Fine Art Galleries: Your Majesty The Queen: Carta María Estuardo

                                                                  8 de febrero de 1587Me han llamado María, María Estuardo. Nací el 8 de diciembre de 1542 en el palacio de Linlithgow (Reino de Escocia).Soy la única hija legítima sobreviviente de mi padre Jacobo V, a quien jamás conocí. Falleció a mis seis días de vida, convirtiéndome en la sucesora del trono escocés; mi madre María de Guisa, fue su segunda esposa.Poco tiempo después mi tío, Enrique VIII de Inglaterra aprovechó la regencia del Conde de Arrán y propuso el matrimonio entre su hijo Eduardo, y yo, esperanzado en una unión entre Escocia e Inglaterra. A mis casi siete meses de vida, el 1 de julio de 1543 se firmó el Tratado de Greenwich. Este decía que al yo cumplir diez años de edad me casaría con Eduardo y me mudaría a Inglaterra. Mi tío tendría control sobre mi educación. Mi madre se opuso y fue entonces cuando el Cardenal Beaton quien luchaba por el poder lideraba una campaña pro francesa y pro católica, lo cual enfureció a mi tío Enrique. El no quería ningún tipo de alianza entre Francia y Escocia. Era una total discordia. Beaton propuso llevarnos a mi madre y a mi al Castillo de Stirling para protegernos. El Conde de Lennox nos escoltó con 3500 hombres armados. Era menos de un mes de la firma del Tratado, llegamos a Stirling el 27 de julio de 1543, tenía siete meses cuando el 9 de septiembre fui coronanda con toda solemnidad en la capilla del castillo. Enrique VIII estaba tan enojado que sus acciones lograron que Beaton y Arran se unan y que luchen por el catolisismo. El Tratado de Greenwich fue anulado por el Parlamento de Escocia gracias a mi madre y a Beaton en diciembre, lo cual provocó un levantamiento militar liderado por mi tío para imponer mi matrimonio con su hijo Eduardo.  Mi vida siempre corrió peligro. Querían secuestrarme, mi madre logró esconderme en las cámaras secretas de Sterling. Beaton fue asesinado en mayo de 1546 y unos meses más tarde murió mi tío Enrique. Mis guardianes temían por sus vidas y me llevaron unas semanas  al priorato de Inchmahome en donde estaría mas segura. Ellos fueron a pedir ayuda a los franceses. Fue así como Enrique II de Francia propuso la unión entre Francia y Escocia con mi matrimonio con su hijo Francisco II quien tenía tres años en ese entonces. A mi madre, y al estado, les pareció la mejor solución para dar paz a este conflicto entre pueblos. De esa manera se decidía el curso de mi vida.Fui entonces enviada a Francia desde mis cinco años, tanto por protección como para recibir la mejor educación acorde a lo que supuestamente sería mi futuro. Crecí junto a mis familiares Los Guisa, donde mi abuela materna tuvo una importante influencia. Jamás volví a ver a mi madre. En 1558, me casé con el delfín Francisco II, quien ascendió al trono francés en 1559. A mis 18 años fui reina consorte de Francia sustituyendo a mi suegra, Catalina de Médici quien nunca me quiso, hasta la muerte repentina de Francisco en diciembre de 1560. Regresé a Escocia viuda, ya que a Catalina le pareció que dos reinas viudas era demasiado y me ordenó que regrese a Escocia a hacerme cargo de los graves asuntos políticos que pasaban ahí. De hecho el Parlamento escocés había ratificado la modificación de la religión del estado, de católica a protestante. Yo no había dado mi consentimiento real ya que estaba golpeada aún por la noticia de que mi madre había muerto. Para mi, Escocia era un país extraño que casi no conocía. Escocia estaba demasiado centrada en los conflictos religiosos entre católicos y protestantes. Yo representaba el catolicismo, por otra parte, el movimiento presbiteriano era liderado por Jhon Knox quien se expresaba muy mal de mi. Ni católicos ni protestantes estaban contentos, los católicos esperaban que yo fuese más radical.La posibilidad de heredar el trono de Inglaterra fue mi perdición. Era yo la segunda en la línea de sucesión al trono, tras mi prima Isabel I. La Iglesia católica decía que Isabel era bastarda, por lo que legítimamente la corona me pertenecía. Fue entonces que Isabel tuvo que agarrarse del protestantismo, porque la reconocían como heredera. Incluso envié a William Maitland de Lethington como embajador para presentarme ante mi prima la reina Isabel como futura heredera del trono. Era lo justo. Ella lo negó. No quería tener herederos por temor a que le quiten el trono. Mi prima y yo nunca nos conocimos, sin embargo vivimos un conflicto terrible toda la vida.Confié demasiado, tomé malas decisiones, nombré en mi consejo privado a 16 hombres y ratifiqué en sus cargos de Estado a algunos que ya los ocupaban, de los cuales la mayoría eran protestantes, quedando únicamente cuatro de mis consejeros católicos, siendo esta mi propia trampa.Necesitaba enontrar un marido que me convenga