. Es 1204, he vivido 82 largos años. Algunos de ellos muy lindos. Otros no tanto.Me voy soñando en los trovadores y en los caballeros que luchan por llegar a sus damas inalcanzables. Me voy soñando en ese amor tan bonito que se tienen en esas historias bellas.Leonor
  • (Greis Carolina)
  • (Greis Carolina)
  • (greis Carolina)
  • (Greis Carolina)
  •                                                                   2 de febrero de 1592He sido una mujer que proviene de la nobleza. ¡No puedo creer que mis días se están acabando en esta prisión! Nací en Cifuentes, Guadalajara, en España, el 29 de junio de 1540. Mi padre fue Diego Hurtado de Mendoza, miembro de una de las más importantes familias de la nobleza de Castilla, por otra parte mi madre, su primera esposa, María Catalina de Silva y Álvarez de Toledo, fue hija de los Condes de Cifuentes. Me llamaron Ana, Ana de Mendoza. Mis padres discutían mucho y terminaron separándose, lo cual no era para nada común.En mi educación aprendí esgrima, donde sufrí un accidente que me llevaría a usar parche toda la vida; sin intencionalidad alguna un paje irresponsable me clavó la punta de un florete en el ojo derecho y dañándomelo de por vida.  Me he acostumbrado, incluso creo que el uso del parche me ha dado una cierta belleza y originalidad. Desde niña he sido hermosa, así se me consideró siempre.En 1553 cumplí doce años, y seguí la recomendación del príncipe Felipe. Firmé las capitulaciones de boda con Ruy Gómez de Silva. Mi esposo era príncipe de Éboli. Gracias a él fui conocida como la princesa Éboli.  El príncipe era mayor a mí con 24 años.Para 1556 Felipe II se convirtió en rey y a su vez, mi esposo en su ministro, también en líder del partido pacifista de la corte. En nuestros primeros cinco años de casados pasamos juntos muy poco tiempo, a lo mejor tres meses. Por órdenes de Felipe II, Ruy debía pasar mucho tiempo en Inglaterra, sin embargo, tuvimos la bendición de estar juntos 16 años antes de que en 1573 la muerte se lo llevara. Fuimos felices. Lo amaba y amaba mi vida de esposa, madre y mujer de la nobleza. Tuvimos 10 hijos. Cuánto extraño esa época donde todo era simple y las cosas se me daban naturalmente.Junto a Ruy solicitamos la construcción de dos conventos de la orden religiosa de las carmelitas descalzas en Pastrana.  Yo quería que fuesen construidos bajo mis reglas, provocándome varios conflictos con las monjas, sobre todo con Teresa de Jesús quien era la fundadora de las Carmelitas Descalzas.A la muerte de mi esposo, quien murió repentinamente quedé destrozada y un poco perdida. Mi esposo había puesto paz al problema con las Carmelitas, pero al fallecer los problemas volvieron y con más fuerza.Al enviudar, yo quería hacerme monja junto con todas mis criadas. Siempre estuve inconforme con Teresa de Jesús, se interponía mucho, me concedió a regañadientes ingresar en el convento. Me ubicó en una celda austera, al poco tiempo me cansé, junto a mis criadas nos fuimos a una casa en el huerto del convento en la cual podía tener lo que deseaba, mis vestidos, mis joyas y  además tener comunicación directa con la calle y poder salir a mi antojo. El estar encerrada sin ningún tipo de lujo, no era para mí.   A la final ¡yo era una princesa, una mujer de la nobleza!Al conocer sobre esta situación, Teresa dictaminó que todas las monjas abandonaran           el convento de Pastrana, dejándome sola. ¡Esto no se podía quedar así! ¡Regresé a mi palacio en Madrid y publiqué una biografía contando mis verdades sobre Teresa.Fue el escándalo de la Inquisición española y prohibieron mi obra durante diez años!De vuelta en la Corte contraje amistad con Antonio Pérez, secretario del rey. Demasiado amiga lo puedo decir ahora. Antonio era encantador y sabía envolver a las personas con gran facilidad. Era un manipulador y fui una de las tantas incautas que creyeron en sus enredos, a tal punto de convertirme en su amante.  Fuimos descubiertos por Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria, hijo  del difunto rey Carlos I de España, y por ende hermanastro de Felipe II. Juan Escobedo era secretario del rey de Austria y amigo desde la infancia. Era brillante y repleto de información. Se dio cuenta sobre las intenciones de Antonio. Para mí era inevitable escuchar ciertas conversaciones y planes que tenía Antonio. Nunca supe toda su verdad, pero si intuí que le temía a Juan de Escobedo.EL  31 de marzo de 1578 Juan de Escobedo fue asesinado, noticia que conjuntamente con su salud acabaron con Juan I de Austria para morir tiempo después.Al enterarse de la muerte de su hermano, Felipe II comenzó a percatarse de las manipulaciones de Antonio. Descubrió lo que había pasado y lo mandó a encerrar, yo caí detrás. Hasta entonces habíamos mantenido en secreto nuestros amoríos, pero al enterarse, Felipe me acusó de conspirar en su contra y haber sido cómplice. Mi vida se ensombreció ese mismo día. Me quitó la tutela de mis hijos, mi corazón comenzaba a morir. Me despojó de la administración de mis bienes. Me hizo encerrar en la Torre de Pinto en Pastrana, luego en la fortaleza de Santorcaz y finalmente en el palacio Ducal en Pastrana de donde no volví a salir nunca y donde mi hija menor, Ana de Silva me atendió y acompañó.Varias veces, sin resultado alguno, pedí a Felipe protección y no castigo.Supe que Antonio Pérez había escapado de su celda a Aragón en 1590. Entonces Felipe mandó a poner rejas en todas las ventanas y puertas del palacio.Desde mi celda logro divisar la Plaza de la Hora. Es el tiempo que me dan diariamente para asomarme a la ventana. Miro con mi único ojo a través de las rejas de ese pequeño hueco de luz como transcurre la vida. Hoy, dos de febrero de 1592, he sido despojada de todo, no me queda más que esperar mi muerte profundamente triste y humillada.Ana de Mendoza
  • (Marisol Romero)
  • (Marisol Romero)
  • (Marisol Romero)
  • (Marisol Romero)
  •                                                                 15 de Agosto de 1614Llevo casi cuatro años encerrada en esta ínfima prisión, sin entender porqué. Este agujero fue alguna vez mi suntuosa habitación. Casi no me dan de comer ni de beber, pero lo que más falta me hace es la sangre.  Siento que me han quitado el aire, estoy muriendo. ¡Ya no lo soporto!Tengo 54 años, me siento anciana. En estos últimos años de encierro debo haber envejecido al menos veinte años. Era la sangre lo que me mantenía joven y hacía mi piel tersa y hermosa, aparte de darme vitalidad.Nací el 7 de agosto de 1560 en Byrbathor, Transilvania. Pertenezco a una de las familias más antiguas, poderosa y adineradas de este lugar. Mis padres, los condes Ana y Jorge Báthory, eran primos. Mi abuelo materno fue Esteban Báthory de Somlyó y mi  tío materno fue Esteban I Báthory, príncipe de Transilvania y rey polaco entre 1575 y 1586.Hoy en día nada de eso tiene importancia.  Me llamo Erzsébeth Báthory. Poco antes de cumplir 6 años recuerdo que me daban unos ataques extraños que me llevaban al piso a convulsionar.Fui educada con esmero, aprendí a leer y escribir, también, hablo húngaro latín y alemán.Recuerdo claramente la primera vez que presencié un homicidio, era  niña, debo haber tenido unos 9 años más o menos. Estábamos con mi institutriz,  escapé para mirar como ejecutaban a un gitano que por vender a su hijo a los turcos fue condenado a muerte. Los soldados abrieron el vientre de un caballo, introdujeron el hombre en su interior, cosieron la herida, dejando solo la cabeza del gitano por fuera, esto me produjo excitación y un deseo morboso  de mirar como este hombre sufría y agonizaba lentamente.Cuando cumplí 11 años fui prometida a mi primo Ferenc Nádasby quien era un conde muy apuesto. A los doce pasé a residir en el castillo de mi prometido donde vivía mi suegra, Úrsula a quien yo odiaba. Para mis quince, el 8 de mayo de 1575, nos casamos. Ferenc, tenía 20. La ceremonia fue inmensa, alrededor de 4500 invitados. Ferenc adoptó mi apellido que era mucho más ilustre que el suyo, nos fuimos a vivir en el Castillo de Csejthe en compañía de mi suegra y de otros miembros de su familia.Mi esposo  pasaba mucho tiempo batallando en algunas  		guerras y se ganó el título de “Caballero Negro”. Disfrutaba   de las torturas que ejercía  a sus víctimas y eso a mí me encantaba. Intercambiábamos información sobre las maneras más apropiadas de castigar a los sirvientes.Estos recuerdos aprietan mi pecho, tengo frio, sin embargo,el sudor cae por mi frente, todo huele mal y quisiera  una de mis sirvientas para torturarla lentamente mientras lamo la sangre de su cuerpo. La vida en el castillo era bastante aburrida así que tuve que ir encontrando diversiones. Me rodeé de extraños sirvientes con los que practicaba experimentos y brujerías relacionados con la alquimia, una de ellas era una bruja llamada Dorkó y mi antigua nodriza Jó llona. Ellas comenzaron a aconsejarme sobre el uso de la sangre para evitar arrugas y manchas en la piel. En ese entonces disfrutaba martirizar a mis sirvientas; las desnudaba, cubría de miel y las dejaba en medio del jardín para deleite de los insectos, también las dejaba en el gélido invierno, afuera, mientras las congelaba con hielos hasta convertirlas en verdaderas estatuas. En 1585, 10 años después de nuestra boda nació nuestra primera hija, Anna. Después siguieron Úrsula, Katherina y finalmente en 1598 mi hijo Paul. La maternidad me llevó a un lado que yo no conocía, la ternura, y el amor puro, gustaba cuidar de ellos.Con el transcurrir del tiempo  yo temía a la vejez, convirtiéndose  en mi obsesión.El 4 de enero de 1604 mi “Caballero Negro” murió de una enfermedad repentina, yo tenía 44 años. Al saber que mi marido no estaría más, decidí echar del castillo a mi suegra y otros familiares de Ferenc. Un día, cuando una de mis sirvientas me peinaba, me jaló el cabello, reaccioné de inmediato, me di la vuelta para darle una bofetada, esto hizo que me salpique sangre de la herida que le provoqué.  