Fine Art Galleries: Your Majesty The Queen: Carta Isabel I de Inglaterra

                                                                 23 de marzo de 1603Soy Isabel I de Inglaterra. También llamada Isabel Tudor, fui la última de la dinastía Tudor. Nací en el palacio de Placentia, el 7 de septiembre de 1533. Mis padres fueron Enrique VIII de Inglaterra y su segunda esposa, Ana Bolena. Casi a mis tres años de vida mi padre acusó a mi madre de adulterio y la hizo decapitar, (eso porque mi madre no trajo al mundo ningún hijo varón). No suficiente con eso, mi padre me declaró ilegítima, al igual que a mi media hermana María, 17 años mayor a mí, todo para que ninguna de las dos tuviésemos acceso al trono.Fui puesta al cuidado de Lady Margaret Bryan y después de Katherine Ashley, lejos de la corte de mi padre y de sus sucesivas esposas hasta mis 10 años. Después de eso la nueva reina, Catalina Parr convenció a mi padre para hacer las paces tanto conmigo, al igual que con mi hermana María. En consecuencia de esto, por medio del Acta de Sucesión de 1544, recobré mis derechos frente al trono. Mi hermano menor, Eduardo (hijo de Juana Seymour), sería el primero en la línea sucesoria, después mi hermana María (hija de Catalina de Aragón), y finalmente yo. Junto a María volvimos a Greenwitch.La muerte de mi padre, en 1547, dio paso para que mi hermano a sus 9 años, ascendiera al trono como Eduardo VI. Catalina Parr decidió casarse con Thomas Seymour, tío de Eduardo y Catalina decidió llevarme con ella, lugar donde recibí una excelente educación, aprendiendo muchos idiomas y mi formación como protestante. Thomas Seymour desarrolló un interés en mí, yo solo tenía 15 años; por las noches entraba en mi habitación me acariciaba y despertaba entre besos y risas, lo que provocó que yo me levantara antes para estar vestida cuando él llegara.Mi hermano murió a los 15 años. Poco antes de su fallecimiento en 1553, contradiciendo las órdenes que mi padre había dejado, Eduardo VI dejó como sucesora a Lady Jane Grey quien duró en el trono 9 días, debido a que la popularidad de María subió y el pueblo la recibió gloriosamente, siendo coronada el 19 de julio de 1553. Yo la acompañé. A pesar de haber llegado triunfante, María puso en riesgo la corona al decidir casarse con Felipe II de España, sabiendo que el pueblo no quería a Felipe, lo cual provocó en ella un miedo profundo a ser derrocada por una rebelión que me nombrara como la nueva reina. De hecho, la rebelión de Thomas Wyatt en 1554 intentó evitar la boda, María pensó que yo fui parte y me encerró en la torre de Londres.La comunicación con ella cada vez se tornaba más difícil. Ella católica y yo protestante. La religión nos separaba, igual que a pueblos enteros. María trató en varias ocasiones de retirarme mis derechos sucesorios, sus intentos fueron inútiles. En un falso rumor de que ella estaba embarazada y por temor a su muerte durante el parto, me trajeron de vuelta a la corte. Cuando la reina se dio cuenta de que no estaba embarazada trató de convertirme al catolicismo. En un momento dado hasta fingí que lo lograba, aunque en mi interior siempre fui fiel a mi religión. Mi hermana adquirió el sobre nombre de María la Sanguinaria. Durante su reinado de cinco años, más de 280 religiosos murieron quemados en la hoguera en las llamadas persecuciones marianas.El 6 de noviembre de 1558, María me reconoció como su heredera y el 17 del mismo mes, la reina falleció, dejándome como la nueva reina de Inglaterra. Recibí la noticia bajo un roble, a lo cual respondí: “Esta es obra del Señor y es maravilloso ante nuestros ojos”. El 15 de enero de 1559, a mis 25 años fui coronada y ungida por Owen Oglethorpe, obispo católico de Carlisle, en la abadía de Westminster. Fui recibida calurosamente con oraciones y espectáculos. Inglaterra todavía estaba en un estado de nerviosismo por la amenaza percibida de los católicos en el interior del país y en el extranjero, así como por la elección de con quién me casaría.Después de la muerte de María revertí el catolicismo impuesto por ella; mi reinado se basaría en el anglicanismo que lo declaré religión oficial. Comencé casi de inmediato la persecución de los católicos y los calvinistas, lo que provocó mi excomunión por obra del Papa Pío V. Tenía varios pretendientes, algunos conspiraban en mi contra, Inglaterra estaba frágil en ese tiempo, la inestabilidad económica causada en parte por la guerra que teníamos con Francia era algo que debíamos enfrentar cautelosamente.Hubo la posibilidad de un enlace emocional con mi cuñado, Felipe II de España, lo cual hubiera fortalecido a ambos países. Tenía demasiada presión del Parlamento para que me case y supuestamente pueda gobernar con un hombre a mi lado y con descendencia.Fue entonces cuando declaré que mi firme propósito sería de permanecer