politicamente. Isabel, en su intento de controlarme propuso que me case con  Robert Dudley, uno de sus favoritos y protestante, a quien ella podría manipular facilmente. Envió a un embajador para proponer el compromiso diciendo que si dicho compromiso se llevaba a cabo «procedería a la inquisición de su derecho y título para ser nuestra futura prima y heredera». Ni Dudley ni yo estábamos interesados. Conocí a mi primo hermano, nacido en Inglaterra, Enrique Estuardo, Lord Darnley en febrero en 1561, fue un encuentro breve, sin embargo, cuatro años más tarde me enamoré profundamente de él. Ambos éramos nietos de Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII. El 17 de febrero de 1565, contrajimos matrimonio, yo tenía 23 años. Nuestra unión era una amenaza para mi prima Isabel, ya que al ser ambos descendientes de Margarita podríamos reclamar el trono, y en el caso de concebir a un hijo, con más fuerza aún. Una vez más confié, me obnubilé, no me percaté a tiempo que mi esposo era un hombre completamente ambicioso, queriendo ser el único rey de Escocia, nunca aceptaría ser rey consorte, es así que empezó a conspirar en mi contra, llegando incluso a darme una paliza para que abortara en mi primer embarazo. Lo que el exigía era la ‘corona matrimonial’. Un título que le habría hecho soberano con plenos derechos sobre el trono si me sobrevivía.  A parte de su trato violento también me difamó, diciendo que tenía amores ilícitos con David Rizzio, mi secretario, y además mi confidente y gran amigo. Una noche, estábamos cenando con algunas amigas y David estaba ahí, eran las ocho, lo recuerdo claramente. De pronto entró mi marido con algunos hombres acusándome de haberle sido infiel. Me sostuvieron y todos vimos como los hombres de mi esposo apuñalaban a David sin piedad. Recuerdo sus ojos de pavor mientras moría. Yo estaba embarazda, mi confusión de no entender que pasaba se fue convirtiendo en ira y dolor con el tiempo. Poco después nació Jacobo, nuestro hijo y posible heredoro al trono.Ese acto terminó con nuestro matrimonio. Enrique era visto como un gobernante incapaz, hasta que poco a poco tuve que quitarle toda reponsabilidad real y conyugal.  Nos reuníamos en el castillo de Craigmillar cerca de Edimburgo, con los principales nobles en la corte para discutir el caso de Enrique, a pesar de que se consideró el divorcio, entre los lores presentes acordaron en que sería mejor eliminarlo. Era 1567 y le ordené que se vaya de regreso a Edimburgo. Estaba enfermo y se estaba recuperando en una casa en la abadía de Kirk o’ Field. Yo lo visitaba diariamente hasta que en la mañana del 10 de febrero explotó la casa y falleció.Se acusó a los Lores escoseces del asesinato, incluyendo a James Hepburn, Conde de Bothwell quien de hecho terminó siendo uno de los principales sospechosos y en consecuencia a mi, ya que teníamos una relación cercana.  La intención de James era contraer matrimonio conmigo para llegar a la corona. Mi reputación estaba arruinada. Incluso mi prima Isabel me escribió contándome los rumores que decían que yo había planificado la muerte de Enrique. Fue entonces cuando James, el Conde de Bothwell me secuestró, llevándome al castillo de Dumbar en donde me violó y después me obligó a casar con él.El rito, al ser protestante no tenía un real valor para mis creencias católicas, sin embargo, estaba perdida.  Esto pasó apenas dos meses después de la muerte de Enrique. La rebelión era tan fuerte, y los Lores me traicionarion y me aprisionaron en un castillo en una isla. Alrededor del 20 de julio tuve un aborto espontáneo de gemelos. EL 24 de julio me vi obligada a abdicar mi corona sobre Jacobo quien tenía un año. Logré escapar y unir 6.000 hombres, sin embargo fui derrotada dos veces y hui a Inglaterra buscando la ayuda de mi prima. Mas tarde me dí cuenta que me había metido en mi propia prisión, confié en ella y me encerró en varios castillos. Las acusaciones hacia mi frente al asesinato de Enrique se basaban en unas cartas falsas a Bothwell, que no llevaban mi firma en donde supuestamente yo era parte del plan. Isabel nunca me absolvió ni me culpó. Todo quedó convenientemente bajo su control.Tenía apenas 26 años, pero nunca volví a ver la luz. Han pasado muchos años y no negaré que deseaba con ansias mi libertad. Después de tanto tiempo, a mis 45 he sido finalmente juzgada. Me condenaron a muerte por conspirar el asesinato de mi propia prima, la reina Isabel I.  Irónicamente es ella quien dicta la sentencia. Seré decapitada en el castillo de Fotheringhay. Me reúno por última vez con las mujeres que me han acompañado. Es 1587, me visto de rojo, como la mártir que soy, entrego un pañuelo blanco a una de ellas para que me cubra los ojos cuando llegue el momento.Ya en la guillotina me repito una y otra vez: “In manus tuas, Domine, commendo spiritumMaría
Carta María Estuardo