Pude experimentar en ese mismo instante como la piel de mi mano en donde había caído la sangre, se ponía tersa, blanca y se limpiaba de cualquier mancha. Recordé las palabras de mi nodriza y de Dorkó. Ese mismo momento ordené  que la desnudaran y la degollaran para volcar su sangre en un balde. Me sentía fuera de mí, tal era mi excitación que  regué toda la sangre en mi cuerpo y la bebí con mis manos.Con la ayuda de mis brujas y Juan Ujváry, el mayordomo creamos un alucinante sarcófago al cual llamamos La Virgen de Hierro. Tenía forma de mujer en el que introducía a mis víctimas que sufrían el pinchazo de los múltiples clavos que recubrían su interior. Recuerdo a Pola, una de mis sirvientas, tenía 12 años, pobre, no soportó ser mi cómplice, huyó, y mis brujas me la trajeron de vuelta. La recibí vestida de blanco, le arrancamos la ropa, la encerramos en una jaula muy estrecha forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar, en la que apenas cabía a pesar de ser ella muy pequeña.Luego levantamos bruscamente la jaula con una polea y la  	hicimos balancear, de modo que las cuchillas la destrozaron lentamente. Fue un verdadero deleite.La fuente de la juventud estaba en la sangre de mujeres vírgenes, jóvenes y niñas.Durante más de diez años, salí en mi carruaje en búsqueda de mis presas. La atracción hacia las mujeres jóvenes se había vuelto infinita, les prometía una vida mejor, algunas eran fáciles de engañar, y las que no, tenía que drogarlas y las traía a la fuerza conmigo. Disfrutaba tanto de verlas agonizar lentamente mientras yo las mordía hasta la muerte. Fueron los años más felices de mi vida. A muchas de mis presas les di cristiana sepultura, acudía  a un pastor local para que lo hiciera, diciéndole que habían muerto por causas desconocidas. No sé cuántos cuerpos le llevé, pero fueron muchos.  Comenzó a dudar de mí y rechazó seguir recibiéndolas. Al principio, los cadáveres eran enterrados con esmero, 50 mujeres en el sótano, alrededor del castillo y en otros lugares secretos. Cómo también había restos, decidí convertir los muros de mi castillo en sarcófagos. Poco a poco dejamos de tener cuidado en dejar los cuerpos botados en los campos. ¡Cuánto extraño esa época!Los campesinos comenzaban  a dudar, no se hicieron esperar los rumores. Cada vez había menos mujeres en  los campos. Yo utilicé mi estatus social para mantenerme inmune. Sin embargo, por mi sed de sangre tuve que recurrir a chicas de la aristocracia, siendo este mi peor error.EL rey Matías comenzó una investigación. Envío a Thurzó, un primo mío con quien no nos llevábamos bien. No resistí, yo no contaba con un ejército que me defienda. Al atravesar los muros de Csejthe se encontraron frente a frente con la cantidad de cadáveres torturados, desangrados y olvidados. A mí me encontraron en medio de mi deleite en un baño de sangre.La sentencia se hizo pública el 17 de abril de 1611. Fui condenada a cadena perpetua. Mis cómplices fueron ejecutados. Ya son cuatro años en prisión. Emparedaron este hueco conmigo en mi propio castillo. No he vuelto a ver la luz, sigo sin entender que  hice mal. No tengo arrepentimiento alguno, solo eran sirvientas y cada quien cumple su destino, en el caso de las niñas aristócratas vinieron al mundo a servirme. Si sólo tuviera una copa de sangre para beber, todo sería diferente. Cada día me siento más débil. Creo que estamos en agosto, no sé. En todo caso sólo espero mi muerte, sin sangre no quiero vivir. Erzsébet
  • (Carolina Rodriguez)
  • (Carolina Rodriguez)
  • (Carolina Rodriguez)
  • (Carolina Rodriguez)
  •                                                               Septiembre 10 de 1898La vida nos trae situaciones que nos marcan para siempre… Aquellas en las que una prefiere haber tomado el camino alternativo y aquellas que se nos presentan sin opción a cambio y simplemente no queda más que aceptar. Mi vida fue marcada por ambas.  Nací en Múnich el 24 de diciembre de 1837, crecí en Possenhofen, a orillas del lago Starnberg, libre y feliz, siempre en contacto con la naturaleza y en un ambiente desinhibido. Mis padres fueron Maximiliano José de Wittelsbach y la princesa Ludovica, hija del rey Maximiliano I de Baviera. Me llamaron Isabel, Isabel de Baviera. Recuerdo mi infancia despreocupada rodeada de 9 hermanas y hermanos.Elena, mi hermana mayor,  era muy diferente a mí, elegante, discreta, muy religiosa y sumamente disciplinada. Tanto mi madre como mi tía Sofía, madre del emperador Francisco José, pensaban que ambos debían unirse en matrimonio. Jamás olvidaré aquella reunión, ese encuentro que cambiaría mi vida, y no de la mejor manera.En 1853 se concretó una cita en la residencia de verano de la familia imperial con la intención de cerrar aquel compromiso tan anhelado. A último momento se decidió que yo acompañara a mi madre y a Elena a dicho encuentro, nadie esperaba lo que sucedió. Nuestro primo Francisco José no se interesó en Elena de ninguna manera, no solo eso, no me quitó los ojos de encima y lo único que hacía era acercarse y tratar de conversar conmigo. Cómo le he dicho tantas veces a Marie Valerie, mi hija menor a quien le hemos dado la libertad de escoger: “El matrimonio es una institución insensata. Te venden niña con apenas 15 años y haces un juramento que no entiendes y del que te arrepientes durante 30 años, o aún más, pero que ya no se puede romper.”  Él tenía 23 años y yo apenas quince, en primer momento me sentía halagada de sus atenciones, pero pronto me percaté de nuestras diferencias en intereses y de temperamento. El emperador de Austria quería casarse conmigo y jamás aceptaría una negativa de mi parte.Tenía miedo, pero inocentemente creí que todo sería más fácil. El 24 de abril de 1854, a mis cortos 16 años nos casamos en la Iglesia de los Agustinos de Viena.Ya instalada en Hofburg, el palacio imperial, me di cuenta en lo que me había metido. Quería  huir a toda costa. Yo estaba acostumbrada a mi libertad. Cualquier acto espontáneo era frenado inmediatamente. Mis damas de compañía eran mucho mayores a mí y extremadamente conservadoras. Sofía, mi suegra se convirtió en mi peor pesadilla. Criticaba mis vestidos, mi forma de ser, mis hábitos y mis intereses. Francisco estaba demasiado inmiscuido en sus ocupaciones y yo me sentía profundamente sola. Me refugiaba en mis perros, con los que paseaba en la corte, en la equitación que me encantaba y en larguísimas caminatas en los jardines del palacio.Un año más tarde di a luz a mi primera hija, Sofía.   La archiduquesa, mi suegra decidió hacerse cargo de la pequeña desde el primer momento, considerándome totalmente incapaz de ser madre y poder educarla. Al año siguiente nació Gisela y Sofía quiso imponerse nuevamente y alejarme de mi bebé. En esta ocasión logré oponerme y no se lo permití.  Después de quince días , mis niñas fueron trasladadas al palacio conmigo.Tal fue mi desgracia que en 1857 Francisco José y yo viajamos a Hungría con las niñas. Sofía se  opuso a que las pequeñas viajen, por lo tanto, yo, cegada por la ira que sentía ante ella me negué y viajamos con ellas. El 29 de mayo de 1857, ya en Budapest,  murió mi niña,  murió Sofía por una disentería que contrajo durante el viaje. Me sentía culpable, jamás me lo perdoné. Devolví a mi suegra la responsabilidad de la educación de Gisela, el hecho propició que me fuese denegado el derecho sobre la crianza del resto de mis hijos, quedando a cargo de Sofía.  