soltera, yo estaba casada con mi pueblo, por tal motivo fui llamada la Reina Virgen.Lo cierto es que había demasiado interés en acceder al trono más que a mí. Thomas Seymour encabezó un complot para casarse conmigo y acceder al trono, pero fue descubierto y decapitado junto con sus cómplices más cercanos. Cuando Thomas murió puse muy en claro mi decisión. “Hoy ha muerto un hombre de mucho ánimo y muy poco juicio”. También, desmentí los rumores que circulaban haciendo sentir lo altamente perjudiciales que eran para mi honor.Entre mis pretendientes tenía mis “favoritos” como Robert Dudley, primer conde de Leicester, sir Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex. Dudley era apuesto, amante del arte, duelista y valiente. Me divertía con él. Me daban celos cuando lo veía con otras mujeres, y además descubrí que estaba casado. Enviudó, pero mantuve mi decisión de soltería. Traté de que contrajera matrimonio con mi prima María Estuardo, en ese entonces reina de   Escocia, lo cual posiblemente hubiese cambiado su destino, sin embargo, ella lo rechazó, entonces le hice conde de Leicester. Siempre fue especial para mí, después de su muerte guardé en un cofre su última carta. Walter Raleigh, a quien otorgué el título de Sir, a menudo me escribía poesías, cuando se percató que dejé de mostrar interés se casó con mi amiga , llamada también Isabel. Lo castigué haciéndolo pasar la noche de bodas encerrado en la Torre de LondresTiempo después conocí a Robert Devereux, conde de Essex, 20 años menor que yo. Era muy atractivo, le encantaba bailar, gran cazador, era hijastro de Robert Dudley. No logré mantenerlo cerca como yo quería, siempre fue arrogante y orgulloso. Cuando le quité algunos favoritismos como ser el caballerizo mayor arrancó en iras diciendo públicamente: “Su Majestad es ahora una vieja tan cochambrosa y retorcida de espíritu como de cuerpo”. Fue una puñalada que no pude soportar y, en consecuencia, provoqué la ruina del que sería el último de mis amores. Descubrí que encabezó un golpe de Estado para ponerse a la cabeza del Consejo Real.Fue a tiempo denunciado el complot y Essex fue declarado traidor, el tribunal que lo juzgaba lo condenó a la pena establecida para tal caso: horca seguida de castración, destripamiento y descuartizamiento. Moderé la pena, contentándome con que lo decapitaran.Durante mi reinado, supe rodearme de buenos consejeros y colaboradores. Así fuese yo quien tomaba las decisiones, siempre me apoyaba en mis ministros. Pacté la paz con Francia; se inició el desarrollo industrial y económico inglés; prosperó el comercio nacional; restablecí la confianza en la moneda del país; se inauguró la Bolsa Real de Londres y la Cámara de Comercio. Todo ello otorgó prosperidad sobre todo a la nobleza y a la alta burguesía.Uno de mis grandes problemas fue mi prima católica, María Estuardo. La habían destronado de Escocia y buscó refugio en Inglaterra, no la recibí, es más la hice encarcelar en la Torre de Londres. Ella representaba una gran amenaza para mí, ya que los católicos la consideraban la verdadera reina de Inglaterra. La tuve recluida durante dieciocho años en diferentes castillos y prisiones. A cabo de un tiempo, descubrí un complot para asesinarme y suplantarme por María Estuardo, entonces, en 1587 la hice decapitar. Esto enfureció a Felipe II quien trató de invadirnos. Lo derrotamos e Inglaterra se convirtió en potencia marítima. Yo había ayudado mucho a los piratas quienes fueron nuestros aliados.He gobernado 45 años mi reino ha sobresalido. Muy orgullosa, me gustaba presentarme con vestidos y joyas exuberantes. Esta costumbre aumentó con los años. Los cortesanos debían rendirme pleitesía, debían saludarme inclinados, con reverencias. Cuando me mostraba en público era precedida por un gran séquito de caballeros que llevaban mis condecoraciones y órdenes mobiliarias, tras ellos iban los portadores de las insignias de mi poder: el cetro, la espada desenvainada y el gran sello real, al final yo cerraba el cortejo luciendo un bellísimo atuendo sobre el que portaba una magnífica capa, recubierta con perlas y piedras preciosas. La gente al verme exclamaba al unísono: iDios salve a la reina! Todo debía centrarse en mí. No me gustaba oír mencionar a mis padres ni hablar de sucesores. Para mí, sólo existió mi presente, que estaba constituido por mi poder, mi gobierno y mi nación. Mi reinado fue un florecimiento de la literatura inglesa, Edmund Spenser, Christopher Marlowe, Ben Johnson y William Shakespeare se destacaron gracias al resplandecimiento de mi gobierno.Pasé mis últimos años tristemente sola y enmascarándome, ocultando una vejez que detesto. Tengo 70 años, es 1603, estoy muriendo, le digo a Cecil mi asesor, en el oído, Jacobo, hijo de María Estuardo será mi sucesor.Elizabeth
Carta Isabel I de Inglaterra