 

8 de febrero de 1587 

Me han llamado María, María Estuardo. Nací el 8 de diciembre de 1542 en el palacio de Linlithgow (Reino de Escocia). 

Soy la única hija legítima sobreviviente de mi padre Jacobo V, a quien jamás conocí. Falleció a mis seis días de vida, convirtiéndome en la sucesora del trono escocés; mi madre María de Guisa, fue su segunda esposa. 

Poco tiempo después mi tío, Enrique VIII de Inglaterra aprovechó la regencia del Conde de Arrán y propuso el matrimonio entre su hijo Eduardo, y yo, esperanzado en una unión entre Escocia e Inglaterra. A mis casi siete meses de vida, el 1 de julio de 1543 se firmó el Tratado de Greenwich. Este decía que al yo cumplir diez años de edad me casaría con Eduardo y me mudaría a Inglaterra. Mi tío tendría control sobre mi educación. Mi madre se opuso y fue entonces cuando el Cardenal Beaton quien luchaba por el poder lideraba una campaña pro francesa y pro católica, lo cual enfureció a mi tío Enrique. El no quería ningún tipo de alianza entre Francia y Escocia. Era una total discordia. Beaton propuso llevarnos a mi madre y a mi al Castillo de Stirling para protegernos.  

El Conde de Lennox nos escoltó con 3500 hombres armados. Era menos de un mes de la firma del Tratado, llegamos a Stirling el 27 de julio de 1543, tenía siete meses cuando el 9 de septiembre fui coronanda con toda solemnidad en la capilla del castillo. Enrique VIII estaba tan enojado que sus acciones lograron que Beaton y Arran se unan y que luchen por el catolisismo. El Tratado de Greenwich fue anulado por el Parlamento de Escocia gracias a mi madre y a Beaton en diciembre, lo cual provocó un levantamiento militar liderado por mi tío para imponer mi matrimonio con su hijo Eduardo.  