Esto me llevó a una terrible depresión que no logré superarla, incluso con el nacimiento de mi hijo Rodolfo, nacido un año después, el 21 de agosto de 1858.Dentro de mi forma de ser, liberal, vivía en contradicción conmigo misma. Mi figura debía ser delgada. Mido 1m70, y mi peso no sobrepasa los 50kg. Alguna vez escribí: he tenido que reducir aún más mis frugales comidas, pues estaba a punto de sobrepasar los 50 kilogramos de peso –un límite fatídico para mí– y mi espalda ha comenzado a producirme unos persistentes dolores, que algunos días me han impedido montar por la tarde. Me inventé una dieta para mantener mi cintura en 47centímetros: carne de ternera o faisán siempre fría, leche fresca y sangre de buey, sin probar nunca las verduras ni las frutas, salvo las naranjas, sin importarme que  mi salud se pusiera en riesgo… debía hacerlo.La depresión en la que vivía al enfrentarme con mi realidad, con esa prisión que no soportaba hizo que empezara a viajar, hasta me prescribieron  alejarme. Adquirimos un bellísimo palacio en Corfú y un barco llamado Miramar en el cual emprendía viajes maravillosos. Esa fue mi llave hacia la libertad. En contra de lo establecido,  abandonaba Viena a mi antojo para encontrarme con el mundo. Durante mucho tiempo viajé a Portugal, Hungría, España, Egipto, Marruecos, y muchos lugares más.En agosto de 1862, ya con 25 años sobre mí, regresé a Viena. Esta vez más firme y madura. Acordamos con Francisco José que no me sometería a la disciplina de la corte al menos que fuera estrictamente necesario. Cumpliría con mis deberes como emperatriz, manteniendo un espacio propio donde disfrutar mi individualidad.A través de Rodolfo descubrí un lado de Francisco José que no me gustó para nada. Era sumamente estricto con nuestro hijo, imponiéndole  una educación militar extrema, llegando incluso al maltrato. Esto causaba tensión entre nosotros. Fue entonces cuando Rodolfo y yo nos unimos mucho. Él era como yo, compartía mis pensamientos liberales. ¡Cuánto amaba a mi hijo! Francisco José incluso lo obligó a contraer matrimonio con la princesa Estefanía de Bélgica a quien no amaba.Toda mi vida he amado a Hungría, me interesaban los rebeldes aristócratas húngaros que no dejaban descansar en paz a las conservadoras mentes del Imperio. En aquella época en que Europa vivía en guerras yo me disfrazaba para visitar hospitales, asilos y manicomios. En 1867 nació el imperio Austrohúngaro mediante nuestra coronación como reyes.  Un año más tarde, cuando yo tenía 30 años nació mi cuarta y última hija Marie Valerie, fue la única a quien pude educar. Yo la llamo mi hija húngara, es en quien he podido transmitir mis costumbres e ideas. Ya que yo viajaba durante largas temporadas no esperaba que Francisco José me fuese fiel. Cuando en 1885, Katharina Schratt, una actriz del Burgtheater de Viena entró en la vida de mi esposo, lo hizo con mi aprobación. De hecho, me llevaba tan bien con su amante, que mandé a hacer un retrato de ella y lo coloqué en el despacho de mi esposo. Él y yo habíamos logrado tener una relación llena de cariño, respeto y amistad. Nunca dejó de amarme. Yo, por mi lado había conocido a George Middleton quien fue mi piloto en 1874 cuando visité Inglaterra. Desarrollamos una relación muy cercana y disfrutábamos de nuestra compañía. En otro momento conocí a Gyula Andrássy quien era ministro de Relaciones Exteriores. Era húngaro y compartíamos los mismos ideales.Se rumoreaba que Marie Valerie es su hija, sin embargo, ella se parece tanto a Francisco José que los rumores se esfumaron con el tiempo. Francisco prefería no hacerse eco de las habladurías.El 30 de enero de 1889 viví el dolor más grande de mi existencia. Encontraron a Rodolfo muerto en el pabellón de caza deMayerling junto a su amante, María Vetsera. Se dijo que habían hecho un pacto de amor, que él la había disparado y después se disparó a sí mismo. Rodolfo tenía apenas 31 años, nunca creí en su suicidio, no existían pruebas suficientes. Después se pensó que pudo haber sido un complot político, pero tampoco hubieron pruebas suficientes. Fuese lo que fuese mi corazón murió ese día. Desde entonces visto de negro y llevo conmigo un abanico de cuero del mismo color, con el que escondo mi rostro avejentado. Estos años he pasado en Corfú y he recorrido diferentes lugares, pocas veces he vuelto a Viena, vivo inmersa en mi dolor.Hoy, 10 de septiembre de 1898 a mis 71 años, estoy en Ginebra, saldré a caminar junto a mi dama de compañía, Irma Sztárav.Deseo sentir la libertad del viento junto al lago infinito de esta ciudad.Sissi
  • (Randi Krarup)
  • (Randi Krarup)
  • (Randi Krarup)
  • (Randi Krarup)
  • (Randi Krarup)
  •                                                                       Enero 22 de 1901Mis padres me dieron el nombre de Victoria, escogiéndolo a la perfección.Nací en Londres el 24 de mayo de 1819. Mi padre, Eduardo, duque de Kent y mi abuelo el rey, Jorge III murieron cuando yo tenía apenas un año. Mi madre fue; Victoria de Sajonia-Coburgo-Saafeld, princesa alemana, ella se encargó de educarme, ella y su ambicioso y dominante mayordomo, sir John Conroy elaboraron reglas sumamente estrictas para formarme. Llegué a sentirme  bastante aislada. Aprendí francés, alemán, italiano y latín; y hablaba inglés en casa. A los 18 años llegué al trono porque el destino así lo quiso. Ninguno de mis tres tíos por lado de mi padre tuvo descendencia, lo cual me colocó como la heredera al trono. Mi tío Leopoldo, me enseñó a cultivar estas tres virtudes: el valor, la firmeza y la honestidad, a las cuales me aferré incondicionalmente.Horas después del fallecimiento de mi tío y predecesor Guillermo IV, el arzobispo de Canterbury se arrodilló ante mí para comunicarme oficialmente que me había convertido en reina de Inglaterra. Esa tarde escribí en mi diario: «Ya que la Providencia ha querido colocarme en este puesto, haré todo lo posible para cumplir mi obligación con mi país. Soy muy joven y quizás en muchas cosas me falte experiencia, aunque no en todas; pero estoy segura de que no hay muchas personas que tengan la buena voluntad y el firme deseo de hacer las cosas bien tanto como yo».Lo primero que hice al reunirme con el consejo fue preguntar a sus miembros si es que como reina podía hacer lo que me dé la gana, al considerarme muy joven e inexperta me dijeron que sí. Por primera vez ordené a mi madre que me deje sola una hora en mi habitación ¡Cuánto la disfruté! Mi madre había sido casi una tirana conmigo. Al salir, expresé mi siguiente orden: que mi madre desocupe mi habitación, de ninguna manera la seguiría compartiendo con ella. Fue mi primer grito de libertad.Cuando llegué al trono, el Reino Unido era una monarquía constitucional establecida, lo cual no me daba mucho lugar para imponer, así que influí en privado en el nombramiento de ministros, lo cual hizo que Melbourne se convierta en mi primer ministro y no solo eso, él era mi primer consejero, toda acción política se lo consultaba. En público en cambio me convertí en el modelo de los valores a seguir. Fui la primera soberana en residir en el palacio de Buckingham.Un año antes mi tío Leopoldo quiso presentarnos a mí con mi primo hermano Alberto, planeando una unión entre los dos. Paralelamente mi tío Guillermo, aún en el trono quería que me case con el príncipe Alejandro de los Países Bajos. Cuando conocí al príncipe Alberto disfruté mucho de su compañía. Escribí en mi diario: «Alberto es extremadamente guapo, su pelo es del mismo color que el mío, sus ojos son grandes y azules y tiene una nariz bonita y una boca muy dulce con unos buenos dientes. Pero el encanto de su cara reside en su expresión, que es muy agradable». Por otra parte, encontraba a Alejandro «demasiado simple». En realidad, agradecí mucho a mi tío Leopoldo por su contribución en presentarnos,  en mi carta decía: «Alberto tiene todas las cualidades deseables para hacerme totalmente feliz. Es tan sensible, tan amable y tan amoroso. Además, tiene el exterior más agradable y encantador que he conocido».La insistencia de mi madre en estar cerca y querer controlarme era insoportable, se lo comenté a Melbourne, el sugirió entonces una boda, esto mantendría a mi madre alejada. Alberto vino de visita por segunda vez en octubre de 1839, debido a que sentíamos una atracción mutua, le pedí matrimonio. Nos casamos el 10 de febrero de 1840 en la Capilla real de St. James en Londres. ¡Yo estaba tan enamorada! Escribí en mi diario: «NUNCA, NUNCA he pasado una noche así. MI QUERIDO, QUERIDO, QUERIDO Alberto [...] con su gran amor y afecto me ha hecho sentir que estoy en un paraíso de amor y felicidad, algo que nunca esperaba sentir. Me cogió en sus brazos y nos besamos una y otra vez. Su belleza, su dulzura y su amabilidad —nunca podré agradecer suficientes veces tener un marido así— [...] que me llama con nombres tiernos como nunca antes me han llamado ha sido una increíble bendición. Este ha sido el día más feliz de mi vida.»Además de ser mi compañero de vida, Alberto se convirtió en un consejero político importante. Su asesoramiento era tan acertado, asi que finalmente sustituyó a Melbourne. Mi madre tuvo que abandonar el palacio y fue enviada a Ingestre en Belgrave Square. Alberto ayudó a que nuestra relación entre madre e hija mejore.Poco tiempo después de la boda, el 10 de junio de 1840, mientras íbamos en el carruaje con Alberto, un hombre loco trató de asesinarme, su nombre era Edward Oxford, disparó dos veces y sus balas fallaron. Yo estaba embarazada de nuestra primera hija. ¡Fue horrible!  