Fine Art Galleries: Your Majesty The Queen: Carta Isabel La Católica
25 de noviembre de 1504
Soy Isabel, llamada “la Católica” por un título que nos fue otorgado a mi marido y a mí por el papa Alejandro en 1469. Nací el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres, mis padres fueron Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Mi medio hermano, Enrique, en quien recaería el trono, nació de la primera esposa de mi padre, María de Aragón. El segundo en la línea fue mi hermano Alfonso. Realmente existían muy pocas probabilidades de que yo ascienda al trono.
Al fallecer mi padre, en 1454, pasé mi infancia en Arévalo junto a Alfonso, presenciando los ataques de locura de mi madre. Allí también recibí una educación basada en la historia y la cultura. Desde temprana edad busqué consuelo en libros religiosos y en mi amiga Beatriz de Silva.
Enrique nombró a mi sobrina Juana, princesa de Asturias y posiblemente heredera al trono. ¿Acaso no le importó que no fuese su hija? Se sabía que era impotente, y también se creía que era hija de su mayordomo Beltrán de la Cueva, razón por la cual la llamábamos Juana, la Beltraneja.
Alfonso, mi querido hermano murió misteriosamente, a sus doce años, sospecho que fue envenenado.
A mis dieciséis años, decidí declararme heredera al trono de Castilla como sucesora de mi hermano muerto y anteponerme a Juana retando abiertamente a mi hermano mayor, Enrique IV.
Me preocupaba como crecían las fuerzas contrarias y por eso me vi obligada a llegar a un entendimiento con el Rey. Es así que el 14 de agosto llegamos entonces a los acuerdos de Guisando en los cuales acordamos que sería la única heredera al trono a cambio de no traicionar a Enrique, renunciando a ser reina antes de que el muriese. Además, sería él quien decidiría con quien debía casarme. Presentí que me estaba tendiendo una trampa. Pretendió casarme con Alfonso V de Portugal, logrando así convertirme en reina de Portugal y manteniéndome lejos de Castilla, donde reinaría Juana por medio de otro matrimonio.
No lo permití y por eso comencé a negociar con el reino de Aragón. El 19 de octubre de 1469 Fernando de Aragón y yo nos casamos en secreto gracias a una falsa bula papal conseguida en junio de 1464 por el anterior papa, Pío II, que nos permitió unirnos a pesar de ser primos. Al fin y al cabo, habíamos estado comprometidos desde mis tres años de vida. Así Enrique hubiese tratado de romper ese compromiso ofreciéndome como esposa a otros candidatos en varias ocasiones desde que tenía catorce años, no logró hacerme cambiar de opinión. Sabía qué me convenía más. Como era de esperarse Enrique estuvo furioso. Los acuerdos quedaron anulados y Juana fue declarada heredera al trono, sin embargo, sucedió lo inesperado. Enrique murió en 1474 y nunca hizo un testamento. Apelé al pacto firmado hace años y me declaré Reina de Castilla el 13 de diciembre del mismo año.
Nos enfrentamos cinco años en Guerra de Sucesión Castellana contra los partidarios de Juana y Portugal. Fernando y yo salimos ganadores. Terminamos firmando la concordia de Segovia, determinando el vínculo y sus funciones a nuestros reinos. También, firmamos la paz de Alcaçovas, en septiembre de 1479 con Portugal. Me veo en ese momento. Hemos terminado la guerra. Soy la reina de Castilla, y Fernando se convierte en rey de Aragón, Sicilia, Cataluña, Valencia, Baleares y Cerdeña, ya que Juan II de Aragón ha muerto.
Con Fernando tuvimos siete hijos de los cuales dos no nacieron, los llamamos Isabel, Juan, Juana, María y Catalina, fueron educados bajo mis normas; tenían obligaciones al ser hijos de reyes, y debían sacrificarse en demasía por ese motivo. Por mi parte diseñé los matrimonios de mis hijos como una perfecta cadena en la que cada eslabón, es decir cada hijo, fue parte de una estudiada política exterior que siempre intentó frenar a Francia.
Vivimos un tiempo de cambios, debía ser firme en mis decisiones, de ninguna manera podía ceder. Para esto tuve que reorganizar el régimen de gobierno reformando el sistema de seguridad ciudadana y llevar a cabo una reforma económica para reducir la deuda que mi hermano y predecesor al trono, Enrique IV, había heredado al reino.Tras ganar la Guerra de Granada nosotros al ser los Reyes Católicos expulsamos a los judíos de sus reinos y, años más tarde, también a los musulmanes.
Durante mi reinado nacieron instituciones como la Santa Inquisición en 1478 y la Santa Hermandad. Acabar con la herejía y vigilar estrechamente a los conversos, judíos y musulmanes, ha sido nuestra manera de preservar la religión, coincidiendo además con la expulsión de aquellos que en ninguno de los dos casos renunció a su creencia.
Un marinero que prometía nuevas tierras, llamado Cristóbal Colón, llegó a nuestra vida , solicitando apoyo para hacer un largo viaje. A pesar de muchas críticas y contrarias reacciones políticas emitidas por la Corte, decidí brindarle apoyo a su excursión. Hay algo en el que me dio confianza y me hizo creer en su plan, por descabellado que pareciera.
Hay una tristeza que me aborda, mis días de vida se acortan. La muerte de mi madre, la de mi único hijo varón, el aborto de mi nieto, la muerte de mi primogénita y de mi nieto Miguel; la presunta locura de mi hija Juana (quien me desafió abiertamente en Medina del Campo), los desaires de Felipe el Hermoso; la marcha de mi hija María a Portugal y la incertidumbre de mi hija Catalina tras la muerte de su esposo inglés, me han llevado a una profunda depresión. Todas estas circunstancias me han llevado a la decisión de vestirme de luto el resto de mi vida. En mi testamento he estipulado que mi hija Juana sea mi heredera al trono, hasta que mi nieto Carlos cumpla veinte años. Espero de corazón que mis sucesores preserven el cristianismo y se esfuercen en conquistar y lograr la conversión en otras tierras.Es noviembre de 1504. He recibido ya la extremaunción. Estoy lista para partir.
Isabel
Images © 1992-2019 Lorena Cordero. Site design © 2010-2025 Neon Sky Creative Media