Fine Art Galleries: Your Majesty The Queen: Carta Boudica
6 de Julio del 60
Mi nombre es Boudica, soy reina de los icenos. Somos una tribu britana. Soy una guerrera y así será mi pueblo.
Nací en el a o 30 (d.C.) en una familia icena. A los 18 a os me casé con Prasutagus. Él fue el rey de nuestra tribu, y el padre de nuestras dos hijas.
Desde que recuerdo, nuestros pueblos han sido dominados por los romanos. Su líder actual, Nerón tiene intenciones de subyugarnos eternamente. Para todos los pueblos sometidos la situación era sumamente complicada, la estructura que había establecido Roma para regir era; que los britanos rindieran cuentas políticas y económicas ante dos procuradores imperiales. Esto representaba unas buenas monedas a lo largo de los meses. Todo se ponía peor cuando los centuriones tomaban medidas extremas con quienes retrasaban su pago o se negaban a realizarlo.
Mi esposo siempre supo prever y a lo largo de su vida atesoró una gran fortuna.
Prasutagus sentía una preocupación que era el no haber tenido hijos varones, ya que, si él muriese, sus sucesora sería yo o una de mis hijas, y eso no era aceptado, peor por los romanos.
En el a o 43, cuando todavía estaba Claudio al poder, mi esposo pronosticando lo que un futuro podía suceder con Roma, se alió, ofreciendo ayuda a las tropas del emperador en la conquista de Britania, esta decisión nos permitió una especie de libertad de movimiento disfrutando de un período de paz en nuestra historia.
Con el fin de garantizar nuestra seguridad familiar y de nuestro pueblo se pactó con los romanos una futura alianza entre nuestras hijas y el imperio. Al morir legó la mitad de nuestras posesiones a los romanos y la otra a nuestras hijas, esperando que con el sacrificio de una parte de nuestro reino se pudiera asegurar el reposo de nuestra familia. No tenía idea de lo que acababa de hacer. ¡Se nos venía el infierno!
En el a o 60 (d.c.) mi esposo Prasutagus murió y nada de lo pactado se respetó. Sufrí su partida, al mismo tiempo todo lo que se aproximaba no me dio tregua para sentir su ausencia.
Roma de ninguna manera aceptó que el poder se encuentre a cargo de una mujer, el solo hecho de que yo fuese la nueva reina hizo que vengan a reclamar sus bienes y a someternos como cualquier otro pueblo. Mucha de nuestra gente fue esclavizada, sus tierras y posesiones les fueron confiscadas.
Me opuse y resistí, pero me obligaron a pagar, me humillaron públicamente, desnudándome frente a mi pueblo, me azotaron para demostrar su poder, y lo peor, ¡violaron a mis hijas, obligándome a mirar! Los centuriones repugnantes se turnaban introduciendo sus horribles miembros en mis ni as. Recuerdo sus gritos, los míos y revivo ese momento una y otra vez. Recuerdo las caras de esos criminales y mis hijas pidiendo clemencia.
Vengaré a mí pueblo, esto no se va a quedar así. ¡Todos temerán a Boudica!
Reuní a mi gente, pedí a los pueblos cercanos que se me unan, incluyendo los trinovantes. ¡La guerra comenzaba!
Mi gran estatura, mi voz áspera, mi mirada fija, mi cabello rojo hasta la cintura, mi lanza, mi escudo y finalmente la pintura de guerrera sobre la cara, me iban transformando en una bestia lista para matar. ¡No habían límites! ¡Yo era la cabeza de mi ejército! Reuní alrededor de 200.000 soldados, no contábamos con grandes armaduras como los romanos. Algunos no habían combatido nunca, pero nada de eso importaba. Esto se trataba de algo visceral, de reclamar nuestros derechos y lo que nos fue arrebatado, es decir, se trataba de defender nuestras vidas y decir BASTA.
Partimos hacia Camulodunum. Fue una masacre. Nada iba a pararnos. Íbamos tan ávidos de sangre, llenos de ira, no había soldado que se salvara, los atravesábamos con cuchillos. No prestamos atención a todos los refuerzos enviados, la consigna siguió siendo; nadie se salva. Después prendimos fuego a la ciudad, como lo habían hecho con nosotros. Torturamos y asesinamos a todo prisionero romano, crucificándolos y torturándolos con fuego, empalados con pinchos ardientes.
Continuábamos camino a Londinium con la misma fuerza indomable. Allá fueron más precavidos y muchos abandonaron la ciudad, dejándola a su suerte.
¡Cobardes!
Sin defensa alguna matamos a quienes se habían quedado. Murieron como 70.000 ciudadanos y todo esto nos daba fuerza para combatir directamente con las legiones romanas. Semanas después recibimos la invitación a re enfrentarnos, ellos escogerían el lugar.
Nosotros éramos más, pero ellos se encontraban mejor organizados y protegidos con cascos, armaduras y escudos. Nosotros íbamos casi desnudos con una lanza, un cuchillo y un escudo que no resistía a las lanzas romanas. El destino parecía estar claro, aquel día nos vencieron. No podré vivir con esta derrota, si acaso, una de estas malditas lanzas no acaba conmigo, lo haré yo misma.
¡No me esclavizarán!
Boudica
Images © 1992-2019 Lorena Cordero. Site design © 2010-2025 Neon Sky Creative Media