Lo juzgaron por alta traición y después liberado, al diagnosticarle locura.Tuvimos nueve hijos, cuatro hombres y cinco mujeres. Pasé embarazadadesde 1840 a 1857 con pocos años de descanso entre cada embarazo. La verdad, odiaba estar embarazada, me sentía incómoda. embarazo. La verdad, odiaba estar embarazada, me sentía incómoda. Dar el pecho me parecía repugnante y además, todo recién nacido es feo. Con tanto embarazo Alberto empezó a encargarse de ciertas responsabilidades que me correspondían como reina. Mis sentimientos encontrados hacían que mi cabeza de vueltas. Al mismo tiempo que admiraba con locura a mi amado esposo también lo resentía, me sentía puesta a un lado. Mi forma de ser, siempre se caracterizó por explotar fácilmente. Alberto tenía terror a esos episodios y en ocasiones prefería dejarme notas bajo la puerta.En marzo de 1861 mi madre a quien yo había rechazado tanto murió a mi lado. Al leer los documentos que dejó me di cuenta de cuánto me había amado. Quedé destrozada.En noviembre del mismo año corrieron los rumores de que nuestro hijo Eduardo tuvo una aventura con una prostituta. Alberto fue a verlo y conversaron muy largo, estábamos tan decepcionados. Esta noticia acabó con Alberto quien estaba enfermo. Murió en diciembre dejándome completamente devastada. Evité apariciones públicas y hasta ahora conservo el luto.Jamás perdoné a Eduardo. De hecho, siempre me decepcionó. Sin darme cuenta me convertí para mis hijos en lo que mi madre fue para mí. Controladora, de una manera enfermiza, no fui cariñosa sino severa, siempre imponiendo mi ley y haciéndolos sentir mi decepción. Cuando Vicky anunció que estaba embarazada, le dije: «La noticia nos ha disgustado enormemente». Mis dos hijas Vicky y su hermana menor, Alicia se pusieron de acuerdo para desafiarme. En secreto amamantaron a sus bebés. En cuando lo descubrí, me enfurecí y las llamé «vacas»Yo quería que fuesen tan perfectos como había sido su padre, el único que se le parecía era Arturo. Él fue mi favorito; siempre nos complació y obedeció en todo. Después de la muerte de Alberto decidí seguir su objetivo: trabajar sin descanso al servicio del país. Lo evocaba a menudo, en conversaciones y en mi vida diaria, lo tenía presente.Me entregué a Inglaterra de una manera segura dirigiéndola firmemente. A pesar de mi aislamiento al público cumplí mis deberes oficiales sin participar activamente en el gobierno. Pasaba mis días en mis residencias reales como Balmoral, en donde me encontraba con mi querido mayordomo John Brown, quien era definitivamente un apoyo para mí. Pasaba también en Windsor y Osborne House. La popularidad de la monarquía subía o bajaba de acuerdo con ciertos acontecimientos. Así es la historia. Logré que una aristocracia se fuera impregnando de los valores de la burguesía a medida que esta llevaba a su apogeo a la revolución industrial.En 1868 y después de 1874 a 1880 Benjamín Disraeli fue primer ministro. Por unos años dominó la política británica con su adversario Gladstone. Disraeli supo comprenderme y me trajo por un tiempo de vuelta a la actividad. Manifestó un respeto profundo y me convirtió en símbolo de la unidad imperial al coronarme en 1877 «Emperatriz de la India».La vejez me iba envolviendo poco a poco, lentamente. El dolor suavizó mi amargura, pero me adentraba en la tristeza. Sonreía poco.La muerte de mi hija Alicia en 1878, un 14 de diciembre al igual que su padre, seis años después la muerte de mi hijo Leopoldo, en 1892 la muerte de mi nieto Alberto Víctor y finalmente en 1900 la de mi querido hijo Alfredo me encogían el corazón, el cuerpo y el alma.Me convertí en un mito viviente durante mis últimas tres décadas de reinado. Fui objeto de reverencia dentro y fuera de Gran Bretaña. Mi gran sentido común, la tranquilidad y seguridad que transmitía, mi íntima identificación con los deseos y preocupaciones de la clase media consiguieron que a la sombra protectora de mi imagen de la viuda de Windsor cobre un poder e impregne como la era victoriana la segunda mitad del siglo.Es el año de 1901, comienza un nuevo año y me siento agotada y débil. El pensamiento de la guerra en África me carcome. El dolor de la artrosis me va acabando. Hoy es 22 de enero de 1901, tengo 81 años de los cuales he reinado 63. Sé que la muerte viene por mí, pronto me re encontraré con mi amado Alberto.Victoria
  • (Nina Brauer)
  • (Nina Brauer)
  • (Nina Brauer)
  •                                                                  10 de marzo de 1673Mi vida ha sido una serie de hechos destinados a complacer. Me llamo Margarita Teresa, soy hija de Felipe IV de España y de su sobrina y segunda esposa Mariana de Austria. De igual manera mi destino estaba marcado y yo sería esposa de mi tío Leopoldo I, hermano de mi madre.Nací el 12 de julio de 1651, aprendí desde pequeña a llevar un corsé que apretaba mi cuerpo con la rigidez de una armadura. El tema de mi matrimonio era importantísimo frente a lo que sería la sucesión del reino en el futuro. Me convertí en una pieza valiosa de la política de estado que podía posibilitar la reconciliación entre las dos ramas de los Habsburgo.En 1657 nació mi hermano Felipe, lo cual trajo tranquilidad frente a la herencia de la corona, desgraciadamente murió cuando tenía 4 años. Todos quedamos inmiscuidos en una tristeza profunda. Mi hermana María Teresa, primogénita  de mi padre en  su primer matrimonio con Isabel de Borbón se había casado con Luis XIV rey de Francia. Tuvo que renunciar a todos sus derechos sobre la corona española, de esa manera Francia quedaba excluida a la monarquía hispánica. sin embargo, si yo me casaba con Leopoldo, por situaciones políticas había la posibilidad de que la herencia podría recaer en los descendientes de Luis XIV. Mi hermano Carlos nació poco después y esos miedos se esfumaron, aunque no completamente porque la salud de él era un poco frágil. Después de Carlos, la herencia recaería sobre mis hijos.A mis  12 años fui prometida a mi tío. El conde de Pötting fue enviado a Madrid para cumplir el mandato de la embajada imperial, el venía para conseguir mi mano para Leopoldo I. El 6 de abril de 1663 se publicó nuestro compromiso siendo firmadas las capitulaciones el 18 de diciembre del mismo año por el conde de Pötting y el duque de Medina de las Torres. Yo soy una pieza política, y de eso se trata el matrimonio. Cuando mi padre murió en septiembre de 1665 quedé desolada. Siempre tuvimos  una relación cercana y me ha hecho mucha falta. Recuerdo un retrato que me hizo Juan Bautista Martínez del Mazo cuando yo vestía luto completo a mis 14 años. También  viene a mi mente uno de los tantos retratos que me hizo Diego Velázquez cuando tenía 8 años y vestía un vestido azul. Creo que es mi favorito.Mi hermano Carlos, niño aún no podía reinar así que mi madre reinó por el cómo regente hasta cumplir los 14.  En el testamento de mi padre estaba muy claro cuál era la posición de herencia de las infantas. El derecho castellano no nos excluía ni de la línea sucesoria ni de los derechos de herencia, sin embargo, los mismos derechos primaban al varón sobre la mujer por lo cual el príncipe heredaba el trono mientras que las mujeres unidas en matrimonio con otros monarcas debíamos por lo general renunciar a nuestros derechos sucesorios. A pesar de esto mi padre dilató mi matrimonio con Leopoldo por temor a que Carlos muriese, quería asegurar mis derechos en caso de que eso pase.Después de muchas dudas se me anunció que el matrimonio con Leopoldo sería el 25 de abril de 1666 por poderes. Salí de Madrid el 28 de abril y emprendí un viaje de 8 meses hasta llegar a mi destino, Viena, el 5 de diciembre. Fui muy bien recibida y Leopoldo fue amable conmigo. El festejo del matrimonio imperial fue espléndido. Siempre me enseñaron que debía cumplir con lo que se esperaba de mí. Al cumplir los 16 tuve mi primer hijo quien sería el heredero a la corona hispana, pero falleció antes de cumplir un año, dejándome totalmente destrozada.Cumplí 18 y tuve mi primera niña, María Antonia quien sería comprometida a mi hermano Carlos. Es preciosa.A los 19 tuve otro varón,  tampoco sobrevivió.  Yo soy aquella pieza sin mayor opinión metida en un corsé apretado en el cual encierro mis dolores en silencio.Margarita Teresa