Mi vida siempre corrió peligro. Querían secuestrarme, mi madre logró esconderme en las cámaras secretas de Sterling. Beaton fue asesinado en mayo de 1546 y unos meses más tarde murió mi tío Enrique. Mis guardianes temían por sus vidas y me llevaron unas semanas al priorato de Inchmahome en donde estaría mas segura. Ellos fueron a pedir ayuda a los franceses. Fue así como Enrique II de Francia propuso la unión entre Francia y Escocia con mi matrimonio con su hijo Francisco II quien tenía tres años en ese entonces. A mi madre, y al estado, les pareció la mejor solución para dar paz a este conflicto entre pueblos. De esa manera se decidía el curso de mi vida. 

Fui entonces enviada a Francia desde mis cinco años, tanto por protección como para recibir la mejor educación acorde a lo que supuestamente sería mi futuro. Crecí junto a mis familiares Los Guisa, donde mi abuela materna tuvo una importante influencia. Jamás volví a ver a mi madre.  

En 1558, me casé con el delfín Francisco II, quien ascendió al trono francés en 1559. A mis 18 años fui reina consorte de Francia sustituyendo a mi suegra, Catalina de Médici quien nunca me quiso, hasta la muerte repentina de Francisco en diciembre de 1560. Regresé a Escocia viuda, ya que a Catalina le pareció que dos reinas viudas era demasiado y me ordenó que regrese a Escocia a hacerme cargo de los graves asuntos políticos que pasaban ahí. De hecho el Parlamento escocés había ratificado la modificación de la religión del estado, de católica a protestante. Yo no había dado mi consentimiento real ya que estaba golpeada aún por la noticia de que mi madre había muerto. Para mi, Escocia era un país extraño que casi no conocía.  

Escocia estaba demasiado centrada en los conflictos religiosos entre católicos y protestantes. Yo representaba el catolicismo, por otra parte, el movimiento presbiteriano era liderado por Jhon Knox quien se expresaba muy mal de mi. Ni católicos ni protestantes estaban contentos, los católicos esperaban que yo fuese más radical. 

La posibilidad de heredar el trono de Inglaterra fue mi perdición. Era yo la segunda en la línea de sucesión al trono, tras mi prima Isabel I. La Iglesia católica decía que Isabel era bastarda, por lo que legítimamente la corona me pertenecía. Fue entonces que Isabel tuvo que agarrarse del protestantismo, porque la reconocían como heredera. Incluso envié a William Maitland de Lethington como embajador para presentarme ante mi prima la reina Isabel como futura heredera del trono. Era lo justo. Ella lo negó. No quería tener herederos por temor a que le quiten el trono. Mi prima y yo nunca nos conocimos, sin embargo vivimos un conflicto terrible toda la vida. 

Confié demasiado, tomé malas decisiones, nombré en mi consejo privado a 16 hombres y ratifiqué en sus cargos de Estado a algunos que ya los ocupaban, de los cuales la mayoría eran protestantes, quedando únicamente cuatro de mis consejeros católicos, siendo esta mi propia trampa. 

Necesitaba enontrar un marido que me convenga politicamente. Isabel, en su intento de controlarme propuso que me case con Robert Dudley, uno de sus favoritos y protestante, a quien ella podría manipular facilmente. Envió a un embajador para proponer el compromiso diciendo que si dicho compromiso se llevaba a cabo «procedería a la inquisición de su derecho y título para ser nuestra futura prima y heredera». Ni Dudley ni yo estábamos interesados. 

Conocí a mi primo hermano, nacido en Inglaterra, Enrique Estuardo, Lord Darnley en febrero en 1561, fue un encuentro breve, sin embargo, cuatro años más tarde me enamoré profundamente de él. Ambos éramos nietos de Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII. El 17 de febrero de 1565, contrajimos matrimonio, yo tenía 23 años. Nuestra unión era una amenaza para mi prima Isabel, ya que al ser ambos descendientes de Margarita podríamos reclamar el trono, y en el caso de concebir a un hijo, con más fuerza aún.  