 

23 de marzo de 1603 

Soy Isabel I de Inglaterra. También llamada Isabel Tudor, fui la última de la dinastía Tudor. Nací en el palacio de Placentia, el 7 de septiembre de 1533. Mis padres fueron Enrique VIII de Inglaterra y su segunda esposa, Ana Bolena. Casi a mis tres años de vida mi padre acusó a mi madre de adulterio y la hizo decapitar, (eso porque mi madre no trajo al mundo ningún hijo varón). No suficiente con eso, mi padre me declaró ilegítima, al igual que a mi media hermana María, 17 años mayor a mí, todo para que ninguna de las dos tuviésemos acceso al trono. 

Fui puesta al cuidado de Lady Margaret Bryan y después de Katherine Ashley, lejos de la corte de mi padre y de sus sucesivas esposas hasta mis 10 años. Después de eso la nueva reina, Catalina Parr convenció a mi padre para hacer las paces tanto conmigo, al igual que con mi hermana María. En consecuencia de esto, por medio del Acta de Sucesión de 1544, recobré mis derechos frente al trono. Mi hermano menor, Eduardo (hijo de Juana Seymour), sería el primero en la línea sucesoria, después mi hermana María (hija de Catalina de Aragón), y finalmente yo. Junto a María volvimos a Greenwitch. 

La muerte de mi padre, en 1547, dio paso para que mi hermano a sus 9 años, ascendiera al trono como Eduardo VI. Catalina Parr decidió casarse con Thomas Seymour, tío de Eduardo y Catalina decidió llevarme con ella, lugar donde recibí una excelente educación, aprendiendo muchos idiomas y mi formación como protestante. Thomas Seymour desarrolló un interés en mí, yo solo tenía 15 años; por las noches entraba en mi habitación me acariciaba y despertaba entre besos y risas, lo que provocó que yo me levantara antes para estar vestida cuando él llegara. 