  • (Antonella Becdach)
  • (Antonella Becdach)
  • (Antonella Becdach)
  • (Antonella Becdach)
  •                                                             4 de noviembre de 1796Un 2 de mayo de 1729 llegué al mundo gracias a mis padres, Cristián Augusto de Anhalt-Zerbst y Juana Isabel de Holstein-Gottorp; en Szczecin, Pomerania, actualmente Polonia, en el seno de la dinastía Anhalt-Zerbst.Me llamaron Sofía Federica Augusta (Sophie Friederike Auguste von Anhalt-Zerbst, apodada “Figchen”). Fui una princesa alemana de rango menor y tengo una remota ascendencia sueca, relacionada con Carlos IX. De acuerdo con la costumbre de la nobleza de la época fui educada principalmente por tutores franceses.Los acuerdos políticos para fortalecer la alianza entre Rusia y Prusia hicieron que me comprometan con el Gran Duque Pedro, nieto de Pedro el Grande. Desde un principio hice lo posible para ser amada por mi esposo, por su tía, la emperatriz Isabel y por el pueblo ruso. Por la madrugada pasaba largas horas aprendiendo ruso y de esa manera ser más acogida.A pesar de que mi padre, luterano ferviente se opuso a mi conversión a la Iglesia Ortodoxa Rusa, el 28 de junio de 1744 fui bautizada con el nombre de Catalina (Yekaterina o Ekaterina) Alekséyevna.Mi matrimonio con Pedro se dio el 21 de agosto de 1745 en San Petersburgo. Teníamos 18 y 16 años de edad respectivamente. Nos instalamos en el palacio Oranienbaum. Lo nuestro fue un fracaso desde el principio. Pedro era sumamente inmaduro y no logró consumar nuestro matrimonio durante ocho años.  ¡ Era tan aburrido en la cama!  Evidentemente nos distanciamos como pareja, él se consiguió una amante y yo varios, entre esos Serguéi Saltykov, Charles Hanbury Williams y Estanislao II Poniatowski.Catalina Dáshkova, la hermana de la amante de mi marido se convirtió en mi amiga y me presentó a varios políticos muy poderosos que se oponían a Pedro. Siempre me interesó leer e instruirme, estaba muy bien informada sobre los crecimientos de Rusia. Mantuve correspondencia con grandes pensadores y filósofos como Voltaire y Diderot. La muerte de la emperatriz Isabel el 5 de enero de 1762, me trajo poder y libertad frente a mi hijo. Pablo nació en octubre de 1754. Cuando nació, la Zarina me lo arrebató de los brazos para ella misma educarlo como futuro Zar. Evidentemente ella sabía que no era hijo de Pedro, porque era impotente, sin embargo, ella prefirió evadir esa realidad y lo tomó como su propio nieto.En julio de 1762 Pedro cometió una gran equivocación; se retiró con sus guardias de Holstein y sus amigos de Oranienbaum, dejándome en San Petersburgo.  Vista la oportunidad Grigori Orlov, quien era mi amante en ese momento y estaba al mando de la Guardia Imperial Rusa, se rebeló contra Pedro proclamándome como la nueva gobernante de Rusia. El golpe triunfó. Aparentemente a Pedro le tuvo sin cuidado, el reclamaba una finca tranquila, su viejo violín, suministros de tabaco y vino de Borgoña. ¡ Qué hombre tan tibio era Pedro! Seis meses después fue asesinado por Alekséi Orlov (hermano menor de Grigori). Pablo siempre me culpó por la muerte de Pedro.Yo tenía 33 años cuando sucedí a Pedro. Accedí al trono gracias a una elección unánime de la nación,  sin embargo, una gran parte de la nobleza no estaba de acuerdo y únicamente  lo toleraba  por la minoría de edad de mi hijo Pablo. La verdad es que he logrado mantenerme en el trono hasta el día de hoy, próximo a mi muerte. Con mi estrategia política interior y exterior intenté una europeización del país, la nobleza obtuvo un puesto relevante que anteriormente no lo habían tenido. Es cierto que en un momento dado tuve problemas con los campesinos, pero siempre logré volver a una estabilidad y engrandecer a Rusia. He amado este país como si fuera mío.Ofrecí a Diderot traer la enciclopedia que fue prohibida en Francia,  propuse completar su gran trabajo en Rusia bajo mi protección.Di asilo a los jesuitas expulsados de España, así podían formar a la élite. Decidí ser la primera vacunada y de esa manera fomentar las vacunas en Rusia. Amé fundar el Hermitage y comencé a llenarlo con una exquisita colección artística. Me hubiera encantado incluir las ideas de Montesquieu, pero no fue posible. Me centré en la expansión del territorio. Puedo decir que jamás me aburrí, siempre existían cosas por hacer en bien  del país las cuales he disfrutado mucho.Por otra parte, en cuanto a mis amantes… es verdad; he disfrutado de la sexualidad de una manera apasionada e intensa, jamás quise ocultarlo porque pensé que así los rumores serían menores. Hice que me construyeran  una habitación erótica, la cual estaba copada por decoraciones con falos, senos y figuras teniendo relaciones sexuales. Supe tratar bien a mis amantes, les convertía en mis favoritos, llenándolos de regalos y bienes. Siempre me han gustado los hombres más jóvenes. Amé a Grigori Potiomkin quien fue mi gran apoyo político. Mi último amante, el príncipe Platón Zúbov, 40 años menor que yo, resultó ser el más caprichoso y extravagante de todos.Me atormenta la idea de que mi hijo Pablo sea mi sucesor. Así sea hijo de Serguéi Saltykovno y no de Pedro es tan parecido a él y eso me produce un rechazo inmediato. He pensado dejar el trono a mi nieto Alejandro y he tratado en varias ocasiones de que Pablo renuncie al trono, sin ningún tipo de éxito. Me convertí en Catalina, ¡Catalina la Grande! Tengo 67 años de los cuales he reinado 34. Me siento muy cansada. He engordado mucho. Mis piernas pasan hinchadas y no me siento bien. Tengo jaquecas y dolores constantes de estómago, sin embargo, quiero seguir engrandeciendo a Rusia. Todos dicen que trabajo mucho mientras que a mí me parece que he hecho muy poco cuando miro lo que me queda por hacer.Catalina
  • (Mía Gonzáles)
  • (Mia Gonzáles)
  • (Mia Gonzáles)
  • (Mia Gonzáles)
  • (Mia Gonzáles)
  •                                                           16 de noviembre de 1558Estos últimos meses han sido una tortura! No soporto los dolores en mi vientre, y si bien pensé que estaba embarazada y eso me llenaba de felicidad, puedo ver ahora que no es así.Tengo el vientre inflamado y quema por dentro. No me queda mucho tiempo, siento que mi cuerpo no resistirá. La cabeza me duele y tengo fiebres constantemente. Sé que Dios enviará pronto a la muerte por mí. Es tiempo de tomar decisiones importantes. Debo nombrar a mi sucesor antes de irme y no logro calmar mi mente.Nací el 18 de febrero de 1516 en Greenwich, Inglaterra,  siendo mis padres Enrique VIII y Catalina de Aragón. Soy la cuarta hija y la única sobreviviente de  esa unión debido a que mis hermanos  nacieron muertos o murieron a temprana edad. Cuando nací, mi padre tenía la esperanza que fuera un  niño, así podría tener un sucesor. Fui bautizada en la fe católica con el nombre de María Tudor, en honor a mi tía. Cuando niña  era muy abierta y sociable, a los cuatro años entretuve a una delegación tocando el clavicémbalo, no tardé en aprender latín al igual que el griego, francés, español y me doctriné en otras habilidades de música y danza.Siempre fui una niña muy linda, mi belleza era un tema de conversación.Mi padre negoció varios matrimonios para mí, desde mi corta edad de dos años. Todos debido a  alianzas políticas, los mismos que por diversas razones  fueron anulados.A mis once años, después que mi madre no le había podido proporcionar un hijo varón, mi padre pidió a Roma la anulación de su matrimonio, petición que el  Papa negó. Es así que mi padre decidió abandonar la Iglesia Católica y se casó con Ana Bolena a través del Protestantismo, proclamándose jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. De aquel matrimonio nació mi media hermana Isabel.A partir de ese momento mi vida cambió muchísimo y tuve que tomar la decisión de escoger una religión a la cual serle fiel. Recordaba que  mi madre era muy creyente y yo me mantuve con ella. Adopté el catolicismo. Más tarde fuimos expulsadas de la corte real, y en  1533 me vi en la obligación de  renunciar a mi título de princesa y un año más tarde una nueva ley del Parlamento inglés me retiró de la sucesión y la puso  en favor de Isabel, mi título de noble cambió.  