Una vez más confié, me obnubilé, no me percaté a tiempo que mi esposo era un hombre completamente ambicioso, queriendo ser el único rey de Escocia, nunca aceptaría ser rey consorte, es así que empezó a conspirar en mi contra, llegando incluso a darme una paliza para que abortara en mi primer embarazo. Lo que el exigía era la ‘corona matrimonial’. Un título que le habría hecho soberano con plenos derechos sobre el trono si me sobrevivía.  

A parte de su trato violento también me difamó, diciendo que tenía amores ilícitos con David Rizzio, mi secretario, y además mi confidente y gran amigo. Una noche, estábamos cenando con algunas amigas y David estaba ahí, eran las ocho, lo recuerdo claramente. De pronto entró mi marido con algunos hombres acusándome de haberle sido infiel. Me sostuvieron y todos vimos como los hombres de mi esposo apuñalaban a David sin piedad. Recuerdo sus ojos de pavor mientras moría. Yo estaba embarazda, mi confusión de no entender que pasaba se fue convirtiendo en ira y dolor con el tiempo. Poco después nació Jacobo, nuestro hijo y posible heredoro al trono. 

Ese acto terminó con nuestro matrimonio. Enrique era visto como un gobernante incapaz, hasta que poco a poco tuve que quitarle toda reponsabilidad real y conyugal. Nos reuníamos en el castillo de Craigmillar cerca de Edimburgo, con los principales nobles en la corte para discutir el caso de Enrique, a pesar de que se consideró el divorcio, entre los lores presentes acordaron en que sería mejor eliminarlo. Era 1567 y le ordené que se vaya de regreso a Edimburgo. Estaba enfermo y se estaba recuperando en una casa en la abadía de Kirk o’ Field. Yo lo visitaba diariamente hasta que en la mañana del 10 de febrero explotó la casa y falleció. 

Se acusó a los Lores escoseces del asesinato, incluyendo a James Hepburn, Conde de Bothwell quien de hecho terminó siendo uno de los principales sospechosos y en consecuencia a mi, ya que teníamos una relación cercana. La intención de James era contraer matrimonio conmigo para llegar a la corona. Mi reputación estaba arruinada. Incluso mi prima Isabel me escribió contándome los rumores que decían que yo había planificado la muerte de Enrique. Fue entonces cuando James, el Conde de Bothwell me secuestró, llevándome al castillo de Dumbar en donde me violó y después me obligó a casar con él. 

El rito, al ser protestante no tenía un real valor para mis creencias católicas, sin embargo, estaba perdida. Esto pasó apenas dos meses después de la muerte de Enrique. La rebelión era tan fuerte, y los Lores me traicionarion y me aprisionaron en un castillo en una isla. Alrededor del 20 de julio tuve un aborto espontáneo de gemelos. EL 24 de julio me vi obligada a abdicar mi corona sobre Jacobo quien tenía un año. Logré escapar y unir 6.000 hombres, sin embargo fui derrotada dos veces y hui a Inglaterra buscando la ayuda de mi prima. Mas tarde me dí cuenta que me había metido en mi propia prisión, confié en ella y me encerró en varios castillos. Las acusaciones hacia mi frente al asesinato de Enrique se basaban en unas cartas falsas a Bothwell, que no llevaban mi firma en donde supuestamente yo era parte del plan. Isabel nunca me absolvió ni me culpó. Todo quedó convenientemente bajo su control. 

Tenía apenas 26 años, pero nunca volví a ver la luz. Han pasado muchos años y no negaré que deseaba con ansias mi libertad. Después de tanto tiempo, a mis 45 he sido finalmente juzgada. Me condenaron a muerte por conspirar el asesinato de mi propia prima, la reina Isabel I. Irónicamente es ella quien dicta la sentencia. Seré decapitada en el castillo de Fotheringhay.  

Me reúno por última vez con las mujeres que me han acompañado. Es 1587, me visto de rojo, como la mártir que soy, entrego un pañuelo blanco a una de ellas para que me cubra los ojos cuando llegue el momento. 

Ya en la guillotina me repito una y otra vez: “In manus tuas, Domine, commendo spiritum 

María