Mi hermano murió a los 15 años. Poco antes de su fallecimiento en 1553, contradiciendo las órdenes que mi padre había dejado, Eduardo VI dejó como sucesora a Lady Jane Grey quien duró en el trono 9 días, debido a que la popularidad de María subió y el pueblo la recibió gloriosamente, siendo coronada el 19 de julio de 1553. Yo la acompañé. A pesar de haber llegado triunfante, María puso en riesgo la corona al decidir casarse con Felipe II de España, sabiendo que el pueblo no quería a Felipe, lo cual provocó en ella un miedo profundo a ser derrocada por una rebelión que me nombrara como la nueva reina. De hecho, la rebelión de Thomas Wyatt en 1554 intentó evitar la boda, María pensó que yo fui parte y me encerró en la torre de Londres. 

La comunicación con ella cada vez se tornaba más difícil. Ella católica y yo protestante. La religión nos separaba, igual que a pueblos enteros. María trató en varias ocasiones de retirarme mis derechos sucesorios, sus intentos fueron inútiles. En un falso rumor de que ella estaba embarazada y por temor a su muerte durante el parto, me trajeron de vuelta a la corte. Cuando la reina se dio cuenta de que no estaba embarazada trató de convertirme al catolicismo. En un momento dado hasta fingí que lo lograba, aunque en mi interior siempre fui fiel a mi religión. Mi hermana adquirió el sobre nombre de María la Sanguinaria. Durante su reinado de cinco años, más de 280 religiosos murieron quemados en la hoguera en las llamadas persecuciones marianas. 

El 6 de noviembre de 1558, María me reconoció como su heredera y el 17 del mismo mes, la reina falleció, dejándome como la nueva reina de Inglaterra. Recibí la noticia bajo un roble, a lo cual respondí: “Esta es obra del Señor y es maravilloso ante nuestros ojos”. El 15 de enero de 1559, a mis 25 años fui coronada y ungida por Owen Oglethorpe, obispo católico de Carlisle, en la abadía de Westminster. Fui recibida calurosamente con oraciones y espectáculos. Inglaterra todavía estaba en un estado de nerviosismo por la amenaza percibida de los católicos en el interior del país y en el extranjero, así como por la elección de con quién me casaría. 

Después de la muerte de María revertí el catolicismo impuesto por ella; mi reinado se basaría en el anglicanismo que lo declaré religión oficial. Comencé casi de inmediato la persecución de los católicos y los calvinistas, lo que provocó mi excomunión por obra del Papa Pío V. Tenía varios pretendientes, algunos conspiraban en mi contra, Inglaterra estaba frágil en ese tiempo, la inestabilidad económica causada en parte por la guerra que teníamos con Francia era algo que debíamos enfrentar cautelosamente. 

Hubo la posibilidad de un enlace emocional con mi cuñado, Felipe II de España, lo cual hubiera fortalecido a ambos países. Tenía demasiada presión del Parlamento para que me case y supuestamente pueda gobernar con un hombre a mi lado y con descendencia. 

Fue entonces cuando declaré que mi firme propósito sería de permanecer soltera, yo estaba casada con mi pueblo, por tal motivo fui llamada la Reina Virgen. 

Lo cierto es que había demasiado interés en acceder al trono más que a mí. Thomas Seymour encabezó un complot para casarse conmigo y acceder al trono, pero fue descubierto y decapitado junto con sus cómplices más cercanos. Cuando Thomas murió puse muy en claro mi decisión. “Hoy ha muerto un hombre de mucho ánimo y muy poco juicio”. También, desmentí los rumores que circulaban haciendo sentir lo altamente perjudiciales que eran para mi honor. 