Se dirigían a mi como Su Alteza, ahora me llamaban Lady Mary, una dama más de la corte de Isabel.Mi madre fue separada de la corte, la enviaron a vivir lejos. En 1536 falleció y no me permitieron asistir a su funeral, algo que nunca perdonaré a mi padre.Irónicamente Ana Bolena murió el mismo año, fue ejecutada por alta traición. Para ese entonces mi padre tenía una nueva esposa llamada Juana Seymour y de este lecho nupcial nació mi hermano Eduardo quien fue designado como el heredero a la corona. Su madre Juana murió a las pocas semanas de dar a luz.Ante la posición religiosa que mi padre había tomado para Inglaterra, la Torre de Londres se llenó rápidamente de prisioneros que no se sometían al nuevo régimen. Mi padre siguió  cambiando de esposas hasta que se casó con Catalina Parr. Ella logró algo que parecía imposible, una reunión familiar y de re encuentro con mi padre. Mediante el Acta de Sucesión mi padre volvió a incluirnos a Isabel y a mí. Reinaría mi hermano Eduardo, en caso de su muerte seguiría yo, y si yo falleciese lo seguiría Isabel. Después de unos años de reinado, mi hermano murió repentinamente  en 1553, pero, debido a una maniobra política y una decisión absurda de Eduardo, Juana Grey, sobrina de mi padre subió al trono por nueve días. Por falta de apoyo,  entré  triunfante a asumir la corona, pensando que finalmente los católicos volveríamos a tener voz. Mi primer dictamen fue liberar a algunos católicos fieles de la Torre de Londres, situación que se tornó difícil ya que muchos de los que planificaron la subida de Juana al trono eran parte de los consejeros privados. Nombré a Gardiner como consejero privado y le designé obispo de Winchester. El 30 de septiembre me trasladé al palacio de Westminster en compañía de mi hermana Isabel. EL 1 de Octubre de 1533, a mis 37 años, Gardiner me coronó reina en la abadía de Westminster convirtiéndome en la nueva soberana de Inglaterra. Fui la primera reina titular, recibí ceremonialmente las espuelas y la espada, pero también los cetros que corresponden al rey titular y la reina consorte.Me casé con Felipe II de España con la intención de asegurar la sucesión. Mi hermana Isabel, de religión protestante como mi padre, era la siguiente sucesora después de mi muerte, pero yo estaba decidida a pelear por mi religión, es por eso que  Felipe fue una buena opción, a pesar de que yo le llevo 11 años y eso me preocupaba. Siempre me mantuve firme en el hecho de que él no influya en los asuntos políticos de Inglaterra, además él tenía su país para gobernar así que eso no fue un problema.¡He deseado tanto un hijo! Lo que me sucede ahora ya pasó antes. He creído estar embarazada, con síntomas físicos, y no es un bebé lo que crece en mi vientre. ¡Me duele constantemente y me debilita!En mis pocos años de reinado , apenas cinco, me he dedicado a terminar con los protestantes y a reinstaurar el catolicismo y la acogida de vuelta al Vaticano. Aprobé la condena en la hoguera de 300 religiosos que no quisieron convertirse al catolicismo. Me han apodado María la Sangrienta. Lo heredé de mi padre, soy implacable y sé que debo serlo, por Dios y  la memoria de mi madre. Mucho se ha discutido sobre mi sucesor. Hay el riesgo de que María Estuardo, nuestra prima asuma la corona, ¡ya la ha reclamado! Cuánto hubiese querido que Isabel sea católica. ¡Qué dolor tan grande!Ya no tengo tiempo… el 6 de noviembre finalmente he nombrado a Isabel mi sucesora. Le he pedido su conversión y ella se ha negado. Tengo 42 años, y no cumpliré más. Acabo de recibir la extremaunción. Noviembre de 1558, al fin me encontraré con mi Padre celestial.María
  • (Fernanda Barragán)
  • _MG_2811
  • (Fernanda Barragán)
  • (Fernanda Barragán)
  • (Fernanda Barragán)
  •                                                                            Mayo  de 1525MI nombre es Paccha, significa hermosa como la luna, majestuosa como el sol. Significa también, la escogida. Soy una princesa puruhá, nací en 1485 en el Palacio de Capac Cocha, Cacha. Mi padre fue el cacique Cacha Duchicela Shyri XV.El Sapa Inca Túpac Yupanqui sometió a muchos pueblos, incluyendo al nuestro. Cuando su hijo Huayna Cápac le sucedió, muchos nos levantamos en su contra. Mi padre murió en ese levantamiento, llamado la batalla de Atuntaqui en 1487. Quedé como la heredera al trono y legítima soberana del Reino de Quito. Me convertí en Paccha Duchicela Shyri XVI.Los Caranquis se mostraron bastante sumisos al principio, lo cual permitió a Huayna Cápac alejarse hacia otros lugares de su imperio, nosotros, los rebeldes, dirigidos por los caciques Nazcota Puento y Pinton, resistimos durante 17 años y nos aliamos con las tribus de Pasto.Finalmente, Huayna Cápac nos venció. La laguna Imbaya, fue rebautizada como Yaguarcocha por  tantos hombres que murieron ahí y se tiñó  de sangre.Con esa victoria Huayna Cápac me tomó como su esposa como una estrategia política, y de esa manera integrar a todos los pueblos de Quito al gran imperio del Tahuantinsuyo, convirtiéndome entonces en su soberana.Tuvimos cuatro hijos. Atahualpa sería el sucesor de Huayna Cápac. La ciudad de Quito fue poblada con colonos y se convirtió en un importante centro imperial desde donde mi esposo podía gobernar nuestro imperio.Presiento que mi muerte está cerca, lo siento en el viento y en la tierra.Paccha
  • (Majo Acosta)
  • (Majo Acosta)
  • (Majo Acosta)
  • (Majo Acosta)
  •                                                                       2 de abril de 1689En mi vida, el modelo a imitar fue Alejandro Magno, la frase que me marcó y que la seguí siempre fue: “Me gustaría destacar por encima de todos por mi sabiduría, más que por la extensión de mis dominios.”Fui incomprendida y resentida por muchos, sin embargo, nunca dudé de mis decisiones. Nací el 8 de diciembre de 1626 en Estocolmo. Fui rechazada por mi madre al nacer, debido a que  ella quiso darle a mi padre un varón. Irónicamente él me recibió con amor y me aceptó, tanto así que antes de morir me confirmó como su heredera con todos los derechos a la corona. Mi padre fue Gustavo Adolfo II, rey de Suecia,  me amó y sufrí su muerte antes de cumplir seis años. Mi madre, María Leonor de Brandeburgo procedía de la importante dinastía alemana de los Hohenzollern. Con ella mantuvimos una relación muy difícil.Fui protestante de nacimiento y educación, religión escogida por el gobierno sueco.Al morir mi padre en 1632, me conviertí en reina con apenas cinco años de edad. El canciller Oxenstierna pasó a gobernar como regente y a participar activamente de mi educación para formarme para el trono. Por razones de estado fui separada de mi madre y puesta al cuidado de mi tía Catalina, hermana de mi padre. Pasé un par de años junto a mi primo Carlos Gustavo quien más tarde se convertiría en rey, poco tiempo después regresé al cuidado de mi madre ya que mi tía Catalina había muerto. La relación con mi progenitora era complicada así que pasé al cuidado de la hermana del canciller Oxenstierna. A los 13 años dejé de ver a mi madre hasta el día de mi coronación.Desde niña fui de contextura gruesa y bajita, en ocasiones  me confundían con un niño,  no me molestaba.Dentro de mi educación aprendí asuntos de Estado y política. El obispo Mattiae Gothus, fue jefe de estudios me instruyó en idiomas, filosofía, historia, geografía, teología, astronomía y matemáticas.Además de sueco hablo alemán, latín, francés, italiano, español, holandés y algo de hebreo. Siempre he tenido sed por aprender, también me interesan las artes lo cual impulsé mucho durante mi reinado.Mi temperamento siempre ha sido fuerte y firme. Mi voz ronca a veces asustaba. Me encanta la equitación, la caza y la esgrima y muchas veces me sentí más cómoda vistiendo ropajes de hombre, son más cómodos, simples, especialmente los pantalones. Fui una de las primeras mujeres en vestir abiertamente la vestimenta tradicional masculina, para ser sincera las joyas y los vestidos no me han interesado.Cumplidos mis 18 años asumí el cargo de soberana, reemplazando gradualmente al canciller Oxenstierna. En 1648, a pesar de nuestras diferencias firmé el tratado de paz que ponía fin a la Guerra de los 30 años. Fui juzgada por algunos ya que el país quedaba afectado  económicamente.  