Fine Art Galleries: Your Majesty The Queen: Carta Agrippina
18 de marzo de 59
Me llamo Julia Agrippina. Fui más conocida como Agripina la Menor. Nací en Oppidum Ubiorum (la actual Colonia, Alemania) en el año 15 d.C. Mis padres fueron Germánico y Agripina la Mayor, los mismos que fallecieron cuando yo aún era muy joven. Soy bisnieta de Marco Antonio y Octavia la Menor. En mi madre pude ver una entereza frente a la búsqueda de poder. Sin embargo, creo que ella no supo jugar sus cartas sabiamente.
Cuando tenía 13 años, año 28, me casé con el cónsul romano Cneo Dominicio Enobarbo, mayor a mí con 15 años, no duramos mucho tiempo juntos, aunque no nos habíamos divorciado, él se había marchado. Mi hermano Calígula se convirtió en emperador en el año 37 d.c. esta noticia hizo que mi marido vuelva a aparecer. En esta segunda oportunidad, nueve años más tarde nació nuestro hijo Lucio Dominicio Enobarbo, quien sería conocido como Nerón. A mis 25 años en el año 40 d.c. enviudé.
Al ser Calígula el emperador, junto a mis dos hermanas podíamos gozar de ciertos privilegios y placeres que solo la familia imperial tenía. Incluso, aún casada con Enobardo, tuve varios amantes, incluyendo a mi hermano al igual que mis hermanas Julia Drusila y Julia Livila. También nos prostituimos con miembros de la corte. A la muerte de mi hermana Drusila Calígula enloqueció, era su preferida. Todo esto provocó que mi hermano deje de concederme privilegios.
Entre Tigelino, mi amante, Lépido, Getúlico, mi hermana pequeña Livila, y otras personas de nuestro círculo cercano, planeamos derrocar a Calígula quien descubrió nuestro plan. El emperador mandó a matar a Lépido y a Getúlico, por otra parte, a Tigelino, a mi hermana y a mí nos enjuiciaron y exiliaron. Me separaron de mi hijo, quien se quedó en Roma bajo el cuidado de su tía paterna. Calígula me humilló públicamente haciéndome transportar las cenizas de uno de mis amantes. Así partimos a la isla de Pandetaria.
El asesinato de mi hermano Calígula fue mi salvación. Mi tío Claudio fue nombrado emperador, con el suficiente poder para traernos de vuelta a Roma a mi hermana y a mí. Me reencontré con Nerón y contraje matrimonio con mi antiguo cuñado y cónsul Cayo Salustio Pasieno Crispo quien era sumamente rico. Pasieno falleció poco tiempo después de dejar un testamento en el cual yo constaba como única heredera. Jamás imaginó que al hacer dicho testamento su presencia ya no me era de mucha utilidad. Poco a poco, me iba acercando íntimamente a mi tío y emperador Claudio. Su esposa Mesalina era extremadamente lujuriosa e infiel así que Claudio decidió ejecutarla y casarse conmigo aun cuando esto era ilegal e incestuoso, no era nada que no se pudiese resolver mediante un acuerdo especial en el Senado.
A mis 34 años me casé por tercera vez con mi tío y me convertí en emperatriz. Por fin, tenía el poder tan ansiado, podía participar en las decisiones políticas, recepción de embajadores y un sin número de actividades diplomáticas, sin desatender mi vida amorosa. Fue a través de mis amantes, Pallas, Séneca y Burro, como logré que Claudio adoptara a mi hijo Nerón para convertirse en heredero por sobre Británico, hijo biológico de Claudio, además de que este lo eligiera como su futuro sucesor tras su fallecimiento, dejando apartado a Británico su legítimo sucesor.
Aconsejé a mi hijo que contrajera matrimonio con su hermanastra Octavia, lo cual lo hizo. Al lograr mi cometido, Claudio ya no me fue necesario. Empecé a mover mis hilos y contacté a Locurta, una mujer experta en venenos, entre ambas organizamos el asesinato de Claudio. Ordené que preparen un plato especial con setas venenosa y comestibles, lo que produjo la muerte del emperador. Fue en el año 54 d.c. cuando se abrió una nueva etapa, para mí y mi hijo Nerón , quien sería nombrado Emperador del Imperio Romano.
Sin embargo, hasta que cumplió 17 ejercí gran influencia en el gobierno; conferenciaba con los embajadores, asistía a las sesiones del Senado y ponía gran atención en perseguir y dar muerte a todos los que permanecían fieles a la causa de Británico. Séneca el filósofo comenzó a aconsejar a Nerón quien me iba quitando cada vez más autoridad. Tras el asesinato de Británico en un banquete, mi influencia disminuyó notablemente y fui invitada a abandonar el palacio imperial.
Apelé a toda clase de medios para recobrar mi prestigio. Llegué al punto de presentarme un día ante mi hijo del modo más lascivo, y, se hubiera consumado el incesto si no lo hubiera evitado Séneca apelando a Actea, amante de Nerón, quien me rechazó.
La llegada de Popea Sabina a la corte imperial como pareja de mi hijo, fue el paso definitivo para mi final. Popea no tardó en darse cuenta de mi influencia sobre el mandato de mi hijo, y como las ordenes las emitía yo. Algo se tramaba en mi contra.
Fue entonces cuando mi hijo empezó a querer deshacerse de mí. Trató de envenenarme, de derrocar la habitación en la que dormía, cuando yo dormía. Finalmente me invitó a cenar con él y reconciliarnos en un barco, tiempo después dilucidé el hecho que trató de hundir el barco conmigo adentro, al cual yo escapé a nado para sobrevivir.
Fue entonces cuando mi hijo empezó a querer deshacerse de mí. Trató de envenenarme, de derrocar la habitación en la que dormía, cuando yo dormía. Finalmente me invitó a cenar con él y reconciliarnos en un barco, tiempo después dilucidé el hecho que trató de hundir el barco conmigo adentro, al cual yo escapé a nado para sobrevivir.
En el año 59 d.C. Nerón decidió enviar a unos centuriones en mi búsqueda, cada vez estaba más perseguida, recordé las palabras de mi primer esposo y padre de Nerón al decir: «De la unión de Agripina y yo solo puede salir un monstruo.»
Al ver que estos centuriones habían sido enviados por mi hijo, no hui ni supliqué por mi vida, los enfrenté y muy decidida ofrecí el vientre que había gestado al que en aquel momento era el Emperador de Roma.
Seré ejecutada, he sido acusada de ser miembro de una conspiración ficticia. Es marzo del 59, mi cuerpo tiene 44 años, mi muerte hará que se cumpla la profecía, esa que me vaticinaron hace tiempo cuando pregunté «Nerón será rey?» a la que contestaron: «Será rey, pero matará a su madre». Después de escuchar estas palabras, yo había contestado: «Occidat, dum imperet!» («Que me mate con tal de de que reine!»).
Agrippina
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