Entre mis pretendientes tenía mis “favoritos” como Robert Dudley, primer conde de Leicester, sir Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex. Dudley era apuesto, amante del arte, duelista y valiente. Me divertía con él. Me daban celos cuando lo veía con otras mujeres, y además descubrí que estaba casado. Enviudó, pero mantuve mi decisión de soltería. Traté de que contrajera matrimonio con mi prima María Estuardo, en ese entonces reina de Escocia, lo cual posiblemente hubiese cambiado su destino, sin embargo, ella lo rechazó, entonces le hice conde de Leicester. Siempre fue especial para mí, después de su muerte guardé en un cofre su última carta. Walter Raleigh, a quien otorgué el título de Sir, a menudo me escribía poesías, cuando se percató que dejé de mostrar interés se casó con mi amiga , llamada también Isabel. Lo castigué haciéndolo pasar la noche de bodas encerrado en la Torre de Londres 

Tiempo después conocí a Robert Devereux, conde de Essex, 20 años menor que yo. Era muy atractivo, le encantaba bailar, gran cazador, era hijastro de Robert Dudley. No logré mantenerlo cerca como yo quería, siempre fue arrogante y orgulloso. Cuando le quité algunos favoritismos como ser el caballerizo mayor arrancó en iras diciendo públicamente: “Su Majestad es ahora una vieja tan cochambrosa y retorcida de espíritu como de cuerpo”. Fue una puñalada que no pude soportar y, en consecuencia, provoqué la ruina del que sería el último de mis amores. Descubrí que encabezó un golpe de Estado para ponerse a la cabeza del Consejo Real. 

Fue a tiempo denunciado el complot y Essex fue declarado traidor, el tribunal que lo juzgaba lo condenó a la pena establecida para tal caso: horca seguida de castración, destripamiento y descuartizamiento. Moderé la pena, contentándome con que lo decapitaran. 

Durante mi reinado, supe rodearme de buenos consejeros y colaboradores. Así fuese yo quien tomaba las decisiones, siempre me apoyaba en mis ministros. Pacté la paz con Francia; se inició el desarrollo industrial y económico inglés; prosperó el comercio nacional; restablecí la confianza en la moneda del país; se inauguró la Bolsa Real de Londres y la Cámara de Comercio. Todo ello otorgó prosperidad sobre todo a la nobleza y a la alta burguesía. 

Uno de mis grandes problemas fue mi prima católica, María Estuardo. La habían destronado de Escocia y buscó refugio en Inglaterra, no la recibí, es más la hice encarcelar en la Torre de Londres. Ella representaba una gran amenaza para mí, ya que los católicos la consideraban la verdadera reina de Inglaterra. La tuve recluida durante dieciocho años en diferentes castillos y prisiones. A cabo de un tiempo, descubrí un complot para asesinarme y suplantarme por María Estuardo, entonces, en 1587 la hice decapitar. Esto enfureció a Felipe II quien trató de invadirnos. Lo derrotamos e Inglaterra se convirtió en potencia marítima. Yo había ayudado mucho a los piratas quienes fueron nuestros aliados. 

He gobernado 45 años mi reino ha sobresalido. Muy orgullosa, me gustaba presentarme con vestidos y joyas exuberantes. Esta costumbre aumentó con los años. Los cortesanos debían rendirme pleitesía, debían saludarme inclinados, con reverencias. Cuando me mostraba en público era precedida por un gran séquito de caballeros que llevaban mis condecoraciones y órdenes mobiliarias, tras ellos iban los portadores de las insignias de mi poder: el cetro, la espada desenvainada y el gran sello real, al final yo cerraba el cortejo luciendo un bellísimo atuendo sobre el que portaba una magnífica capa, recubierta con perlas y piedras preciosas. La gente al verme exclamaba al unísono: iDios salve a la reina!  

Todo debía centrarse en mí. No me gustaba oír mencionar a mis padres ni hablar de sucesores. Para mí, sólo existió mi presente, que estaba constituido por mi poder, mi gobierno y mi nación. Mi reinado fue un florecimiento de la literatura inglesa, Edmund Spenser, Christopher Marlowe, Ben Johnson y William Shakespeare se destacaron gracias al resplandecimiento de mi gobierno. 

Pasé mis últimos años tristemente sola y enmascarándome, ocultando una vejez que detesto. Tengo 70 años, es 1603, estoy muriendo, le digo a Cecil mi asesor, en el oído, Jacobo, hijo de María Estuardo será mi sucesor. 

Elizabeth