Debido a la guerra no se pudo hacer mi coronación, así que apenas el 17 de octubre de 1650 se la llevó a cabo. Nombré a mi primo Carlos Gustavo como mi sucesor.Durante mi reinado atraje a muchos notables intelectuales europeos, ofreciéndoles mi apoyo y patrocinio. El filósofo francés René Descartes llegó a Estocolmo, habíamos mantenido correspondencia durante hace algún tiempo, un hombre brillante. Me  apenó mucho su partida de este mundo apenas unos meses después de su llegada a Suecia. Adquirí obra importante de algunos pintores famosos, como el díptico de Durero, Adán y Eva. Llegó el día en que se lo regalé a Felipe IV de España.Me apodaron como La Minerva del Norte. Abrí nuestro país a la cultura de una forma impresionante. Recibí a filólogos, anticuarios, bibliotecarios, poetas, historiadores y otros. Además, apoyé el desarrollo del ballet y el teatro. Traje a Antonio Brunati quien construyó en el castillo un escenario con escenografías móviles llamada la Grande Salle des Machines. Evidentemente todo esto implicó una gran suma de dinero.El contacto tan intenso que tenía con los diferentes pensamientos culturales hizo que me cuestionara en mis creencias más íntimas. Me preguntaba cuan válido era el protestantismo, religión oficial de Suecia, cuando me presionaban a tener un marido y de esa manera descendencia. No me interesaba el matrimonio y tampoco desée tener hijos, por otra parte, en el catolicismo en cambio admiraba el celibato y defendí mi derecho a mantenerme célibe. Esto porque sentía un llamado interior que me llevaba a la búsqueda de algo más profundo del alma y menos terrenal como reinar. En 1654, a mis 27 años tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida; anuncié al Consejo del reino mi decisión de abdicar, esta decisión era mi búsqueda de libertad. El 6 de junio de 1654, en el castillo de Upsala me despedí de lo que había sido mi vida hasta entonces, entregué mi corona a mi primo Carlos Gustavo X y con el pecho atorado y mi corazón disminuido me despedí de todos.No me iré de este mundo sin mencionar a Ebba Sparre, conocida como la bella condesa, realmente lo era. Nos hicimos muy amigas, pasábamos juntas el tiempo libre. En un punto nos convertimos en amantes y yo no tenía por qué esconderlo, de hecho la presenté al embajador inglés Whitelocke como mi compañera de cama. La belleza de Ebba no era solo física, contaba con  un intelecto maravilloso. Despedirme de ella fue muy doloroso, siempre  sería mi amante. Cuando me marché mantuvimos correspondencia hasta su muerte, unos años más tarde.Dediqué mi tiempo a viajar por Europa y reflexionar.  Pasé por Nyköping para despedirme de mi madre quien murió un año después. Al llegar a  Roma tomé la segunda decisión mas difícil de mi vida; convertirme al catolicismo. Primero fue en privado, estando bajo la protección de Felipe IV. Después de un tiempo lo anuncié públicamente. La noticia fue recibida en Suecia, así como en otros reinos protestantes, con asombro y hasta decepción, pues resultaba extraño que la hija del León del Norte - Gustavo II Adolfo -, el paladín del protestantismo hubiera abandonado su fe por la del enemigo. ¡La eterna guerra entre las religiones!En mi camino a Roma paré por la antigua universidad, el Santuario de la Santa Casa (en Ancona), donde doné una corona de doce diamantes y cuatro rubíes a la Virgen, y  fui a Asís, la cuna de San Francisco. Durante los siguientes diez años me instalé en Roma. Para asesorarme y guiarme en mi nuevo ambiente, el Papa Alejandro VII designó al Cardenal Decio Azzolini. ÉL se convertiría en una pieza importantísima. Dediqué mi vida al fomento de las artes, fundé la Academia Real, abrí teatros y apoyé económicamente el trabajo de grandes artistas como Bernini. Gocé de años de prestigio en los que la vida en Roma se convirtió en una serie de fiestas y eventos sociales en donde yo era la protagonista. Eventualmente esto molestó al Vaticano, pues el nuevo Papa, Inocencio XI era muy conservador. No fui de su agrado y me tuve que marchar por un tiempo. Felipe IV me retiró su protección. Mi situación económica se vio muy afectada.Decio Azzolini siempre estuvo a mi lado. Sirvió de portavoz en las diferencias entre el Papa Inocencio y yo. Decio era un hombre brillante y carismático. Nuestras conversaciones siempre fueron un deleite. Compartimos los mismos intereses, amamos la cultura, fue así comoe me enamoré de él y me ilusioné. En reiteradas oportunidades  le declaré mi amor al cual él lo tomó como una profunda amistad, y no era por la Iglesia, simplemente él no se enamoró de mí. Nunca fui muy congraciada y peor con los años encima.Al volver en dos ocasiones a Suecia,  no fui bien recibida. Mi país consideraba que yo les había traicionado. Al tratar de  volver a la corte, tampoco conseguí un resultado favorable, a pesar de que mi primo Carlos Gustavo había muerto súbitamente.En los años que siguieron, tanto mi economía como mi salud sufrieron paralelamente. El compromiso que Suecia tenía conmigo para hacerme llegar mis ingresos se vio mermado por el estado de guerra de mi país.Regresé a Roma, esta vez con otra realidad mucho más austera. Me he dedicado a escribir. Decio me acompaña mucho, siempre está presente y lo agradezco de corazón, ha demostrado ser  un amigo fiel.Es 1689, estos últimos meses han sido agotadores, no me he sentido nada bien. Me cuentan que el 13 de febrero he sufrido un desmayo y esto se ha repetido tres días después. Me han sugerido que reciba la extremaunción, lo cual he aceptado con calma. Le he escrito al Papa Inocencio pidiéndole perdón por nuestras diferencias, él me  ha dado la absolución. También, he escrito mi testamento en el cual dejo mis bienes a Decio quien también está enfermo como yo.Es abril, deseo ser amortajada de blanco y sepultada en el Panteón de Agripa. No quiero que mis restos sean expuestos, no quiero nada que muestre vanidad. Mi epitafio en mi tumba quiero que sea tallado en una piedra sencilla, solo con la inscripción “D.O.M. Vixit Christina anos LXIII” (Deo Optimo Maximo. Vivió Cristina 63 años).Cristina
  • (Isabella Cordero)
  • (Isabella Cordero)
  • (Isabella Cordero)
  • (Isabella Cordero)
  • (Isabella Cordero)
  • (Isabella Cordero)
  •                                                                   29 de mayo de 1431He sido sentenciada a la hoguera. Mi fe, puesta en Dios me dirá qué hacer en cada segundo. Por unos días tuve tanto miedo que dejé de afirmar cuántas veces había escuchado la voz de Dios. Me iban a cambiar la sentencia a  la de mantenerme encerrada de por vida, pero no pude con el cargo de consciencia. Mi vida se la debo a Dios, y solo a Él. He tenido que decir la verdad y reafirmar su llamado y sus órdenes. Nací aproximadamente 19 años atrás, alrededor de 1412, no estoy segura. Me llamaron Juana (Jheanne) y me hice llamar Juana la Doncella, sin embargo, en mi pueblo, Domrémy me llamaban Jehannette. Mis padres Jacques Darc e Isabelle Romée siempre fueron buenos conmigo y me educaron bajo la creencia católica. Mi madre sobre todo fue muy devota. Recibí la consagración del bautismo en mi pueblo de manos del padre Jean Minet.  Durante toda mi vida hemos estado en guerra -la guerra de los 100 años-. Los hombres no han querido escuchar la palabra de Dios, hemos sido necios.Declaré en el interrogatorio de mi proceso, hace pocos días, el jueves 22 de febrero de este mismo año en Ruan. «Yo tenía trece años cuando escuché una voz de Dios. Fue al mediodía en el jardín de mi padre. La primera vez que la escuché me invadió un miedo profundo. La voz venía del lado de la iglesia y normalmente era acompañada de una gran claridad, que venía del mismo lado de la voz. Me pareció que la voz era muy noble y creo que me fue enviada de parte de Dios. Cuando la escuché por tercera vez, supe reconocer a un ángel. A veces no la entendía demasiado bien, primero me aconsejó que frecuentara las iglesias y después que tenía que ir a Francia, sobre lo cual empecé a presionar. Además, esta voz, la escuchaba unas dos o tres veces por semana. No mucho después, reveló otro de los mensajes clave que me envió: Ella me decía que yo levantaría el asedio de Orleans». Un día identifiqué estas voces, las reconocí porque las propias santas se identificaron. Eran las voces de Santa Catalina de Alejandría y de santa Margarita de Antioquía. Ahora entiendo por qué fueron ellas quienes vinieron a mí para hablarme. En vida, Santa Catalina persuadió al emperador Maximiliano para que dejara de perseguir a los cristianos. Después fue condenada a morir en la rueda lo cual es una tortura. Fractura los huesos, pero esta se rompió cuando Catalina la tocó. Finalmente fue decapitada a una edad como la mía. Santa Margarita en cambio fue despreciada por su fe cristiana, le ofrecieron matrimonio a cambio de que renunciara a sus creencias; al negarse fue torturada hasta la muerte. Ellas son mis hermanas de fe y me guiaron hacia Dios.Fue el arcángel  San Miguel, protector del reino de Francia, al que vi con mis propios ojos, acompañado de los ángeles del Cielo. Fue él quien me ordenó partir para liberar a Francia y así cumplir con la voluntad de Dios. Comprendí que estos llamados de corte celestial me indicaban que debía unirme al ejército de la monarquía francesa para luchar por la recuperación de los territorios ingleses.Fue en 1429, cuando los ingleses estaban a punto de tomar Orléans, cuando  acudí al rey de Francia, quien no había sido coronado aún debido a las luchas internas, pedí audiencia con él, pero tomó tiempo hasta que se efectuara. Cuando entré a su habitación lo reconocí de entre los otros por consejo y revelación de mi voz, y le dije que quería hacer la guerra a los ingleses. Él tenía miedo de mí y se había vestido con ropajes de sus súbditos. Le pedí que me proporcionara de hombres para armar un ejército y luchar en contra de la toma de Orleans.Fue el señor y conde de la Vendôme quien me  llevó al apartamento del rey. Cuando me miró, preguntó mi nombre. «Señor delfín, me llamo Juana la la Doncella (Jehanne, la Pucelle); y el Rey del Cielo te envía una palabra a través de mí, por la que tú consagrado y coronado en Reims, y que tú serás el lugarteniente del Rey del Cielo, que eso es ser rey de Francia». Después de que el rey me hizo unas cuantas preguntas, le dije: «Con mis respetos, te digo que tú eres el verdadero heredero de Francia e hijo del rey, y Él me envía para guiarte hacia Reims al final, donde puede que recibas tu coronación y consagración. Si tú quieres». Sustenté mi misión como divina ya que era enviada de Dios. Al principio Carlos VII no estaba seguro, yo insistí en que yo era solamente un instrumento de Dios para cumplir la voluntad sagrada.Fueron los consejeros y teólogos del rey los que le aconsejaron apoyarme. Yo tenía lo que muchos franceses habían perdido: esperanza. Carlos VII aceptó y puso un ejército a mi cargo. Ese año emprendimos una operación contra los ingleses en Compiègne. El 17 de julio de 1429 cantamos victoria en la toma de Orleans. Esto logró conseguir la corona de Francia para Carlos VII. Podía sentir la fuerza de Dios corriendo por mis venas. Mi fe se engrandecía y no tenía duda alguna de que pudiésemos seguir venciendo. Estaba segura de que el mensaje divino era seguir luchando para lograr la expulsión de los enemigos y de sus aliados.  El Rey pretendía terminar con el conflicto llegando a acuerdos de paz, así eso representara  la pérdida de derechos o territorios.Con esta idea Carlos VII comenzó a minimizar el envío de hombres a mi ejército, lo cual provocó la derrota ante un ataque sorpresivo, el 23 de mayo de 1430 hubo una emboscada en la cual los soldados borgoñeses me capturaron y entregaron a sus aliados ingleses. El Rey no logró hacer nada para rescatarme.Fui interrogada varias veces durante catorce meses. Mi juicio tuvo lugar en Rúan, con más de ciento veinte participantes. Estamos en 1431, parece ayer cuando estábamos venciendo a los ingleses por medio de Dios. En estos meses he pasado encarcelada en una de las torres del castillo de Felipe II. Traté de escapar varias veces, sin éxito alguno. Estoy tan cansada de escuchar preguntas incrédulas, sin fe alguna. He sido presentada frente al tribunal eclesiástico en Rúan que me ha juzgado de herejía y brujería, alegando que las voces que escuchaba venían del demonio. También me acusan de  abandonar a mis padres, y de vestir prendas de hombres, a lo cual he respondido: «Todo lo que yo hago es por orden de Nuestro Señor. Si él me ordenara tomar otro hábito, yo lo tomaría, porque sería por orden de Dios». En total han presentado contra mí como setenta cargos siendo el más grave de todos el de Revelationum et apparitionum divinorum mendosa confictrix (invento de falsas revelaciones y apariciones divinas).El 24 de mayo el tribunal dictó sentencia considerándome apóstata, mentirosa, sospechosa de herejía y blasfema hacia Dios y los Santos. Para lo que  he respondido que no siento culpa porque fui un instrumento para cumplir la voluntad de Dios.Mañana 30 de mayo me levantaré, me confesaré, comulgaré, rezaré y escucharé la voz de mi Señor. Me llevarán a la hoguera en el mercado de Rúan y Dios me guiará a Él como lo ha hecho siempre. Amén.Juana
  • (Lorena Robalino)
  • (Lorena Robalino)
  • (Lorena Robalino)
  • (Lorena Robalino)
  • (Lorena Robalino)
  • (Lorena Robalino)
  •                                                                          6 de Julio del 60Mi nombre es Boudica, soy reina de los icenos. Somos una tribu britana. Soy una guerrera y así será mi pueblo.Nací en el a o 30 (d.C.) en una familia icena. A los 18 a os me casé con Prasutagus. Él fue el rey de nuestra tribu, y el padre de nuestras dos hijas.Desde que recuerdo, nuestros pueblos han sido dominados por los romanos. Su líder actual, Nerón tiene intenciones de  subyugarnos eternamente. Para todos los pueblos sometidos la situación era sumamente complicada, la estructura que había establecido Roma para regir era; que los britanos rindieran cuentas políticas y económicas ante dos procuradores imperiales. Esto representaba unas  buenas monedas a lo largo de los meses. Todo se ponía peor cuando los centuriones tomaban medidas extremas con quienes retrasaban su pago o se negaban a realizarlo.Mi esposo siempre supo prever y a lo largo de su vida atesoró una gran fortuna. Prasutagus sentía una preocupación  que era el no haber tenido hijos varones, ya que, si él muriese, sus sucesora sería yo o una de mis hijas, y eso no era aceptado, peor por los romanos. En el a o 43, cuando todavía estaba Claudio al poder, mi esposo pronosticando lo que un futuro podía suceder con Roma, se alió, ofreciendo ayuda a las tropas del emperador en la conquista de Britania, esta decisión nos permitió una especie de libertad de  movimiento disfrutando de un período de paz en nuestra historia.Con el fin de garantizar nuestra seguridad familiar y de nuestro pueblo se pactó con los romanos una futura alianza entre nuestras hijas y el imperio. Al morir legó la mitad de nuestras posesiones a los romanos y la otra a nuestras hijas, esperando que con el sacrificio de una parte de nuestro reino se pudiera asegurar el reposo de nuestra familia.  No tenía idea de lo que acababa de hacer. ¡Se nos venía el infierno!En el a  o 60 (d.c.) mi esposo Prasutagus murió y nada de lo pactado se respetó. Sufrí su partida, al mismo tiempo todo lo que se aproximaba no me dio tregua para sentir su ausencia.Roma de ninguna manera  aceptó que el poder se encuentre a cargo de  una mujer, el solo hecho de que yo fuese la nueva reina hizo que vengan a reclamar sus bienes y a someternos como cualquier otro pueblo.  Mucha de nuestra gente fue esclavizada, sus tierras y posesiones les fueron confiscadas.Me opuse y resistí, pero me obligaron a pagar, me humillaron públicamente, desnudándome frente a mi pueblo, me azotaron para demostrar su poder, y lo peor, ¡violaron a mis hijas, obligándome a mirar! Los centuriones repugnantes se turnaban introduciendo sus horribles miembros en mis ni as. Recuerdo sus gritos, los  míos y revivo ese momento una y otra vez. Recuerdo las caras de esos criminales y mis hijas pidiendo clemencia.Vengaré a mí pueblo, esto no se va a quedar así.  ¡Todos temerán a Boudica!Reuní a mi gente, pedí a los pueblos cercanos que se me unan, incluyendo los trinovantes. ¡La guerra comenzaba!Mi gran estatura, mi voz áspera, mi mirada fija, mi cabello rojo hasta la cintura, mi lanza, mi escudo y finalmente la pintura de guerrera sobre la cara, me iban transformando en una bestia lista para matar. ¡No habían límites! ¡Yo era la cabeza de mi ejército! Reuní alrededor de 200.000 soldados, no contábamos con grandes armaduras como  los romanos. Algunos no habían combatido nunca, pero nada de eso importaba.  Esto se trataba de algo visceral, de reclamar nuestros derechos y lo que nos fue arrebatado, es decir, se trataba de defender nuestras vidas y decir BASTA.Partimos  hacia Camulodunum. Fue una masacre. Nada iba a pararnos. Íbamos tan ávidos de sangre, llenos de ira, no había soldado que se salvara, los atravesábamos con cuchillos. No prestamos atención  a todos los refuerzos enviados, la consigna siguió siendo; nadie se salva. Después prendimos fuego a la ciudad, como lo habían hecho con nosotros. Torturamos y asesinamos a todo prisionero romano, crucificándolos y torturándolos con fuego, empalados con pinchos ardientes. Continuábamos  camino a Londinium con la misma fuerza indomable. Allá fueron más precavidos y muchos abandonaron la ciudad, dejándola a su suerte. ¡Cobardes! Sin defensa alguna matamos a quienes se habían quedado. Murieron como 70.000 ciudadanos y todo esto nos daba fuerza para combatir directamente con las legiones romanas. Semanas después recibimos la invitación a re enfrentarnos, ellos escogerían el lugar.Nosotros éramos más, pero ellos se encontraban mejor organizados y protegidos  con cascos, armaduras y escudos. Nosotros íbamos casi desnudos con una lanza, un cuchillo y un escudo que no resistía a las lanzas romanas. El destino parecía estar claro, aquel día nos vencieron. No podré vivir con esta derrota, si acaso, una de estas malditas lanzas no acaba conmigo, lo haré yo misma.¡No me esclavizarán! Boudica
  • intro
  • Galleries
  • Biography
  • Contact
  • Blog
  • Store

Images © 1992-2019 Lorena Cordero. Site design © 2010-2025 Neon Sky Creative Media